Jorge Rocha.- Entramos en la recta final de las campañas electorales para gobernador, presidentes municipales y diputados locales en el estado de Jalisco, que luego

En un acto electoral de Ramiro Hernández se regalaron loncheras rotuladas con el logo del PRI. Foto Arturo Campos Cedillo.
Jorge Rocha.- Entramos en la recta final de las campañas electorales para gobernador, presidentes municipales y diputados locales en el estado de Jalisco, que luego del debate del próximo 10 de junio, seguramente entrarán en su momento de mayor intensidad, sobre todo en la disputa entre los candidatos a gobernador de Movimiento Ciudadano (MC) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Con el avance que tenemos hasta el día de hoy de la contienda, se puede hacer un balance de este proceso, que desde mi punto de vista tiene malas y buenas noticias.
En general se cumplió el vaticinio de que no veríamos una campaña donde se debatieran diagnósticos, propuestas y soluciones, más bien hay muchas promesas de acciones puntuales y las pocas propuestas de políticas públicas de amplia envergadura, no han sido explicadas con detalles y sobre todo no se han delineado los “cómos” para conseguirlas. Han sido campañas espotizadas, basadas en la construcción de una buena imagen de los candidatos, que intentan mostrar “músculo” político en las calles y poco a poco se van internando en la llamada “guerra del lodo”, es decir, que las campañas ya tomaron un giro donde la descalificación de los contrincantes y la guerra sucia se acentúan de forma muy preocupante y se convierten en el centro de las campañas electorales. Desde esta perspectiva podemos decir que las campañas de este proceso electoral no abonaron a la democracia, no fueron campañas de mejor calidad a las de otros años y que finalmente desde esta óptica, las y los ciudadanos del estado somos los grandes perdedores al ser testigos de campañas electorales de poca altura.
En lo referente al desempeño de los contrincantes a la gubernatura, los que nunca levantaron fueron los candidatos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y de Nueva Alianza (Panal), quienes a lo que más pueden aspirar es a mantener el registro de sus partidos en la entidad. Ambos personajes no contribuyeron a la campaña en su conjunto y han pasado desapercibidos del escenario electoral.
El candidato de Acción Nacional (PAN), Fernando Guzmán, se ha desfondado y tres son las principales razones que explican su caída: primero, pesa sobre él todo el desgaste y los errores de 18 años de gobiernos panistas, de los cuales ha sido un protagonista principal, por lo cual le resulta muy difícil deslindarse de las anteriores administraciones. Segundo, a esto se le suma que Guzmán no es un candidato carismático, se ve forzado en su campaña y no logra generar empatía con los electores. Su campaña no trasciende y no logra despuntar. Tercero, el PAN sufre de una severa crisis interna que provoca que no se conjunten alrededor de su candidato, no hay unidad en el partido, hay ausencia de liderazgos fuertes y no pocos están resignados a administrar la derrota o construir alianzas que les permitan mantenerse en puestos públicos. Parece que una de las pocas certezas que tenemos en este proceso electoral es que los gobiernos panistas están de salida en Jalisco.
En lo referente al candidato de Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro, ha estado creciendo en la intención del voto, ha generado múltiples alianzas con sectores sociales y empresariales, y aparece como el más carismático de los candidatos a gobernador. Estos aciertos lo han llevado a colocarse en el segundo lugar de las preferencias electorales y se perfila para ser el verdadero contendiente del candidato del tricolor. Sin embargo no ha salido bien librado del escándalo que lo vincula con negocios con Eduardo Rosales (ex presidente estatal del PAN) y con Víctor Hugo Bernal (consejero del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana). Además su conflicto personal con Raúl Padilla (jefe político del Grupo Universidad) llega a rayar en la necedad, desviándolo de entrar en temas de mayor interés público. Seguramente la estrategia central de Alfaro en esta recta final, es enfocarse al “voto útil” panista y convencer a los indecisos. Un asunto que puede jugar un lugar relevante en la contienda, es que Alfaro no cuenta con la estructura partidaria que le permita llenar todos los puestos de la burocracia en el gobierno del estado, es decir, Alfaro tendría que mantener a muchos de los panistas en sus puestos, por lo que para los servidores públicos blanquiazules, que gane el candidato de Movimiento Ciudadano puede garantizarles cierta continuidad en sus trabajos.
Aristóteles Sandoval sigue apareciendo como el puntero en las encuestas y es el candidato a vencer, ha logrado generar una cohesión interna en el partido y la gran mayoría de los priístas han cerrado filas en torno a su candidatura,;sin embargo durante la campaña ha experimentado retrocesos importantes en las preferencias electorales. La imagen de una candidatura indestructible se ha desmoronado y aparece como un personaje vulnerable y que su triunfo de ninguna manera está asegurado. A pesar de que al principio de su campaña se colocó como la víctima de la guerra sucia, ahora ha entrado en la lógica de la descalificación, sobre todo en contra de Alfaro. El candidato del tricolor cuenta con alianzas importantes en el estado, como el Grupo Universidad, que se olvidó del PRD y puso todas sus baterías en la candidatura de Sandoval. El candidato priísta no aparece como un candidato convincente y que realmente haya tenido una buena gestión como presidente municipal de Guadalajara.
Desde mi particular opinión, en torno a los candidatos a gobernador podemos sacar dos conclusiones importantes: hay elección, es decir, nadie tiene el triunfo asegurado y es una elección de dos, es decir, la competencia está entre Sandoval y Alfaro.
Las campañas de diputados locales están completamente opacadas por el proceso de elección de gobernador y presidente. Poco se ve en los medios de comunicación sobre esta elección y sólo algunos candidatos a diputados tienen cierta presencia en redes sociales. En cuanto a la contienda por presidencias municipales, sólo las de Guadalajara y Zapopan han tenido cierto grado de presencia en la opinión pública, sin embargo tampoco han generado mayores expectativas.
La siguiente conclusión que podemos inferir, es que tenemos un proceso centralizado en la elección de los ejecutivos (estatal y federal), y que los comicios de legisladores y munícipes está opacado por los anteriores.
Por su parte el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC), como se preveía desde antes, ha tenido una deficiente actuación por lo menos en tres aspectos: la incapacidad de convertirse en un árbitro legítimo de la contienda, que pueda contener la “guerra de lodo” y que efectivamente conmine a los contendientes a una elección que ayude al discernimiento ciudadano. A este árbitro pocos le hacen caso y pocos lo toman en serio. Segundo, el tema de las urnas electrónicas ha dejado mucho qué desear, no estuvieron en tiempo y hasta donde la prensa lo consignaba, todavía se presentaban algunos errores. Tres, el escándalo de los negocios del consejero Víctor Hugo Bernal con Enrique Alfaro volvió a poner sobre la mesa la necesidad de tener a un consejo electoral verdaderamente ciudadano. El actual no lo es. Tener un instituto electoral tan débil políticamente con una contienda electoral que se perfila a enrarecerse más y con un escenario competido puede resultar desastroso.
La buena noticia es la irrupción de los jóvenes universitarios, que aglutinados en torno al movimiento #YoSoy132, refrescaron el proceso electoral al pedir una mayor equidad en los medios de comunicación, saliendo a las calles para exigir una mayor democracia y haciendo política con otras formas y otras claves, no en la lógica de los partidos, sino desde la perspectiva de las y los ciudadanos que hartos del estado de las cosas, toman la política en sus manos para transformarla. Este movimiento representa en sí mismo la mayor crítica a todos los aspirantes a puestos de elección popular, ya que mientras unos miran hacia sus contendientes para tratar de ensuciarlos, los otros ponen el acento en la utopía de un mejor estado de Jalisco, sin duda que las ópticas son distintas, muy distintas.