El enemigo del pueblo: la televisión La desmemoria y el olvido de la historia de México condenan a sus habitantes a repetirla. La ignorancia
El enemigo del pueblo: la televisión
La desmemoria y el olvido de la historia de México condenan a sus habitantes a repetirla. La ignorancia del pueblo es su peor enemigo. No simplemente olvidamos, pues el único registro histórico que nos queda se manipula, se recrea a favor de los que pueden pagar por ello y se difunden los “verdaderos” hechos para que se implanten en la memoria de quien recibe la recién adulterada información.
Actualmente vivimos la misma situación política que se originó en 1988; el pasado se repite. A 24 años de la imposición como presidente de la república del candidato del PRI, Carlos Salinas, sobre Cuauhtémoc Cárdenas del PRD –“victoria” obtenida gracias al fraude que se fraguó– experimentamos nuevamente estos acontecimientos, pero ahora se maquilla diferente, ahora se ha creado una imagen artística más que una candidatura para darle credibilidad cuando llegue al poder el nuevo títere de los “dueños del país”.
Por años el predilecto de los gobiernos ha sido Televisa. Siempre ha hecho generosas aportaciones para recibir a cambio espacios de publicidad en diversos estados, para crear campañas y para desprestigiar a los participantes de la oposición. Todos estos atentados contra la inteligencia y la razón del pueblo mexicano es para darnos la espalda, para seguir sus metas codiciosas. Crean imágenes falsas ante la sociedad, por eso quieren a Enrique Peña Nieto en el poder, para obtener su “altruista” contribución, que de no llegar a las manos que la solicitan, lo podrían destruir de la misma forma como lo crearon, o como desprestigian a quien se opone a ellos, con un servicio que consume la mayoría de los mexicanos, un servicio que ha usurpado el poder y que lo mantiene gracias a su gran audiencia, la televisión.
Y ahora damos un gran paso hacia nuestra condena al permitir la creación de un “monstruo” de las comunicaciones cuando se culmine la “fusión” Televisa-Iusacell, dándole mas poder a sus propietarios y a sus favorecidos y sumiendo más a la población en su yugo. Y seguiremos sometidos al duopolio televisivo hasta que decidamos despertar y luchar por la veracidad de la información. Varios lo han intentado; algunos movimientos que fueron ya opacados hace tiempo por la imponencia de estas empresas, pero hoy surge uno más, uno con fuerza y voz nacional que se levanta nuevamente contra la manipulación mediática, el joven y reconocido #YoSoy132.
No olvidemos nuestro pasado, no dejemos que se nos plante una historia ficticia sólo porque es emitida a través de un medio que nos la vende como real; no caigamos nuevamente ante los mismos errores anteriormente cometidos; dejemos a un lado las infamias que se nos lanzan a diario y utilicemos la razón, nuestra única defensa contra esta situación. Recordemos una cita de un sabio hombre, Jorge Santayana, que nos pondrá a reflexionar y analizar la situación: “El que no recuerda la historia está condenado a repetirla”.
Édgar A. Moreno Díaz
¿Ejerciendo nuestra democracia?
Actualmente nos enfrentamos a una generación de nuevos votantes en la que si bien muchos están levantándose en manifestaciones y marchas, otros no están del todo convencidos o enterados de la importancia de su voto.
En este momento podemos pensar: ¿Cuántos jóvenes no han reflexionado sobre la verdadera importancia de un voto informado? ¿Cuántos acudirán a elegir a sus gobernantes basándose en las ideologías que les han heredado y no en sus propias convicciones? ¿En qué momento despertaremos todos y nos preocuparemos en primera persona por lo que pasa en el país? ¿Podremos dejar a un lado lo que nos han tratado de “inculcar” a lo largo de tantos años y seremos capaces de tomar una decisión consciente?
Pero ese no es el único tema preocupante de las elecciones ante el panorama actual. Muchos ya tomaron partido, pero creo que todavía hay un gran número de votantes que no se encuentran conformes con ningún candidato. Muchos de ellos llegan a la conclusión de que votarán por “el menos peor”. ¿Cómo lidiar con la impotencia de saber que no existe un candidato preferente y que se decida a partir de la inconformidad?
¿Qué representa realmente nuestro voto nulo? Nosotros podemos llegar el 1 de julio sin estar convencidos, anular nuestro voto, pero en realidad, ¿cómo se vería reflejada esa opción en los resultados?
Realmente nulificar nuestro voto no sirve de nada. No estamos evitando que un candidato al que no queremos como gobernante use la banda presidencial. Tampoco estamos provocando que se reconsideren los candidatos, porque ya no hay tiempo. Y aunque la mayoría de los votos en el país fueran nulificados, los partidos políticos se repartirían el mismo motín y no dependiendo del porcentaje de votos que obtengan sobre el 100%. No se sancionan esos votos inconformes, tampoco se toman en cuenta, y lo que es peor aún, no se invierten en ningún candidato óptimo, sino que dejan de representar una amenaza para aquel que no queremos que viva en Los Pinos durante los próximos seis años.
Finalmente tendremos que decidir qué hacer, pero la angustia de no estar seguros de que las cosas cambiarán para bien en este próximo sexenio no desaparecerá en mucho tiempo.
Anabel Sánchez Aldana