‘El jitomate que soñó ser salsa’, literatura para niños

Ricardo Solís.- El pasado viernes 6 de julio se presentó en la ciudad la más reciente publicación del escritor Isidro Delgado, El jitomate que soñó

René Martínez, diseñ–ador e ilustrador, con Isidro Delgado, escritor y editor del libro 'El jitomate que quiso ser salsa'. Foto Arturo Campos Cedillo.

Ricardo Solís.- El pasado viernes 6 de julio se presentó en la ciudad la más reciente publicación del escritor Isidro Delgado, El jitomate que soñó ser salsa (Ediciones Memoria de laVoz, 2012), un libro en el que el autor trabajó al lado del ilustrador y diseñador René Martínez Gutiérrez para dar como resultado un volumen con el que este sello editorial de Jalisco incursiona en el ámbito de la literatura para niños y jóvenes.

De acuerdo con Delgado, aunque se le tenía “ubicado” en otro ámbito de la “cultura literaria” –en labores relacionadas con la edición o la promoción– y no precisamente en lo que se designa como “literatura para niños y jóvenes”; aclara, participó en el programa de Salas de Lectura desde sus inicios en Jalisco y, además, su experiencia como docente comenzó precisamente con los niños y “se me quedó el gusto por contar; El jitomate… nace de mi necesidad por relatar a los niños y chavos, convivir con ellos y acercarles textos literarios”.

Fue su esposa quien, hace unos años, al impartir un taller de literatura, le solicitó un texto y, con los pormenores en mente, “me puse a escribir”, establece el autor, “en ese momento me llegó la idea de un jitomate, uno que sueña; la trama es convencional y refiere a la necesidad de soñar y ver cumplido ese sueño en la realidad”.

En este proceso, “una cosa lleva a la otra, y me estuvieron presionando con el texto, que se leyó tanto en Salas de Lectura como en el Departamento de Letras de la UdeG, con una respuesta que me sorprendió. Así, me alentaron y, aunque no me lo creía, después, con apoyo de la editora –Lourdes González– nos interesamos en sacar adelante la publicación y abrir un espacio para la literatura infantil y juvenil en la editorial”.

La edición significó –asegura el autor– “el mayor reto”; desde el inicio del proceso “buscamos quién iba a ilustrarlo. Hay, de hecho, mucha gente aquí trabajando en ilustración y hay bastantes que, a nivel Latinoamérica, ya tiene sus espacios ganados en algunas editoriales. Así, buscamos aquí y allá. Entramos en contacto con El Ilustradero, incluso, pero no se dio la colaboración. Todo lo que teníamos era el texto y las ganas de llevarlo a la realidad como libro”.

Aquí entra en escena René Martínez, diseñador, con quien Delgado colabora en Memoria de la Voz; tras de un “intento fallido”, establece el autor, “lo animamos para encarar el proyecto y estuvimos trabajando codo con codo, regaño tras regaño”.

De esta forma, Martínez apoya la versión, y señala que, al principio, tuvo “un poco de miedo; no había hecho nada a nivel profesional en esta área. Había trabajado en diseño para libros pero ilustrar una publicación me parecía mucha responsabilidad. Ahora, Isidro es una persona muy perfeccionista y meticulosa, y sabía que trabajaríamos duro. Tras estudiar varios proyectos, en un segundo ofrecimiento, aceptaron mi propuesta y de ahí en adelante todo fue más sencillo”.

En adelante, comenzó la coloración de los dibujos –utilizando la técnica Prismacolor– y, refiere, el diseñador, mucha de la motivación para su trabajo vino de su hijo, quien confirmaba con su opinión que su labor iba por buen camino; cuando finalmente concluyó el proceso, no evitó el artista sentirse emocionado pues “era mi primer trabajo a nivel profesional y, por otra parte, las críticas que he escuchado han sido buenas”.

Con todo, el trabajo significó “crear un concepto” para el diseño editorial, no sólo dibujar, algo que –comenta Martínez– “me pareció más sencillo, porque se trata de una actividad que estoy acostumbrado a hacer. Además, se trata del producto de ideas conjuntas; me sugirieron colores y detalles. Fue una labor colectiva, una mezcla o trabajo de equipo muy bueno. Yo quedo muy satisfecho, mi primera incursión en la ilustración ha dado como resultado, creo, un producto muy bueno”.

Por lo que toca a la edición en concreto, afirma Delgado que para Memoria de la Voz significó “un esfuerzo de la casa”, puesto que la inversión completa corresponde en exclusiva a la editorial; “nos lanzamos, quizá pudimos solicitar apoyos pero preferimos asumir la producción completa, un trabajo coordinado por Lourdes González”.

Por ello, enfatiza el autor, este libro significa también “una apuesta” porque queda aún la labor de distribución del material, “sabemos que es el trabajo más complejo cuando se enfrenta la edición a nivel profesional; este libro nació con las ganas de difundirlo y de llevar a buen puerto este tipo de productos. Actualmente estamos viendo dónde ‘acomodamos’ los ejemplares; no hay problema con las librerías que comúnmente nos apoyan, pero debemos buscar más espacios para El jitomate… porque en los establecimientos comunes no es fácil acercarse a este tipo de público”.

En agenda, destaca Delgado, se tiene como propósito buscar o contactar los espacios infantiles de las librerías más conocidas, para “cubrir los espacios obligados”; por otra parte se cuenta ya con la invitación por parte de la Librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica (FCE) para que, dentro de sus festejos de aniversario que se llevarán a cabo durante el próximo mes de agosto, se presente este libro (aunque no hay fecha precisa aún).

El jitomate que soñó ser salsa, de Isidro Delgado, significa el primer título de la editorial dentro de su naciente colección Voz Pequeña; se tiene asimismo el objetivo de realizar otros proyectos con la mira –sostiene René Martínez– de “mejorar lo hecho hasta hoy, tanto en diseño como en ilustración”.

La Jornada