Daniel Márquez Melgoza.- Han pasado 44 años: ¿dónde estamos? Entre México 68 y Londres 2012 hay en medio 44 años y 10 ciudades olímpicas
Daniel Márquez Melgoza.-
Han pasado 44 años: ¿dónde estamos? Entre México 68 y Londres 2012 hay en medio 44 años y 10 ciudades olímpicas distintas. Mucho tiempo y mucho camino: Munich (1972), Montreal (1976), Moscú (1980), Los Ángeles (1984), Seúl (1988), Barcelona (1992), Atlanta (1996), Sidney (2000), Atenas (2004), Pekín (2008). Grandes ciudades de países que han alcanzado importantes desarrollos, en lo material y en lo político. México en cambio apenas se ha movido, país de menos a cada vez más desigualdad social, como pocos en el mundo, que en desarrollo político se mantiene casi en el mismo punto: sin democracia verdadera, en plena simulación de democracia electoral.
Hace 44 años en vísperas de los juegos olímpicos, el sistema político mexicano dio una demostración de su nivel máximo de autoritarismo político: la represión sangrienta del movimiento estudiantil durante la conocida Noche de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. Cuarenta y cuatro años después ese mismo partido autoritario, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), mediante escandaloso operativo de compra y coacción del voto, que posiblemente haya incluido para ello en lavado de dinero en sumas multimillonarias, intenta recuperar el poder presidencial que perdió el año 2000, a tiempo que masas estudiantiles (#YoSoy132) recorren las principales ciudades del país para oponerse al regreso de ese partido autoritario y corruptor, que muchos dábamos por muerto y enterrado, fantasma del pasado.
Cuando el lector esté leyendo este texto se estará llevando a cabo la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. De mi parte estaré recordando que 44 años atrás le había dado la espalda a los juegos olímpicos para refugiarme con varios compañeros en una lejana ciudad del norte del país para olvidar el agravio de la Noche de Tlatelolco; ni inauguración, ni desarrollo, ni clausura de la Olimpiada nos habían quitado el sueño; para nosotros la Olimpiada pasó de noche, como si no se hubiera realizado.
Si el movimiento estudiantil y su represión precedieron a los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México, es de desear que los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no vayan a terminar precediendo en México a la represión del movimiento estudiantil que hoy se niega a aceptar el regreso del sistema político represor y corrupto de hace 44 años. La biografía política de Peña Nieto tiene asomos a esa mano dura y violenta que hizo su aparición en Atenco, de la cual parece no estar arrepentido sino todo lo contrario.
Qué más quisieran el priismo cupular y los poderes fácticos que los Juegos Olímpicos de Londres sirvieran para desmovilizar a los jóvenes que marchan hoy con las banderas desplegadas de #YoSoy132 contra el fraude electoral, la pretendida imposición de Enrique Peña Nieto, como producto publicitario de Televisa, y contra ésta por su poder de manipulación. Aspiran a que un fallo anticipado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) sobre la elección presidencial, sorprenda a los jóvenes desmovilizados frente a los monitores de televisión por cuenta de los juegos olímpicos.
A eso aspiran las palabras del magistrado Pedro Penagos, del TEPJF, cuando aseveró que las marchas y manifestaciones populares no influirán en la resolución de los juicios de inconformidad contra la elección presidencial (La Jornada, 24/07/2012). Para ellos las marchas no cuentan, dijo. Como en el caso de las encuestas, que ponían a Enrique Peña Nieto con 20.1 puntos de ventaja sobre AMLO, con la pretensión de crear la percepción social de inalcanzable, los magistrados electorales quieren ahora hacer ver como inútiles las marchas contra Peña Nieto y su partido, en espera de que los jóvenes se la crean y desistan de salir a las calles. Sin embargo, en la sociedad hay grupos que se saben el juego de la clase política y hacen precisamente lo contrario, porque, en efecto, las movilizaciones sociales sí pesan sobre el ánimo de los gobernantes y autoridades, aunque lo nieguen; acciones ciudadanas que no están respaldadas por movimientos sociales, por lo general son desestimadas.
Conocido ese juego, John M. Ackerman evidencia: “La única manera de garantizar que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tome en serio los alegatos y las pruebas presentadas por el Movimiento Progresista en contra de la validez de la elección presidencial sería por medio de una vigorosa y pacífica presión social…” En otro párrafo asegura: “El TEPJF podría desechar la elección en su totalidad por la existencia de violaciones generalizadas a los principios constitucionales de legalidad, equidad, libertad del sufragio y autenticidad, entre otros. Pero los magistrados electorales ni siquiera considerarán esta opción si la sociedad no genera un contexto de exigencia suficientemente fuerte…” (“Magistrados en la mira”, Proceso no. 1863, 15/07/2012).
Ah, pero que algún miembro de los poderes fácticos de la élite económica no les haga una llamada telefónica para “saludar”, porque aunque no diga más el interlocutor, el que sea, ya de antemano los magistrados estarán dando por recibido el mensaje: “nada de invalidar la elección presidencial”; así de poderosos son los poderes fácticos en nuestro país, por eso nuestra democracia electoral es una falacia en cuanto se trata de competir por la presidencia de la República; o al menos cuando el candidato es un político que aspira a gobernar con independencia y autonomía, sin el contrapeso de los privilegiados poderes fácticos que impiden la acción política en favor de las mejores causas para el desarrollo del país y de sus habitantes, en todos los órdenes.
Ante el riesgo de regresión de lo andado en democracia, por la irrupción del viejo PRI con la anuencia de los poderes fácticos, lo que le queda al electorado libre y pensante es constituir un nuevo poder fáctico, con la etiqueta de sociedad civil organizada, amplio y fuerte, temido por el sistema político bipartidista y por los conocidos poderes fácticos que tanto daño han hecho al país y a sus ciudadanos en sus esfuerzos por construir una democracia verdadera, en la que las instituciones electorales estén del lado de la sociedad a que en teoría representan.
Ese poder fáctico de la sociedad se construye en las calles, de manera crecientemente organizada. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy; en primer lugar porque el mañana no nos pertenece, es de nuestros hijos, nietos y demás descendencia, y no creo que alguien se pueda sentir orgulloso de heredarles un PRI de nuevo instalado en Los Pinos. Si hay que movilizarnos, la tarea es para hoy.