Julio González.- “No somos buenos nada más, somos como cualquier sociedad del país” Antonio García Mijares, originario de San Andrés Cohamiata, es de tez morena

Comunidades wixáricas se reúnen en el cerro del Quemado en el municipio de Real de Catorce, San Luis Potosí. Foto Arturo Campos Cedillo.
Julio González.-
“No somos buenos nada más, somos como cualquier sociedad del país”
Antonio García Mijares, originario de San Andrés Cohamiata, es de tez morena color barro, cabello negro y ojos oscuros. Apenas le crecen algunos vellos en su rostro que se asoman a la altura del bigote y otros más en el mentón; son largos y escasos. A duras penas rebasa el metro con 65 centímetros y tiene una complexión como cualquier joven que a simple vista se ve sano y fuerte. Habla español fluido y se expresa con palabras muy técnicas y adecuadas cuando se refiere a su cultura.
Los teiwarixi tienen una idea muy pobre de lo que acontece en la situación de la sierra, creen que todos los indígenas son iguales y que viven lo mismo. Piensan que todos son honestos y que no hay negros en el arroz. La realidad de los indígenas es otra, considera Toño.
Para él, los huicholes en conjunto son como cualquier sociedad, hay buenos y malos, personas a favor de su cultura y otros que prefieren la occidentalización. Son como cualquier grupo de personas organizadas, que viven sus días buenos y otros que quisieran olvidar. Los wixaritari son como cualquier sociedad del país.
Sus primeros seis años los vivió en la sierra, en la comunidad que lo concibió, dentro del municipio de Mezquitic, al norte de Jalisco. Su niñez se vio marcada por lo mismo que viven cientos de niños huicholes: la migración. Tuvo que dejar su casa e irse con su mamá al municipio de Tlaquepaque donde estudió la primaria y secundaria.
Antonio vivió en Puerto Vallarta tres años, ahí estudió la preparatoria. Hoy en día este wixárika tiene 23 años, estudia Ciencias Políticas en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Ha sido asesor administrativo ante la SEP de la secundaria de su comunidad.
Se considera un wixárika que a lo largo de su vida ha conocido la vida de los habitantes de las zonas populares de la ciudad y eso lo ha enriquecido en su percepción del mundo. Gracias a la educación familiar que recibió es consciente de la ciudad, su comunidad y la relación entre ambas. Además, se siente agradecido con su madre porque le enseñó el valor de su cultura: el orgullo de ser un indígena wixárika.
Yeiyari: la continuidad de la cultura wixárika
Los ancestros necesitan de los wixaritari para seguir vivos. Para ellos, la idea de vivir bien es estar bien, el vivir bien no es tener ni atesorar, sino estar en armonía con las deidades de la naturaleza.
Los ancestros se sacrificaron para que este mundo estuviera bien, para que existiera el Sol, el agua, la lluvia, para que no se mueran los niños, para tener maíz y permitir la vida de los wixaritari. Ahora les toca a los que viven, a los ancianos y jóvenes, continuar con el compromiso.
Hoy el escenario es muy complejo, existen opiniones encontradas sobre el rumbo de la cultura. Sin embargo, sigue la misma idea que implica la relación con la naturaleza y mientras eso persista la cultura wixárika seguirá teniendo comunicación con sus dioses.
Por ello, los wixaritari desde mediados de los años 90 se han dedicado a construir centros educativos que funjan como el Abuelo Fuego, dios que los ilumina. No ha sido una tarea sencilla, pero es un reto que muchos llevan a cuestas.
Tatuutsi Maxakwaxí : abuelo cola de venado
La primera escuela secundaria autónoma wixaritari fue construida en 1995 en la comunidad de Tateikita, San Miguel Huaixtita. Hasta la fecha tiene el fin de promover el arraigo de los jóvenes en su comunidad; afirmar la lengua, costumbres, formas de organización y prácticas comunales, asimismo, fomentar el respeto de otras culturas; sembrar el valor de la identidad, dignidad y autonomía; impulsar las relaciones armónicas con el medio ambiente y la capacitación para la organización y participación en la comunidad.
La comunidad eligió a los maestros que consideraron más adecuados para impartir las clases, que tuvieran formación académica, que fueran expertos en su cultura y finalmente que fueran figuras y ejemplos de la cultura wixárika.
En un principio eran 30 alumnos, ahora son alrededor de 150 y ya son 13 generaciones egresadas de la secundaria. Cuentan con seis aulas, una cocina, una bodega para alimentos y una pequeña biblioteca.
Tatei Yurienaka Iyarieya: Corazón de nuestra madre tierra
El proyecto de la educación autónoma continuó, los jóvenes wixaritari necesitaban seguir estudiando y por ello crearon un bachillerato con la misma línea autónoma. En el año 2003 en la comunidad de San Andrés Cohamiata, una escuela más abrió la puerta a 21 alumnos.
Este centro tiene como objetivo que sus estudiantes obtengan las capacidades para poder apoyar procesos locales, en el diseño y operación de sistemas de desarrollo propios y sustentables. Además, que sean capaces de continuar estudiando niveles superiores como la licenciatura.
Hasta la fecha han egresado cinco generaciones y tiene alrededor de 100 alumnos en sus aulas. Sus instalaciones son un par de módulos y se encuentra en una planicie. Cuenta con ocho maestros y la directora es mujer.
Tamaatsi Paritsika: Hermano mayor venado cola blanca
Durante una asamblea en la comunidad de Tuapuire, conocida en español como Santa Catarina Cuexcomatitlán, y en el marco del Plan de Desarrollo Autónomo del 2009 nació el segundo bachillerato con objetivos similares a sus otras dos escuelas hermanas.
Actualmente se sostiene con recursos propios y está en proceso de su reconocimiento como casa de estudios. El centro educativo brinda la oportunidad a 40 jóvenes de continuar con su formación, ahora, con el objetivo de fortalecer los proyectos comunitarios.
Estas escuelas siguen en pie y luchando por continuar con el Yeiyari gracias a las alianzas con instituciones gubernamentales y no gubernamentales. A pesar del apoyo y el paso de los años no hay una postura por parte del gobierno federal y del sistema educativo oficial, respecto a las propuestas educativas autónomas que proponen algunos pueblos indígenas, como es el caso de los wixaritari y los coras en Nayarit.
Problemática actual
Ahora los wixaritari están en un proceso de unificación ante los nuevos retos. Su sitio sagrado, Wirikuta, está en problemas y su cultura es más vulnerable que nunca. Diversos intereses económicos-políticos rodean la zona a la que peregrinan desde hace cientos de años.
Las políticas modernizadoras han hecho que las comunidades de los huicholes ya no sean autosustentables, desde el punto de vista de la relación con la naturaleza. El modelo económico de México impone una circunstancia de dependencia hacia él.
La ola de violencia que vive México ha golpeado al norte de Jalisco, convirtiéndolo en una de las zonas más peligrosas del estado. Sin embargo, las comunidades, en especial las más alejadas de las cabeceras municipales, siguen sin sufrir ataques directos del crimen organizado. Donde ha habido ataques es en las carreteras de los municipios de Mezquitic y Colotlán. Los huicholes han tomado sus medidas de precaución como viajar de día y no hacer públicas las juntas de gobierno.
Los dioses seguirán cuidando del pueblo wixárika siempre y cuando los alimenten, asistan a su tierra sagrada y realicen sus ceremonias. Hoy más que nunca su cultura lucha por sobrevivir en un mundo que es explotado. Pese a los atropellos, la cultura wixárika se mantiene de pie y luchando con dignidad.
Ese abismo entre el imaginario y la concepción de la vida, quizá, se resuma en tener un desarrollo que vaya de la mano con la continuidad del Yeiyari: el andar de la cultura. Es, probablemente, el ideal de Antonio, de la comunidad de San Andrés Cohamiata y del pueblo wixárika.