Juan Manuel Velázquez.- “Manipulan la información” dicen sectores de la ciudadanía y movimientos sociales. “Somos neutrales y no favorecemos a ningún candidato”, dicen los
Juan Manuel Velázquez.- “Manipulan la información” dicen sectores de la ciudadanía y movimientos sociales. “Somos neutrales y no favorecemos a ningún candidato”, dicen los conductores y periodistas televisivos. Pero ¿realmente es la neutralidad lo que les caracteriza? Por lo menos el movimiento #YoSoy132 no lo considera así y es por eso que demanda la democratización de los medios y de la información. Los conductores de Televisa, TV Azteca y Grupo Milenio niegan los señalamientos y muestran cifras que, a su entender, dan cuenta de la cobertura equitativa brindada a Peña Nieto, López Obrador, Vázquez Mota y Quadri de la Torre. Además se autodefinen como objetivos, lo que les conduce a calificar las críticas como ataques personales y atentados inaceptables a la libertad de expresión. Sin embargo, se puede decir que la cobertura televisiva del actual proceso electoral muestra que ninguno de los conductores televisivos ha sido ni podrá ser neutral. Y esto por varias razones.
En la construcción de su trabajo informativo y de análisis los conductores televisivos son sólo la punta del iceberg, la cara visible en pantalla, de una postura de su empresa televisiva que se inclina a favor de un candidato, y de la cual ellos se convierten en voceros. A través del qué, cómo, cuándo y de qué manera dicen y callan, es posible dilucidar las preferencias políticas de los dueños de las televisoras y la imagen que pretenden construir de los aspirantes presidenciales. En esta labor intervienen desde reporteros, camarógrafos, directores de información o noticias, productores y editores. Todos ellos tienen parte de responsabilidad de lo que se muestra o invisibiliza en televisión. En la medida que naturalizan sus funciones, esto les impide cuestionarse lo que hacen. Temen perder sus privilegios económicos, materiales y simbólicos que les trae el formar parte de su empresa de medios. En este sentido, realmente los conductores televisivos son sujetos de poder que pretenden proyectarse en las pantallas como simples narradores de noticias. Sin embargo, en todo momento cumplen una función de poder respecto al televidente/ciudadano, en tanto que actúan como constructores de la realidad política, y esto se transparenta en todo su trabajo. Baste ver cómo las noticias electorales tienen una sintaxis (acomodo y secuencia) en el cuerpo general del noticiero. También se les asigna una duración precisa. En la proyección de la nota utilizan determinado tipo de tomas, ángulos, planos, movimientos y secuencia de cámara, desde donde se busca favorecer intencionadamente la construcción en el televidente de un tipo de imaginario sobre los distintos candidatos: favorable para unos, desfavorable para otros. A esto se agrega el tipo de presentación de la nota que hace el conductor (volumen, entonación, ritmo, gestualidad) y la forma en que el reportero da cuenta de la nota. De esta manera, es que un hecho se construye como acontecimiento mediático, en lo cual no hay neutralidad, ni objetividad.
Una entrevista televisiva también da cuenta del poder de los conductores sobre el entrevistado y sobre los propios televidentes/ciudadanos. Los conductores/entrevistadores tienen el poder de contar con una imagen socialmente construida como expertos/especialistas en obtención, manejo y transmisión de información. Además controlan las preguntas, el orden en que se presentan, y orientan el modo y tiempo de respuesta de parte del entrevistado. Cuando hay algo que el entrevistado dice, que les compromete o incomoda, tienen todo el poder de mandar a corte comercial. Incluso, además, dedican un tiempo especial para comentar la entrevista realizada, sin que el entrevistado pueda emitir una réplica. De esta forma, los conductores se convierten en jueces que valoran, condenan y absuelven política y moralmente al candidato motivo de la entrevista. Así, los conductores se erigen en monopolizadores de la palabra y de los medios de producción informativa, además de activos constructores simbólicos de la realidad.
Como resultado de las visiones inherentes a su posición, profesión, aptitudes, educación y trayectoria de vida, los conductores cuentan con estructuras invisibles, a partir de las cuales organizan lo percibido. Ven unas cosas y otras no, y seleccionan y elaboran de determinada manera su intervención en la construcción de la información como acontecimiento. Son subordinados en su campo, pero poseen los medios para su expresión y proyección personal pública. Por su ubicación histórica, en las actuales condiciones de predominancia mediática, los conductores televisivos son individuos con peso social y de opinión, dado que cumplen una función fundamental en la generación y circulación de sentidos, mediante el uso de recursos, lenguajes, códigos, formatos y géneros. Su origen resulta de un proceso de institucionalización, que por tanto, codifica estas funciones. Por sus características, los conductores son individuos complejos y contextualmente situados. A partir de difundir descripciones, palabras y formulaciones, los conductores abren el campo para determinadas acciones políticas. Así, en tanto periodistas, actúan como gestionadores de acontecimientos. De la misma forma, se comportan como actores comunicativos/políticos, en la medida que buscan provocar en los televidentes/ciudadanos cogniciones, emociones y valoraciones, que se traduzcan en comportamientos concretos de apoyo hacia el candidato de Televisa, TV Azteca y Milenio, y de rechazo a cualquier alternativa diferente.