Jorge Gómez Naredo.- El PRI apostó a que una idea falaz se generalizara: Enrique Peña Nieto como invencible y el próximo presidente del país. Sin
Jorge Gómez Naredo.- El PRI apostó a que una idea falaz se generalizara: Enrique Peña Nieto como invencible y el próximo presidente del país. Sin embargo, algo salió mal. Las encuestas a modo y los cientos de miles de millones de pesos invertidos en medios de comunicación no han surtido el efecto deseado. El ex gobernador mexiquense ya no luce “imbatible”. Más bien se observa endeble, frágil.
Si el apoyo de la mayoría de los electores mexicanos al candidato del PRI fuera real, ¿por qué cientos de estudiantes de la Universidad Iberoamericana le gritaron el viernes pasado “fuera, fuera, fuera” y “asesino”? ¿Por qué en las redes sociales cibernéticas, en lugar de defender a su candidato los supuestos simpatizantes de Enrique Peña Nieto casi ni aparecen? ¿Por qué las televisoras, buena parte de las radiodifusoras y la prensa escrita tratan de ocultar desesperadamente el evidente desprestigio popular del ex gobernador mexiquense? Está claro, clarísimo: Enrique Peña Nieto pierde simpatías o más bien se comprueba que no existen.
La contienda entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador se cierra. Ya hay varios presentadores de noticias y “analistas políticos” que un día sí y el otro también tratan de desprestigiar al tabasqueño. La embestida ha sido clara y ha sido constante. Basta observar lo sucedido con Héctor Aguilar Camín, quien el jueves pasado asistió al programa de radio de Carmen Aristegui, dizque para ejercer su derecho de réplica y contestar una acusación en su contra: terminó defendiendo a capa y espada a Enrique Peña Nieto y el derecho del mexiquense de gastar indiscriminadamente en publicidad el dinero del erario. Aguilar Camín estaba colérico con Jenaro Villamil, reportero de la revista Proceso, quien ha investigado las formas en cómo Peña Nieto despilfarra dinero y en cómo Televisa ha hecho campaña a favor del priísta. Al siguiente día, Aguilar Camín, en su columna de un diario de los más lambiscones del país, en lugar de defender su persona y cuestionar el trabajo de Villamil, agredió a López Obrador. Más claro ni el agua.
Los comentaristas de noticias y “analistas políticos” comienzan a acusar a López Obrador de azuzar a la gente para que se lance en contra de Enrique Peña Nieto. Gritan que la intolerancia no tiene cabida en el país, que hay que escuchar, que hay que ser “civilizados” y nada de andar correteando a candidatos a la presidencia. Sus palabras y sus frases van encaminadas a decir que AMLO es un ogro, que no hay nada de amor en él, que puro rencor, que él es malo, muy malo.
¿Por qué tanta preocupación? ¿Por qué tanta fijación en el tabasqueño? Simple, porque la estrategia de invisibilizar al candidato de las izquierdas ha fallado. Ya no es suficiente. Ahora hay que regresar al ataque, al odio, a ponerlo como el villano de la película, como quien cerró Reforma, como quien mandó a las instituciones al carajo, como el “peligro para México”, el Hugo Chávez de estos lugares. Y es que, sin duda, las cosas a los del PRI no les han salido nada bien. Peña Nieto, a pesar de los miles de millones de pesos invertidos en periodistas corruptos, cae, y sigue cayendo.
La gris señora Josefina Vázquez Mota va en picada y buena parte de los votos que ahora tiene irán a parar a López Obrador. Y es que mucha gente no quiere que el PRI regrese. Mucha gente tiene memoria de la desfachatez con la cual actuaban los del tricolor. Una desfachatez que no se ha erradicado. Ver, por ejemplo, a Enrique Peña Nieto asumir y justificar la represión en San Salvador de Atenco y decir que lo hacía para defender la paz de los mexiquenses, es ver a Gustavo Díaz Ordaz diciendo que los estudiantes en 1968 iban a desestabilizar al país.
Por eso han iniciado los del PRI y sus periodistas contratados sus ataques, por eso ahora el otrora partido invencible, al ver que el candidato de las izquierdas se le acerca a su copetudo, emprenden las mismas prácticas que han emprendido siempre: la cooptación de “comunicadores” y el ataque frontal y cínico.
Pero el México de hoy ya no es el México de ayer. Hoy, por ejemplo, en redes sociales cibernéticas hay muchos hechos que se saben y que los medios tradicionales no dicen, y hay imágenes y fotografías y una inventiva desbordante que suele molestar a quienes piensan y todavía se creen los dueños de la información y que no deben ser criticados. Sí, los contextos se han modificado. Pero no en todos lados ni en todos los estratos sociales. Por eso, habrá que pensar si con estos cambios bastan ¿Con estas modificaciones Peña Nieto no ganará y AMLO sí? Para pensarse. Y para actuar.
Sin duda en el PRI ya andan desesperados. Y los bravucones que tienen a sueldo en varios medios de comunicación han comenzado los ataques. Peña Nieto está intranquilo. Sus asesores, coléricos. Pensaban tener ya ganada la batalla, y hoy se desesperan al mirar cómo la empiezan a perder.
jorge_naredo@yahoo.com