Y después del agravio del IFE y del TEPJF, ¿qué sigue?

Jorge Gómez Naredo.- Se esperaba la resolución en el sentido que fue, pero no de la forma en que se dio. Los magistrados del Tribunal

Para los siete magistrados del TEPJF no hubo irregularidades, no hubo chanchullo, no hubo mácula. Todo fue legal, legítimo: perfecto. Foto Arturo Campos Cedillo

Jorge Gómez Naredo.- Se esperaba la resolución en el sentido que fue, pero no de la forma en que se dio. Los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se pusieron muy de acuerdo, muy de unanimidad, para “argumentar” (es un decir) que las pasadas elecciones fueron no limpias, sino limpísimas. Impecables. Ejemplares. Dignas de admiración. Envidia de las democracias más viejas y más consolidadas del orbe.

Para los siete magistrados del TEPJF no hubo irregularidades, no hubo chanchullo, no hubo mácula. Todo fue legal, legítimo: perfecto. Nada de compra de votos. Nada de rebase de topes de gastos de campaña, nada de corrupción. Nada de nada. Para estos personajes que hoy son repudiados por cientos de miles de personas en buena parte de la geografía nacional, Enrique Peña Nieto y el PRI no incurrieron en ningún delito. En ninguna falta. En ninguna irregularidad.
La sentencia y los alegatos vertidos por los magistrados del TEPJF el jueves y el viernes pasados, sin duda, significaron una afrenta para la inteligencia de los mexicanos. Una chanza de mal gusto. Una burla. Un improperio.
Basta echarle un vistazo al texto (que se compone de 1346 cuartillas) del juicio de informidad (al que se le asignó la clave SUP-JIN-359/2012) presentado por la coalición Movimiento Progresista –PRD-MC-PT– para darse cuenta de los flojos y manipulados “argumentos” (es un decir) de los magistrados.
Una muestra. Dice la sentencia citada: “Los hechos aducidos por la actora [coalición Movimiento Progresista] no se consideran irregularidades graves, toda vez que derivado de las quejas relacionadas con este tema no quedó acreditado el rebase al tope de gastos de la campaña presidencial, además, se aportaron pruebas insuficientes para evidenciar plenamente la supuesta aportación ilícita de empresas mercantiles a la coalición Compromiso por México, por consiguiente, como los hechos no están demostrados, no resulta procedente examinar el grado de afectación o su pretendido carácter determinante para la validez de la elección, por la violación al principio de equidad en la competencia electoral entre los partidos políticos, coaliciones y candidatos”
Es decir, como los quejosos no demuestran que hubo irregularidades, a los magistrados les importó un comino investigar, profundizar en el tema u ordenar que otros investigaran para tener certeza sobre lo que realmente sucedió en el proceso electoral. Sin duda, indignante la argumentación.
Para los magistrados de nada valieron las miles y miles de tarjetas Soriana para comprar votos, las tarjetas Monex para la misma función. Nada valió: ni las evidencias ni los miles de vídeos de la gente en las tiendas Sorianas todas llenas de pánico porque se corría el rumor que el PRI iba a desactivar sus tarjetas que les habían dado por votar por Peña Nieto.
Los magistrados reiteraron una y otra vez que dizque las pruebas no eran suficientes, que dizque los quejosos no demostraron nada de manera clara. ¿Y acaso el tribunal no tenía la capacidad de investigar más? Se trataba de la democracia en el país, no de un juicio civil cualquiera.
Los magistrados no vieron irregularidades, sino una elección limpia, ejemplar, perfecta. Y así lo dijeron cuando, el viernes pasado, en la declaración de Peña Nieto como presidente electo, escribieron: “En efecto, de todo lo antes expuesto, se puede concluir que en el procedimiento electoral federal 2011-2012 prevalecieron los principios y valores constitucionales en materia electoral, como son los derechos fundamentales a votar y ser votado; el de acceso de los ciudadanos, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas del país; el de elecciones libres, auténticas y periódicas; de sufragio universal, libre, secreto y directo; de maximización de la libertad de expresión, y del derecho a la información en el debate público que precede a las elecciones”.
Nada valió para los magistrados. Y esto, sin duda, es anormal. Más que magistrados, parecían, cuando daban sus “argumentos” (es un decir), dirigentes del PRI. Qué triste. Una pena la gente que hoy domina las instituciones que deberían ser las cuidadoras de la “democracia” (es un decir) mexicana.
Ahora, después de este agravio, después de esta burla por parte de los integrantes del IFE y del TEPJF, ¿qué sigue? ¿Cuáles son las acciones que se pueden tomar? ¿Es tiempo de aceptar los “resultados” y callar? ¿Es tiempo de prepararnos para vivir, de nuevo, el régimen priísta que tanto dañó al país?
Andrés Manuel López Obrador convocó a una reunión el próximo domingo. La cuestión es que, los seguidores de AMLO no son todos los que están en contra de la imposición de Enrique Peña Nieto. Hay gente que no coincide con el tabasqueño, y que, sin embargo, repudia la farsa que los que se sienten dueños del país presentaron como “elección” libre y equitativa.
¿Contendrá AMLO los enojos y las iras de esos que no coinciden con él pero que están llenos de coraje con la tomadura de pelo que fue el pasado proceso electoral? ¿Qué sigue? No hay respuestas. Y sí, en cambio, hay indignación. Mucha indignación.
Pero también hay Televisa y TV Azteca, y un sistema educativo que no ha creado ciudadanos críticos, y hay una tendencia en muchos estratos sociales a la resignación, y también existen cientos de “periodistas” que a diario en prensa escrita y radiofónica repiten hasta le hartazgo que todo va bien, que pronto vamos al paraíso terrenal: que somos una democracia verdadera.
Y si esto no funciona para apaciguar los ánimos, también está el tolete, tan querido por los del viejo (y del nuevo) PRI.

jorge_naredo@yahoo.com
@jgnaredo

La Jornada