Ricardo Solís.- La escritora de origen argentino Sandra Lorenzano publicó apenas hace un mes su más reciente trabajo narrativo, la novela Fuga en mí menor
Ricardo Solís.- La escritora de origen argentino Sandra Lorenzano publicó apenas hace un mes su más reciente trabajo narrativo, la novela Fuga en mí menor (Tusquets Editores, 2012), una historia donde el protagonista persigue, cuando se acerca el fin de su vida y le acontece una tragedia personal, reconstruir la figura de su padre, de quien apenas conserva un libro subrayado, el recuerdo de una pieza musical y una fotografía en la que apenas se percibe su sombra.
Para la narradora, la escritura de esta novela fue “un proceso extraño” pero destaca que “lo primero que tuve ante mí fue la imagen de una joven acompañada por una sombra amigable junto a ella; luego, la del personaje central –Leo–, un músico cincuentón bajo una boina de lana. Lo que pensé es si podía establecerse una relación entre ambas imágenes”.
De esta forma, apunta la escritora, surgió la historia, “una novela escrita de manera distinta a la anterior, porque no tiene elementos fuertemente autobiográficos y, asimismo, el protagonista es una sombra; así, hay un reto para los lectores pero también para mí, poder descubrir quién es esa sombra y cuál es su significado: los únicos datos que se tienen es que pertenece al padre de Leo, matemático joven y enamorado de la música que se une a la lucha de los partisanos en Italia durante la Segunda Guerra Mundial; en Leo, hay desconocimiento de la historia verdadera de esa sombra, no tuvo un padre de carne y hueso, y no dar explicación a eso produce un bloqueo creativo en él, aunque no lo sabe, y recuperará su voz sólo al enterarse del destino de esa sombra”.
Estas cuestiones, en una obra donde la música es fundamental, constituyen “la melodía” de la historia, con la cual se entrecruza “una armonía construida por las distintas voces que se entrelazan: la historia de la madre, que es fotógrafa; la de su hijo, que termina yéndose fuera del país; y dos determinantes, la carta que recibe donde hay datos sobre su padre, además de la figura de Peter Bauer, el lutier. Todo ello será clave para que Leo dé con aquello que está silenciado en su vida”.
Algo que “me interesa mucho”, destaca Lorenzano, “es la idea del arte de la escritura, la palabra o la creación como instancias que nos permiten llegar a algo que podemos llamar lo inefable; por otra parte, hay un parte física y artesanal del trabajo, de la que normalmente no hablamos, y que me interesaba recuperar. Porque tenía interés en explorar el proceso creativo, que se halla en el núcleo de la novela. Esto no se limita a la novela sino que se extiende a la posibilidad de formar personas que se dedican a él”.
Lo anterior, refiere la autora, se refleja en una frase recurrente de María Zambrano (“escribir es defender la soledad en que se está”) que es el epígrafe con que la obra “abre”; frase clave que “habla de mi propio trabajo pero que puede decirse respecto de otros procesos creativos, como la música. Pensé que sería un reto interesante –si no los hay, no vale la pena escribirlos– meterme en un proceso diferente al literario, el de un músico, alguien que trabaja con los elementos más inasibles que hay en la creación: los sonidos y el silencio”.
La música, también, se relaciona con la estructura de la novela; señala Lorenzano que hay con ello distintos temas que son de su interés, por ejemplo, “la memoria, que no es nunca lineal; el relato que da cuenta del recuerdo es siempre disperso, fragmentario, que permite aludir a algo sin nombrarlo de modo directo. El ritmo, en este caso, es esencial y tenía que estar dado por la misma escritura. Escribo narrativa de la misma manera que escribo poesía: cuidando cada una de las palabras, releyendo permanentemente, porque me interesa la musicalidad que se desprenda del texto. Puede perderse de vista –o de oído– la línea argumental, pero no la sonora; me interesaba que la novela pudiera transmitir eso. Una novela que habla de música debería poder escucharse. Aunque, también apela a lo visual”.
De este modo, algunas piezas musicales se entrelazan en esta obra, desde Mahler y Bach hasta canciones de partisanos italianos, todo lo cual hace que fuera un desafío para Lorenzano, “aprender a meterme en la cabeza de un músico, construir uno verosímil y hacer esta novela, a partir de la complicidad de amigos músicos y múltiples lecturas. No me dedico a la música, no toco instrumentos, pero mi familia es de origen ruso-judío y hay en ella una tradición musical fuerte. Tengo esa herencia por el lado materno. Eso hace que esta novela tenga, también, una explicación más íntima y cercana”.
Ahora bien, que el personaje del padre de Leo tuviera como una de sus últimas posesiones un libro de Pavese –Lavorare stanca– es también importante, establece la escritora, “el que el padre subraye el libro y el hijo pueda leerlo tiempo después resulta una clave más para comprender lo que ha pasado, para develar el secreto, uno que irán descubriendo los lectores de igual forma. Me interesaba que a través de esta lectura de Leo la historia nos llevara a otro tema que me agrada y me importa, el de lo no dicho, lo silenciado. En todas las historias familiares y en las de la sociedad siempre hay algo que no se dice, que no se explica: esa es la historia de esta sombra”.
Finalmente, afirma Lorenzano, esta novela, “como todos los retos, me permitió profundizar en el proceso creativo, gracias a que pude involucrarme con otro que no es el mío. La verdad, lo que hago en la vida, todo, está encaminado a tratar de contagiar la pasión por la palabra literaria. Si alguien abre este libro y llega al final contento de haber conocido a Leo, estoy más que bien servida”.