Ellroy le da el toque soez e irreverente a la jornada final de LéaLA

Verónica de Santos.- La única actividad de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles que se habló en inglés fue la presentación

El escritor James Ellroy dio lectura a fragmentos de su libro, 'A la caza de la mujer', en LéŽaLA. Dijo: ''A los que se fueron mientras leía: pinches pendejos, yo soy el perro grande y feo''. Foto LéaLA / Natalia Fregoso.

Verónica de Santos.- La única actividad de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles que se habló en inglés fue la presentación de James Ellroy y su libro más reciente: A la caza de la mujer, una ficción autobiográfica sobre su infancia y las huellas que quedaron en él tras el asesinato de su madre en 1958, cuando él tenía apenas 10 años.

Soez e irreverente, leyó durante unos 20 minutos su prosa con voz y ademanes casi teatrales, elocuentes. Cuando terminó de seguir la letra impresa, dijo en una mezcla extraña de inglés y español: “A los que se fueron mientras leía: pinches pendejos, yo soy el perro grande y feo”.
Pero los que se quedaron aprovecharon el momento en que se abrió la charla con el público, en la que Ellroy contestó con amabilidad todas las preguntas, a pesar de que las respuestas no fueran muy amables en ocasiones:
“Si naciste a mitad de siglo como niño anglo en Los Ángeles, entonces creciste en México a la mala. Esta era una ciudad segregada y estratificada en esa época y ahora, ya se sabe, los latinoamericanos están apoderándose de la ciudad. Y los latinoamericanos no pueden joderla más de lo que ya la jodieron los blancos, aunque francamente Antonio Villaraigosa está haciendo un excelente trabajo al respecto…”, dijo el autor de LA Confidential.
Sobre su relación con el español, contó que alguna vez lo aprendió en las calles y en las arenas de boxeo, y que durante su estancia en la FIL en noviembre pasado empezó a recordar algo de eso, por lo que está considerando en la actualidad irse a vivir a algún país de habla hispana, también porque su próxima saga de novelas estará hasta cierto punto ambientada entre latinos.
Él mismo era un boxeador fallido y sin educación formal, su afición al pugilismo era lo que lo unía a los mexicanos entre los que era el único blanco trabajando en la cocina de algún restaurante. De esa época recordó su admiración por la escena de luchadores pequeños y ágiles, de los cuales recordó a Jesús Pimentel, José Becerra y Salvador Sánchez, entre otros.
Pero sobre todo, dejó bien en claro que él es un escritor del silgo XX y que no le importa el estado actual del mundo: “Mi don es escribir extensamente a partir de mi habilidad para aislar narrativas en un tiempo y espacio determinados y enfocarme únicamente en ellas, y arrojarme sobre ellas como un pitbull enfurecido y drogado con crack. Mi objetivo es reescribir la historia del siglo XX de Los Ángeles y de Estados Unidos, desde una perspectiva ficticia pero mía”, dijo el escritor.

La Jornada