Gonzalo Sánchez.- ¿Qué lleva a un candidato “de izquierda”, “apartidista” y “ciudadano” a pactar al punto de establecer tratos mercantiles y de sociedad con
Gonzalo Sánchez.- ¿Qué lleva a un candidato “de izquierda”, “apartidista” y “ciudadano” a pactar al punto de establecer tratos mercantiles y de sociedad con quien –al menos en el papel– sería su principal adversario político e ideológico?
A Alfaro se le derrumba el mito ciudadano. Despierta del sueño inmaculado, gritando y sudando. No, no se trata de defender el derecho de asociación, no. Ni se trata tampoco de un escándalo jurídico menor. Se trata de un conflicto ético y hasta moral. Ético porque quien hace negocios con su adversario, se convierte en uno de los suyos, léase, su cómplice. Moral porque al ser una figura pública que ha enarbolado los preceptos de una izquierda con principios, hoy queda al descubierto lo que muchos ya sabían y otros callaban: no hay principios, hay intereses.
Perdone, señor Alfaro, usted no puede defenderse del señalamiento fundado que se le hace. No puede defenderse porque no hay defensa que valga. Porque López Obrador no podría defender una sociedad mercantil con Diego Fernández o con Carlos Salinas. No. No señor Alfaro, no hay defensa.
¿Cómo le va a explicar a los jóvenes que a diario le siguen y le apoyan en sus redes sociales que usted en su momento sostuvo un negocio mercantil con el presidente del PAN? ¿Cómo? ¿Qué lo justifica? Nada.
¿Qué le va a decir a los 15, 20 o 30 mil asistentes a su marcha, a quienes decidieron sacrificar su domingo por acompañarlo y que hoy lo apoyan creyendo que usted “huele a cambio”?
Lo que se publica desde ayer en medios impresos y electrónicos representa, ante todo, una gran bofetada a quienes creyeron que en Jalisco podría surgir un bloque de izquierda, representativa y firme en sus convicciones, encabezada por usted. Representa una afrenta a quienes huyendo del regreso del PRI y hartos de los gobiernos del PAN vieron en Enrique Alfaro una posibilidad real de cambio en nuestra entidad.
Pero lo que más les ha de doler a sus simpatizantes, señor Alfaro, es que todo esto surja en medio de una efervescencia social que incluso llegó a colocarlo en el segundo lugar de las encuestas a nivel local.
No hay purismo político ni políticos puros. Pero lo que sí debe haber es un mínimo de decoro y de congruencia. Para quienes entendemos de posturas políticas y fuentes ideológicas, nos queda claro que alguien de izquierda puede hacer política con alguien de derecha; para eso están. Pueden tener una relación cordial, institucional y hasta amigable. Pueden buscar y generar acuerdos, defender sus banderas y encontrar justos medios. Lo que no pueden señor Alfaro, es hacer negocios. No pueden decidir ser socios. Y si usted pudo, es porque algo anda mal.
Es probable que eso que ande mal sea el cimiento. La convicción. Nadie le pidió a usted que se declarara “de izquierda”, eso usted lo eligió. Pero lo que a todas luces se ve que nadie le dijo, fue cuáles eran las implicaciones. Espero que este pequeño texto le haya dejado algunas ideas al respecto.
Twitter: @Chalo_13