Jorge Rocha.- Estamos llegando a la recta final de un proceso electoral donde están predominando las descalificaciones entre los candidatos que aspiran a ganar los
Jorge Rocha.- Estamos llegando a la recta final de un proceso electoral donde están predominando las descalificaciones entre los candidatos que aspiran a ganar los puestos de elección popular, finalizan unas campañas que han vertido un sinfín de propuestas de dudosa viabilidad, termina una contienda electoral donde la ruptura social generada en 2006 más que sanarse se acentúa e incluso la burda denostación está llegando a enlodar al movimiento de #YoSoy132. Las encuestas electorales, más que ayudar a los ciudadanos a discernir su voto, se transformaron en una herramienta más de la mercadotecnia política, denigrando con ello su propósito fundamental y nuevamente las campañas se quedaron muy cortas frente a los retos que representa gobernar este país.
La buena noticia desde mi punto de vista es que la sociedad civil volvió a tomar un fuerte protagonismo en el escenario electoral para exigir, demandar, cuestionar, confrontar y proponer. En otras palabras, se creyó que la soberanía radica en el pueblo y que la clase política tiene un poder delegado, que el dinero que dispendiosamente gastan es fruto de nuestros impuestos y que los que organizan las elecciones lo hacen a nombre del pueblo.
En estas elecciones también los poderes fácticos tuvieron que ceder, el oligopolio televisivo transmitió un debate en sus canales de mayor audiencia, los partidos tuvieron que aceptar la realización de un tercer encuentro entre candidatos a la presidencia (salvo al que las encuestas publicadas colocan como puntero); Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri de la Torre y Enrique Peña Nieto tuvieron que soportar la interpelación de Javier Sicilia y de las víctimas de la violencia en México; y las redes sociales se convirtieron en un espacio de expresión crítica, de viralización de contenidos donde ciudadanos y troles se disputaron la agenda. En lo local organismos que defienden el derecho a la información obligaron a los candidatos a la gubernatura a firmar un compromiso por la transparencia, el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo presentó su informe de derechos humanos que nos muestra los pobres avances en la materia, organismos ciudadanos llamaron a reflexionar sobre la necesidad de construir una nueva constitución y el movimiento #YoSoy132 se mantuvo en las calles y organizó un tercer debate entre los aspirantes para encabezar el ejecutivo estatal. Es decir, desde múltiples frentes y con diferentes agendas los ciudadanos se hicieron presentes en el proceso electoral.
Hay quienes piensan que el 1 de julio se juega el “todo o nada”. No es así. Para los que creemos que el neoliberalismo es un modelo económico que sólo ha provocado mayor pobreza, desigualdad y crisis ambiental, el que triunfe Peña Nieto o Vázquez Mota, que abanderan este proyecto, no es el fin del mundo. Incluso en el caso de que López Obrador alcanzara la victoria, de ninguna manera es la panacea. El 2 de julio empieza un nuevo capítulo para reconstruir este país. Esto no es la carrera de los cien metros, es una larga caminata de resistencia, es un maratón. La llamada “Primavera Mexicana” no se consumará si gana uno u otro candidato presidencial o estatal, no está en sus manos, está en las nuestras.
Desde mi óptica hay cuatro grandes procesos que tendrían que configurarse como la agenda posterior al 1 de julio, para entonces poder hablar de una “Primavera Mexicana”. La primera es la imperiosa necesidad de una reforma política que rompa con la partidocracia que priva en el sistema político. La impunidad, los privilegios, la ausencia de rendición de cuentas, la imposibilidad de revocar el mandato y la exclusividad de las decisiones públicas son algunos de los problemas a resolver, junto con la creación de una nueva institucionalidad funcional y que respete los derechos.
El segundo aspecto es la democratización de los medios de comunicación, que pasa por una nueva ley de medios, clarificar y transparentar los gastos del gobierno en ellos, en fortalecer los proyectos comunitarios de comunicación, en legislar a favor de los derechos de los periodistas (secreto profesional y cláusula de conciencia) y garantizar el ejercicio libre y seguro de su profesión, además de fomentar la pluralidad informativa.
El tercer aspecto es el acotamiento de los poderes fácticos, es decir, quitar los beneficios fiscales a los grandes corporativos empresariales, colaborar con la democratización de los sindicatos, reducir el poder de los cacicazgos locales, que los organismos públicos autónomos efectivamente lo sean y se ciudadanicen.
Finalmente otro de los puntos centrales de la agenda mexicana después del 2 de julio es mantener la organización social, continuar exigiendo el respeto de los derechos, empoderar a la ciudadanía y ejercer la soberanía, el 1 de julio no es el fin del camino, es apenas el comienzo de otra etapa.
Con todo lo anterior no quiero desdeñar la relevancia del primer domingo de julio y por ello mi invitación es a discernir el voto. Los que se presenten en las urnas ese día tendrán seis boletas en la mano. Cada una de ellas amerita su propia reflexión y desde mi punto de vista lo que no podemos hacer es votar en bloque, esto implica que cada elección puede ser sujeta a convertirse en voto positivo por considerar que es la mejor opción, en voto útil por creer que el sufragio puede tener más impacto votando por un candidato distinto de las propias preferencias, en voto nulo por pensar que ningún aspirante es digno del voto o en voto de castigo para impedir que alguien llegue al poder político formal, es decir, podemos elegir positivamente, utilizar, anular y castigar al mismo tiempo, no son opciones mutuamente excluyentes, ya que a la vez podemos estar convencidos de que alguien representa un buena opción, pero en otros espacios el mismo partido puede proponer a candidatos impresentables.
El voto diferenciado en un contexto político de este tipo ayudaría a generar equilibrios y a no depositar todo el poder en ninguno de los partidos. Esto los obligaría, no sólo a negociar la mayor parte de las agendas, sino a voltear a la sociedad civil como el fiel de la balanza. Además este discernimiento tiene que realizarse en el marco anteriormente dicho, es decir, no en una perspectiva de “todo o nada”, sino dentro de una lógica de procesos sociales de transformación.
Las campañas electorales dejaron muy poco a la democracia, la irrupción de la ciudadanía deja prendido un faro de luz para lo que viene.
PD: Este artículo se terminó de escribir justo cuando terminaba el debate organizado por el movimiento #YoSoy132 entre los candidatos a la presidencia de México y expongo brevemente mis conclusiones: 1. Ganó el movimiento #YoSoy132, fallas técnicas, pero hasta ahora el mejor debate. 2. Josefina Vázquez Mota dio la nota al anunciar a miembros de su gabinete. 3. Gabriel Quadri tan neoliberal como siempre. Nada nuevo. 4. Andrés Manuel López Obrador fatal con los tiempos, no aprovechó el espacio. 4. Enrique Peña Nieto el gran perdedor por su ausencia, junto con todos los que increpan y critican sin fundamento al movimiento #YoSoy132.
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