Ricardo Solís.- La exposición Aritmética del dolor, de la artista plástica Rosalba Espinosa, inaugurada este pasado 4 de mayo en la Casa Taller José Clemente

Trabajo de Rosalba Espinosa, que se expone en el taller José Clemente Orozco. Foto La Jornada Jalisco.
Ricardo Solís.- La exposición Aritmética del dolor, de la artista plástica Rosalba Espinosa, inaugurada este pasado 4 de mayo en la Casa Taller José Clemente Orozco, constituye un retrato de la violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico, iniciada en el país hace seis años; en esta serie –compuesta de 13 cuadros en diferentes formatos y técnicas, además de un políptico de 26 elementos y una pieza sonora de 48 horas de duración– se habla de la suma de viudas y de huérfanos, la resta de los vivos y la multiplicación de las terribles consecuencias de una situación que afecta a la sociedad completa.
En este contexto, el próximo miércoles 13 de junio, en la misma sede, se llevará a cabo una mesa de discusión sobre el tema en punto de las 19 horas, con la participación de la periodista Rossana Reguillo, el psicoanalista Flavio Meléndez y el investigador (experto en arte) Arturo Camacho.
Esto se enmarca en el propósito de la artista de “invitar al público que no pudo venir a la inauguración o no ha visitado la exposición para que tenga oportunidad de apreciar las piezas de la muestra; me parece importante el diálogo porque trata de temas que a todos nos atañen, pero no lo hablamos mucho; algunos lo reflexionamos, otros no”.
Aunque la guerra contra el narcotráfico dio inicio hace seis años, la artista ha trabajado en esta serie de piezas desde hace dos; “la violencia ha ido aumentando, primero parecía un asunto de frontera, pero en Guadalajara ha crecido y, personalmente, aunque ya estaba trabajando en el tema, me impresionó profundamente cuando fueron abandonados 27 cadáveres en los Arcos del Milenio”.
Lo anterior, señala la pintora, “reforzó mi decisión; porque considero que, aunque algunos lo consideren un tema de moda, para mí no lo es, mis sentimientos no son una moda. Esta guerra ha permeado mi vida y yo suelo hablar de lo que me preocupa, de lo que me lastima”.
En este contexto, asegura Espinosa, esta exposición constituye “una crónica más”, porque si bien “la nota roja forma parte ya de nuestra vida, esto ya forma parte de la vida cotidiana. Esta muestra busca reflejar el dolor de los demás que también es mío; al final, todos somos víctimas en esta guerra, todos sufrimos, de ahí el título de la serie de piezas. Se habla ya de 60 mil muertos ¿Dónde está la compasión? Aquí no hay buenos o malos; en una pieza retrato rostros de sicarios cuyas miradas me lastiman, me inquietan y perturban”.
De acuerdo con esto, establece la pintora, “no puedo explicarme cómo se llega a estos niveles de violencia. Como una manera de responderme a mí misma me he puesto a pintarlo, porque ese es mi lenguaje, mi manera de hablar, mi modo de buscar una respuesta. Quizá otros pintores hablen de otras cosas, no lo sé, yo hablo así”.
En su exhibición anterior, Pérdida de la luz, que ha recorrido distintas ciudades de la república, ya había abordado la pintora una problemática de carácter social: el abuso a menores; para Aritmética del dolor, destaca Espinosa que también esta muestra implicó una investigación detallada y, agrega, “creo que como artistas tenemos una responsabilidad social. Estoy cuestionando, y mis pinturas sirven para preguntar por qué, ¿cuántos muertos más se necesitan para cambiar una ‘estrategia’? No serviría si lo grito en una plaza pública, pero expresado de esta manera –creo– más gente puede escuchar”.
En la inauguración de la muestra, la pintora colocó una mesa donde cada visitante encendía una vela en homenaje a los muertos, bajo la idea de “hacer conciencia” al respecto de un número que “quizá muchos no quieren saber. Al entrar a la exposición, se persigue ‘entrar’ en un canal que permita compartir el honrar a los muertos, buenos o malos, para abrir un sentimiento de conciencia. Lo que busco es transmitir un dolor que es de todos los mexicanos, porque son nuestros muertos”.
En palabras del escritor Antonio Ortuño –que pueden leerse en su texto de sala–, en Aritmética del dolor se propone “un recuento al revés: vuelve a dar rostro y corporeidad a las cifras; devuelve al primer plano las estampas del dolor individual; recuerda, tal como la pieza sonora que la acompaña, que para llegar a cincuenta mil hay que contar desde el uno, número por número, vida por vida, y desagregarlas del bloque en el que se han perdido”.
Las pieza a que refiere, el montaje sonoro titulado “Sumatoria”, implicó para la artista pasar dos meses grabando, con su propia voz, un conteo que puede escucharse intermitente al recorrer la exposición; del uno al 60 mil, se oye una cuenta sucesiva que simboliza el monto de cadáveres que ha generado la guerra contra el narcotráfico.
De acuerdo con Espinosa, “se trata de hablar, de alguna manera, de aquello que existe y no desaparecerlo; para ello hay que actuar. Las piezas están, en su mayoría, sólo numeradas, sin título, porque la idea es no conducir del todo al espectador y que tenga oportunidad de decidir qué es lo que ve, qué le dice”.
Por otra parte, recuerda la artista, hay tres piezas dentro de la serie en las que “quise hacer un homenaje a la obra de José Clemente Orozco; reinterpretaciones de algunos de sus cuadros porque, sostengo, su tema es actual y el pintor jalisciense vivió una época cuya violencia era enorme, también”.
En esta guerra “todos estamos involucrados y todos padecemos las consecuencias”, señala Espinosa, “no hay quien se salve y no sabemos cuándo terminará. Hay mucho cansancio ya, el tema ha permeado a la sociedad completa. Creo que los artistas debemos ser, de cierto modo, como los cronistas. A veces el miedo nos paraliza; yo, en cierta medida, me estoy apropiando de mi miedo y mi espacio. Al hablar de mi miedo me estoy moviendo”.
Ahora, la pintora no evita recalcar su invitación para el próximo miércoles 13 de junio y tomar parte en la mesa de discusión que esa tarde se llevará a cabo en el marco de la exposición, con el fin de “escuchar a los expertos y preguntar, dialogar. Tras las ponencias, habrá una hora completa para comentarios y que la gente pueda preguntar y decir lo que quiera. Esa es la cuestión: que hablemos”.