Universitarios progresistas en movimiento

Fernando Acosta Riveros.- “Uno no debe quedarse callado ante tantas injusticias. Como estudiantes debemos pensar, razonar e investigar sobre lo que aprendemos en las universidades”,

Manifestación del movimiento YoSoy132. Foto Héctor Jesús Hernández.

Fernando Acosta Riveros.- “Uno no debe quedarse callado ante tantas injusticias. Como estudiantes debemos pensar, razonar e investigar sobre lo que aprendemos en las universidades”, dijo Alberto, un joven diseñador de la Universidad Autónoma de México (UAM) durante una conversación con su padre, José del Carmen, contador público y promotor de la cultura, egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El diálogo se realiza en un café-restaurante ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Mientras revisan la carta con el menú para la comida escuchan noticias sobre el movimiento Yo soy 132 y el anuncio de Pedro Joaquín Coldwell, presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) cuando informa que el candidato Enrique Peña Nieto no asistirá a más encuentros en universidades, durante lo que resta de la campaña electoral.
José del Carmen recuerda en junio de 2012 que hace 24 años, varias amigas y amigos suyos, estudiantes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lo invitaron a escuchar en Ciudad Universitaria a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, dirigente de la Corriente Democrática y candidato del Frente Democrático Nacional (FDN) a la presidencia mexicana. “Entonces, ¿siempre han existido universitarios progresistas en movimiento?”, pregunta su hijo Alberto. Unos minutos después reflexionan sobre lo ocurrido el 2 de octubre de 1968. Casi 44 años después, otra generación de estudiantes se moviliza contra la simulación de los gobernantes que hablan de democracia pero le temen al cambio verdadero.
Transcurría el mes de mayo de 1988, en medio de una campaña electoral donde el PRI era la colectividad política más criticada. Algunos dirigentes priístas, entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo, habían sido expulsados del partido oficial por cuestionar al sistema que durante el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) se sujetó al neoliberalismo para congraciarse con el gobierno estadunidense y otros dirigentes europeos que hablaban de modernización internacional a favor de un capitalismo salvaje que nunca respetó fronteras y siempre trató a los seres humanos peor que a las mercancías.
Una candidata: Rosario Ibarra de Piedra, postulada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y los aspirantes Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano del FDN y Heberto Castillo Martínez del Partido Mexicano Socialista (PMS) se opusieron al sistema político vinculado a las oligarquías y dependiente del mercado y las transnacionales. Los medios de comunicación, con honrosas excepciones, otorgaban grandes espacios informativos y publicitarios a Carlos Salinas de Gortari, el candidato del PRI-gobierno. Estudiantes, profesores y trabajadores de universidades públicas y privadas exigían que los medios cubrieran también las campañas de Manuel J. Clouthier, Maquío, canditado por el Partido Acción Nacional (PAN), así como las propuestas de los otros candidatos opositores.
Televisa era blanco de bromas y cuestionamientos. Le decían “Telemisa”. Uno de sus programas estelares, “Siempre en Domingo”, era designado por los jóvenes como “Siempre lo mismo” y a una de sus presentadoras de noticias, la periodista Lolita Ayala la llamaban “Bobita Ayala”. La empresa se había ganado el desprestigio, principalmente el programa 24 Horas, dirigido entonces por Jacobo Zabludovsky, convertido en portavoz de las autoridades priístas.
Desde el PRI, el gobierno y las oligarquías descalificaban a los universitarios opositores llamándoles “resentidos sociales”. Muchas de las acciones del régimen causaban molestia y resentimiento entre sectores de la población afectados por las llamadas “medidas de ajuste”. El conflicto en la empresa Aeronaves de México (Aeroméxico) perjudicó a pilotos, sobrecargos y trabajadores de tierra, mientras Arsenio Farell Cubillas, secretario del Trabajo, dirigente y militante del PRI, declaró en quiebra a la aerolínea y determinó la inexistencia de la huelga.
La oligarquía, beneficiada por los ajustes realizados por Miguel de la Madrid, aplaudía a Salinas de Gortari y le recordaba durante sus giras por ciudades y estados que en el “México moderno y en camino hacia el Primer mundo” era urgente liberar los precios, atraer más inversión extranjera, reprivatizar la banca, adelgazar más al Estado, conseguir nuevos créditos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y realizar indirectamente otras devaluaciones.
Académicos, estudiantes y trabajadores de universidades públicas, principalmente, en aquel año 1988, apoyaron el proyecto progresista del Frente Democrático Nacional. El 26 de mayo Carlos Monsiváis estuvo presente en el mitin que realizó la comunidad de la UNAM para aplaudir a Cuauhtémoc Cárdenas. En su crónica, el intelectual de izquierda, solidario con las mejores causas, expresó que “Cárdenas fue recibido en la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, como una esperanza”. Durante el acto cultural y político tomó el micrófono Salvador Martínez Dellaroca, conocido como El Pino, quien fuera activista en 1968 y preso político de Lecumberri. Saludó a Cuahtémoc, vitoreó a la UNAM y a los estudiantes. Después recordó que en 1968 los estudiantes invitaron a los diputados para que participaran en un debate con los representantes del movimiento, pero “no vino nadie”.
En tres momentos diferentes de la historia: 1968, contra el priísta Gustavo Díaz Ordaz; 1988 en oposición al priísta neoliberal Miguel de la Madrid Hurtado y su candidato Carlos Salinas de Gortari, y en este 2012, contra la guerra intimidatoria impuesta por el usurpador Felipe Calderón Hinojosa y en rechazo a la imposición de Enrique Peña Nieto, candidato de Televisa, de TV Azteca y de la mafia del PRIAN, el movimiento estudiantil y los universitarios progresistas se unen en todo el país.
Estudiantes, profesores y trabajadores progresistas de Jalisco, concretamente en la Universidad de Guadalajara (UdeG), han rechazado en las últimas semanas la captura del voto por parte del PRI estatal, donde sus dirigentes hablan de cambio y renovación, mientras participan en el secuestro del empanizado Partido de la Revolución Democrática (PRD) estatal y fomentan la guerra sucia con el rumor de que “si gana Enrique Alfaro Ramírez, candidato del Movimiento Ciudadano, se va a acabar la UdeG”.

La Jornada