Ricardo Solís.- Para dar cierre a las actividades de la Cátedra Moncayo, que impulsa la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ) y que, en esta
Ricardo Solís.- Para dar cierre a las actividades de la Cátedra Moncayo, que impulsa la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ) y que, en esta ocasión, coinciden con las celebraciones por el centenario de nacimiento del renombrado músico y compositor jalisciense que le da nombre, la tarde de ayer en la Sala Higinio Ruvalcaba del Ex Convento del Carmen se celebró una mesa redonda con la participación de Ricardo Miranda, Armando Torres Chibrás, Aurelio Tello y Eduardo Contreras Soto, en la que no solamente se habló del reconocido creador de Huapango sino que, además, sirvió como evaluación para esta segunda edición de la cátedra, en la que se incluyeron conferencias y conciertos.
La mesa de discusión comenzó con una pregunta que –formulada por Tello– remitió a las “tareas pendientes” por parte de la sociedad mexicana, el Estado y sus instituciones de cultura, respecto de qué hacer “para que Moncayo siga vivo en la memoria” de quienes habitan el país; Miranda destacó el “momento hasta cierto punto peligroso” que se vive tras de que pase esta celebración nacional por su centenario pues se corre el riesgo de “esperar hasta la siguiente efeméride” para recordar al músico jalisciense, de quien nada se enseña en las escuelas pero cuya música “debe ser recordada” para no condenarla “al olvido y el silencio”.
Los cuatro conferencistas que tomaron parte en la cátedra de este año coincidieron en que ésta ha dado oportunidad para “explorar la vida y obra” del compositor, pero no debe dejarse de lado que falta aún investigar acerca de “su labor como percusionista, pianista, jazzista o director de orquesta”, así como promover el estudio académico de su obra para –establecieron Tello y Torres Chibrás– “entender quién era desde dentro de su música, su sentido de la forma y la tensión; discernir la esencia de Moncayo”.
Con todo, como aclaró Contreras Soto, si ya resulta una lástima haber esperado este centenario para que se hable –y se toque la obra– del jalisciense en todo el país, “lo primero es que suene”; además, ante la “obligación de revisar lo heredado”, recordó que por más de 60 años, en torno a Moncayo “se han repetido comentarios incorrectos” y, por otra parte, incluso los periodistas han atendido y reproducido “la información de Wikipedia, que es incorrecta”.
Entre los innumerables faltantes, se encuentra –sostuvo Tello– el hacer “un estudio cultural” que sirva para ubicar al compositor de Huapango en su época y aspirar a conocer “dónde se inserta esta figura” de radical importancia dentro de “una generación que otorga un canon a la música mexicana”, lo mismo que “saber por qué” son trascendentes sus obras y “cómo se insertan estos nombres en la cultura mexicana”.
Para Miranda, el problema fundamental es educativo y, además, hizo hincapié en el papel colectivo de esta “tarea de todos” en pro del “rescate y preservación” de una obra que es parte del patrimonio nacional; de igual modo, comentó que no alcanza a comprender cómo es que la Orquesta Filarmónica de Jalisco no programó las piezas completas de Moncayo, o que no se hayan promovido concursos, porque “las maneras de recuperar el patrimonio musical son múltiples”.
Finalmente, desde el público, se hizo sentir el reclamo por el “déficit de la enseñanza musical” en la entidad, donde los profesores –especialmente en el nivel universitario– muestran “incultura y carencias” notables; ante este panorama, el consejo de los musicólogos fue trabajar conjuntamente desde la sociedad civil para que esto contribuya a la apertura de cauces “y orientar las políticas públicas” en la materia.