Jorge Gómez Naredo.- A veces no entiendo: parecería que vivimos en un país de ensueño, donde la corrupción no existe, donde todos se guían
Jorge Gómez Naredo.- A veces no entiendo: parecería que vivimos en un país de ensueño, donde la corrupción no existe, donde todos se guían por la ética y la no mentira, donde la sospecha no tiene cabida, donde las instituciones políticas son de lo más transparentes y no hay funcionarios públicos que actúan con dolo, cinismo y ganas de hacerle daño al contrario. Sí, parecería que estamos en el paraíso, o en algo muy próximo a él.
Si uno critica las últimas encuestas por estar alejadas de la realidad, de lo que uno mira en la calle y lee en las redes sociales y escucha en las colonias de todo el territorio nacional, vienen los encuestadores y los promotores de esas encuestas y le dicen a uno que cómo es posible que se dude de los datos, que ellos son muy científicos y no hay ningún tipo de motivo para cuestionar, que las encuestas, aunque pueden fallar, siempre dicen la verdad.
Si uno alza la voz y menciona que es inadmisible que en México la televisión haga candidatos y presidentes, vienen los dueños de esas televisoras y dicen que claro que no, que ellos son democráticos, que no juegan con nadie, que su única función es mostrar lo que realmente es y que jamás han manipulado nada, que sus presentadores de noticias son de lo más pulcros, profesionales y buena gente que hay en este país. Sí, cuestionar el duopolio televisivo, y la bazofia que a diario ofrecen a sus televidentes, es un acto que siempre es criticado desde esos mismos medios de comunicación. Para ellos, la televisión que hacen es de lo mejor del mundo…
Si uno se enfurece con la compra de votos, y el millonario dispendio que hacen los partidos políticos (en esta elección el partido que duró en la presidencia de la república poco más de 70 años ha dilapidado miles y miles de millones de pesos), vienen los representantes de esos partidos políticos y mencionan que no es cierto, que no hay compra de votos, que jamás han acarreado a nadie a un mitin o a una charla o una comida. Que ellos hacen democracia y que todas sus acciones entran en lo que la ley permite. Que ellos no son corruptos ni reciben dinero de nadie y que todos los gastos son transparentes. Que habría que aplaudirles y prenderles incienso…
Si uno osa dudar de los mecanismos electorales en el país, y menciona que las instituciones encargadas de organizar y vigilar las elecciones han actuado con mucha parsimonia, que no han detenido la compra de votos, que no han hecho nada por desmantelar la maquinaria de mapacherías que un partido (el que postula al más copetudo de los candidatos), que hay boletas repetidas y que se avecina suciedad en el proceso electoral, vienen esos señores que están al frente de las instituciones electorales y dicen que cómo es posible, que eso que se dice de las instituciones que encabezan jamás ha sucedido, que ellos han hecho el mejor trabajo posible y que es prácticamente imposible hacer trampa este 1 de julio de 2012.
Si uno menciona la palabra “fraude”, y alguien de los presentadores de noticias o de los jefes de las instituciones electorales o de los miembros del partido que postula a un ex gobernador del Estado de México a la presidencia de la república escuchan algo, pronto nacen las críticas y mencionan que cómo es posible, que un fraude en este contexto mexicano es improbabilísimo, que incluso siquiera mencionar la palabra “fraude” es ya una canallada y que lo único que se quiere hacer con la simple mención de dicho vocablo es desestimar el arduo trabajo que todos hacemos para consolidar una democracia, nuestra democracia.
Parece que vivimos en un país idílico, donde las instituciones son fuertes y sensibles, donde quienes gobiernan son las personas más capacitadas, donde no hay corrupción ni compra de votos ni pago a televisoras para hacer de un personaje un candidato “fuerte” a la presidencia de la república. Parecería que llevamos años y años de ser demócratas, y que jamás ha habido fraudes en estas tierras, y que nunca se han conocido casos de corrupción. Sí, parecería que no estamos aquí y ahora, en México: un país que ha sufrido tanto por los inequitativos procesos de elección de sus autoridades. De verdad, a veces no entiendo.
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