Canibalismo blanquiazul En el PAN Jalisco pocos se tragan aquello de borrón y cuenta nueva. Pocos ven también como una salida la propuesta de

¿Cuándo se había visto que en una campaña los encargados de las diversas áreas cobraran un sueldo? Bueno, pues en la de Fernando Guzmán se rompió el molde. Foto Arturo Campos Cedillo
Canibalismo blanquiazul
En el PAN Jalisco pocos se tragan aquello de borrón y cuenta nueva. Pocos ven también como una salida la propuesta de “refundar” el partido a partir de cambios estatutarios sin que los culpables de la estrepitosa derrota del pasado 1 de julio paguen sus culpas y deslealtades.
Traidores hubo y tienen nombre y apellido. Pero no vaya el lector a pensar que el asunto de las traiciones queda entre Herbert Taylor y Diego Monraz. No, para nada. Hasta esta redacción llegan noticias de que dentro del equipo de Fernando Guzmán hubo quienes trabajaron para “administrar” su propia derrota, haciendo chanchullos hasta con la misma lana que llegaba para los gastos de la campaña.
Algunos de estos personajes, además, prestaron sus servicios a la campaña sólo después de asegurarse un sueldo similar al que tenían en la estructura de la Secretaría de Gobierno, de donde venían.
¿Cuándo se había visto que en una campaña los encargados de las diversas áreas cobraran un sueldo? Bueno, pues en la de Fernando Guzmán se rompió el molde.
Se hacía grandote… se hacía chiquito
Cuentan los enterados la siguiente anécdota: una vez llegó un paquete con dinero fresco para sufragar los compromisos –siempre muchos y variados— propios de la contienda por la gubernatura. “Era un paquete grande” que alguien recogió y lo llevó a una oficina para su resguardo.
Horas después ese paquete grande se había hecho chiquito… y así, chiquito, muy chiquito, llegó a la coordinación de finanzas de la campaña. ¿Dónde quedó el dinero? ¿quién se lo quedó? No son misterios sin resolver para los panistas.
Fernando Guzmán y su coordinador de campaña Héctor Álvarez tienen los nombres de los responsables del desfalco. O al menos eso se cree. Porque si no, el leal coordinador deberá seguir costeando con sus propios recursos –como dicen que está ocurriendo—algunos de los compromisos contraídos y con los que no puede quedar mal ni a deber.
Sálvese el que pueda
Además de aquellas heridas, se avecina otro encontronazo. Pues los guzmanistas hartos están de que le quieran achacar a su ex candidato toda la carga de la derrota electoral. Hasta el tuétano los tiene eso de que la mala imagen del ex titular de Gobierno haya sido la causa principal de la caída.
La derrota, alegan, se empezó a gestar desde años atrás, cuando Emilio González Márquez, Herbert Taylor, Alonso Ulloa, Francisco Ramírez Acuña, Eduardo Rosales y Jorge Salinas dieron al traste con las formas y rompieron la institucionalidad partidista.
Hay cuentas pendientes, dicen. Y todas se tienen que cobrar. Al tiempo.
¡Ah! ¡Qué triunfos de la izquierda!
En Puerto Vallarta da la nota el alcalde electo por el partido Movimiento Ciudadano, Ramón Demetrio Martínez, quien decidió contratar al ex gobernador interino, el panista Gerardo Octavio Solís Gómez, para que le proporcione asesoría jurídica en las ramas civil, administrativa y penal.
Procurador de Justicia en el gobierno de Alberto Cárdenas y secretario de Gobierno con Ramírez Acuña, Solís Gómez se entrevistó ayer con el alcalde en funciones, el priísta Salvador González, para entrarle de lleno al proceso de entrega-recepción de la administración municipal.
Por lo pronto, y a reserva del puesto que le tenga asegurado el famoso Mochilas (la más cacareada de las adquisiciones en la pepena alfarista), Solís Gómez ha dicho que su despacho cobrará bien por sus servicios de asesoría y consultoría.
No dijo el monto… pero ya usted, lector, se podrá imaginar.
plazajornada@gmail.com