Análisis de los debates

Jorge Rocha.- El domingo pasado se realizaron los debates entre los aspirantes a la gubernatura del estado y los candidatos para la Presidencia de

Segundo debate de los candidatos al gobierno del estado, el domingo pasado. Foto Cortesía IEPC.

Jorge Rocha.- El domingo pasado se realizaron los debates entre los aspirantes a la gubernatura del estado y los candidatos para la Presidencia de la República. A pesar de las críticas vertidas hacia los formatos y las reglas de los debates (que por supuesto tienen que mejorar), me parece que resultaron ejercicios positivos para que las y los ciudadanos tengan mejores herramientas e información para el discernimiento de su sufragio. Ambos debates marcan el inicio de la recta final de la contienda electoral, donde desde mi particular opinión, la elección se cerró a dos contrincantes en ambas elecciones.

Es muy difícil declarar a ganadores de los debates, ya que aunque efectivamente son momentos privilegiados en un proceso electoral, están enmarcados dentro de una estrategia integral de campaña. Los debates no son el momento del “todo o nada” (no son finales de futbol), más bien son espacios planteados en función de los objetivos de los candidatos de acuerdo al desarrollo de las preferencias electorales, es decir, los aspirantes a puestos de elección popular diseñan su estrategia de debate acorde a objetivos más grandes de campaña que en buena medida están determinados por la fotografía que ellos tienen del momento electoral. Analizar el desempeño de los aspirantes de acuerdo a los objetivos planteados, puede ser de mayor utilidad que intentar encontrar a un gran ganador o un gran perdedor del debate. Desde esta óptica planteo mi análisis de los debates.
En el caso de Jalisco, como lo había señalado la semana pasada, dos candidatos aspiraban a mantener el registro: PRD y Nueva Alianza, ambos contendientes tuvieron un regular desempeño que pone en duda esa posibilidad. Aristóteles Sandoval, abanderado del PRI, se mantiene como el puntero en las encuestas publicadas, sin embargo no experimenta crecimiento y sí un lento descenso. Su estrategia fue precisamente conservar la ventaja y para ello cuestionó al candidato del Movimiento Ciudadano y utilizó una retórica que apelaba a las emociones de la audiencia, que incluso lo llevaron a sobreactuar en sus intervenciones. El golpe más serio que recibió se lo propinó él mismo al acusar a Enrique Alfaro de pactar con personajes como Raúl Padilla y Alfredo Barba, sabiendo que el Grupo Universidad apoya su candidatura y que el hijo de Barba es el candidato para la presidencia municipal de Tlaquepaque por su partido. Este error lo llevó a tener que explicar en los días siguientes esta declaración. Sin embargo en términos generales creo que cumplió su objetivo, que era no sufrir un descalabro mayúsculo en el debate y perfilarse como uno de los dos principales contendientes.
Enrique Alfaro logró ubicarse como el segundo aspirante a la gubernatura junto con Sandoval. Fue el candidato que en su conjunto presentó mejores propuestas (ninguna de gran novedad), no se mostró inseguro como en el primer debate, respondió a los múltiples ataques que le hicieron de forma razonablemente satisfactoria y a pesar de que no se notaba “suelto” en el debate y en momentos se veía un tanto rígido, logró expresar bien sus ideas. Alfaro terminó de lograr su objetivo cuando le responde a Fernando Guzmán que él no es culpable de la tragedia electoral del ex secretario de Gobierno, ubicando al panista en un claro tercer lugar. El candidato del Movimiento Ciudadano optó por una estrategia de presentación de propuestas, es decir, por una lógica positiva de exposición que desde mi punto de vista lo coloca como finalista en la disputa por la gubernatura.
Por su parte Fernando Guzmán tenía en este debate su última oportunidad para remontar. No lo logró. A pesar de que cuestionó  tanto a Sandoval como a Alfaro, el candidato del albiazul no consiguió dar un campanazo en el debate y aunque ya no se vio como un político rijoso (como en el primer debate) no tuvo un desempeño que destacara notablemente sobre sus adversarios. A pesar de que el PAN Jalisco quiere dar muestras de unidad en su partido, se percibe a un candidato disminuido y que tiene que “colgarse” de la figura de Alberto Cárdenas para ganar algunos adeptos.
Desde mi particular óptica la elección por el gobierno de Jalisco ya se cerró a dos contendientes: Aristóteles Sandoval y Enrique Alfaro. Ahora habrá que observar quién de los dos logra capitalizar la idea de representar el “mejor” cambio y por lo tanto quién debe ser el beneficiario del voto útil, sobre todo de los panistas y los indecisos.
En la arena nacional las cosas no fueron muy diferentes, Enrique Peña Nieto tenía como objetivo no descender más en las preferencias electorales, ya que a pesar de que las encuestas publicadas lo ubican como puntero (al momento de escribir este texto una encuesta de Observatorio Universitario declaraba empate técnico entre Peña Nieto y López Obrador) el mexiquense seguía bajando en las preferencias electorales. Su estrategia se basó en manejar un bajo perfil, evitar los cuestionamientos y plantear muchas acciones de gobierno. A pesar de este gris desempeño, el priísta logró su objetivo al no cometer ningún error grave o ser presa de algún cuestionamiento contundente.
Andrés Manuel López Obrador tenía como su principal propósito consolidarse como el otro finalista en la contienda presidencial, para ello basó su estrategia en el planteamiento de alternativas y en revirar de forma tranquila los cuestionamientos de sus adversarios, sin meterse a cuestionar de forma directa a sus contrincantes, sobre todo teniendo el antecedente de lo publicado en el periódico The Guardian de la presunta relación entre Televisa y Peña Nieto para favorecerlo en la cobertura mediática. Desde mi óptica el tabasqueño logró su propósito y definitivamente deja atrás a la candidata de Acción Nacional.
Josefina Vázquez Mota se autoubicó en tercer lugar y por lo tanto su propósito en el debate era recuperar el segundo sitio, sabiendo que ésta era su última oportunidad. Para ello basó su estrategia en la confrontación a sus adversarios. La candidata panista hizo muchos cuestionamientos, pero ninguno de ellos fue contundente e incluso algunos se le revirtieron de la peor forma, como en la discusión que entabló con Gabriel Quadri en torno a sus mutuas relaciones con Elba Esther Gordillo. La aspirante del albiazul terminó debatiendo con el cuarto lugar, que sólo aspira a mantener el registro del Partido Nueva Alianza.
También en este caso la elección se cerró a dos aspirantes: Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Al igual que en Jalisco, la discusión nacional se centrará entre el “cambio responsable” y el “cambio verdadero”, y nuevamente el planteamiento del voto útil tomará una gran fuerza.
Un asunto que reviste particular preocupación es la posibilidad de re-editar la guerra sucia del año 2006 en contra de los candidatos en ascenso (López Obrador y Alfaro), situación nada deseable porque profundizaría la enorme desconfianza social que priva en el país y acentuaría la división que nos aqueja. Por el bien de todos, tendremos que exigir que los candidatos se abstengan de la guerra de lodo y que no hagan caso a los asesores que les aconsejan ese tipo de lamentables estrategias, hay que demandar la reivindicación de la política como el espacio de debate de ideas y de construcción de grandes consensos, es decir, les pedimos a los candidatos altura de miras en la recta final de las campañas.

jerqmex@hotmail.com

La Jornada