Julio Ríos.- Aunque el consejero electoral del IEPC Víctor Hugo Bernal intente no dar importancia a sus relaciones comerciales con políticos de varios partidos,
Julio Ríos.- Aunque el consejero electoral del IEPC Víctor Hugo Bernal intente no dar importancia a sus relaciones comerciales con políticos de varios partidos, y aunque sí es cierto que esos negocios no tienen nada de ilegal, la imagen de un árbitro electoral con intereses mercantiles que lo ensamblan con personajes de la grilla local, es para muchos, éticamente reprobable.
Habiendo mil personas con cuales asociarse… ¿Por qué crear una sociedad precisamente con políticos? Qué necesidad de hacerlo cuando cualquiera con tres dedos de frente sabe que este tipo de cuestiones algún día van a salir a la luz y dan flanco para embates mediáticos. Es como regalar sonajas a los niños traviesos.
Una de dos, o fue por falta de tacto político, o simplemente, a Bernal ni le importaba si algún día se conocía esta situación. Cualquiera de los dos supuestos sería preocupante. La primera implicaría ingenuidad o falta de malicia y la segunda, exceso de ésta.
Si en Guadalajara hay mucha gente que sí conoce de cuestiones inmobiliarias y no está metida en la política, ¿Porqué no asociarse con uno de ellos? Además de garantizar que la inversión será efectiva, no habría cabida a ningún tipo de crítica. Pero en cambio, el consejero prefiere unirse con políticos e invertir en una disneylandia tequilera en Los Cabos, que por cierto, pareciera ser que por el momento resultó un fracaso.
Y las críticas que se han soltado nada tienen que ver con que el consejero haga o no inversiones. Es obvio que Bernal y cualquiera pueden hacer con su dinero lo que les plazca. ¿Pero por qué precisamente mancomunarse con políticos? Eso es lo cuestionable.
Tampoco se juzga que sea amigo de Enrique Alfaro y Eduardo Rosales. Los comentarios más bien coinciden en que un híbrido de consejero-socio comercial de políticos, da al exterior una imagen de que el árbitro pudiera ser inequitativo. En política todo comunica. La percepción que queda ahora en la atmósfera, dicen sus críticos, es que los principios de imparcialidad, equidad e independencia quedan en entredicho.
Ante estas relaciones comerciales –aceptadas por el mismo Bernal– en este diario se ha informado que personajes tan disímbolos –desde el panista Alberto Cárdenas, pasando por los presidentes estatales del PRI, Eduardo Almaguer y del PAN, Miguel Monraz; así como el consejero Naucatzin Bravo, la diputada Ana Bertha Guzmán– exigen la renuncia de Bernal, quien a su vez responde que no encuentra motivos para marcharse y que esos ataques sólo intentan enrarecer el clima electoral. Sus críticos responden que quien lo enrarece es el mismo Bernal al asociarse con políticos sin recato alguno.
Es cierto que algunos de quienes ahora lo critican tampoco son unas blancas palomas y que las presiones que se han desatado también son aprovechadas por otros para sacar raja política. Pero eso no opaca lo demás.
Si esto sucede, es porque Bernal fue quien por sí mismo se colocó en esta posición tan susceptible al meterse a sociedades comerciales. Es decir, fue un autonocaut político. Recordando a los clásicos, en política para ser hay que parecer y por lo tanto, hay que cuidar las formas.
¿Cómo se hubiera visto el ex presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, teniendo negocios en sociedad con López Obrador y Germán Martínez? Sería impensable. Pero Jalisco ya parece la tierra de la fantasía, donde todo es posible.
Citando al maestro Jorge Rocha: “Este escándalo es un síntoma –otro más- de la descomposición de nuestro sistema electoral y de que urge ciudadanizarlo”. Pero ahora sí, de a de veras.
Twitter: @julio_rios