Ricardo Solís.- De la autoría de Mark Lamster, el libro Rubens, el maestro de las sombras. Arte e intrigas diplomáticas en las cortes europeas del siglo
Ricardo Solís.- De la autoría de Mark Lamster, el libro Rubens, el maestro de las sombras. Arte e intrigas diplomáticas en las cortes europeas del siglo XVII (Tusquets Editores, 2012), publicado dentro de su colección Tiempo de Memoria, es mucho más que una biografía en la que se pone de relieve la “doble y clandestina existencia como diplomático y, a menudo, espía”, que llevó el conocido maestro del Barroco, quien se vio envuelto en diferentes maniobras diplomáticas para las cortes de España, Inglaterra o Francia en una época de guerras y sangrientos conflictos religiosos, un tiempo en que el pintor buscó que las potencias europeas forjaran alianzas y construyeran una confederación de naciones, propósitos que convierten al artista en “nuestro contemporáneo”.
De acuerdo con el autor, no era extraño que a principios del siglo XVIII algunas “decisiones de enorme calado” político se tomaran “por razones ideológicas, por mor del orgullo nacional o personal, o simplemente por capricho”; es por ello que una personalidad como la de Pedro Pablo Rubens destaca, puesto que se mostró partidario de “la moderación” y de privilegiar criterios de orden pragmático para la diplomacia de la época.
Así, en palabras de Lamster, es poco probable “que el público actual recuerde su carrera política” porque, obviamente, su legado como pintor es más conocido; con todo, en este punto, no deja de advertir que su obra sigue siendo “malinterpretada”, a pesar de que su trabajo es muestra de que sus “lecciones fundamentales” resultan hoy “tan novedosas como hace 400 años”, de ahí que abogue por conceder a la vida del pintor “la cuidadosa atención que tanto merece”.
Lamster, como historiador de la arquitectura y crítico de arte, no deja de “hacer” un trabajo biográfico en el que las luces de una era y el talante de una obra quedan de manifiesto pero, fiel a sus propósitos, a través de cartas –del propio Rubens y los involucrados en cada una de sus “encomiendas” de orden político– y testimonios, muestra cómo Rubens se vio involucrado (materialmente y en un nivel no exento de compromiso) en los asuntos de su tiempo, siempre preocupado por conseguir que fuera posible terminar con el estado de guerra que se vivía en Flandes (nació en Alemania, pero su patria familiar fue Amberes, la ciudad portuaria que vio su prosperidad destruida en esos años).
A lo anterior, claro, ayudó el hecho –ilustrado de manera detallada por el autor– de que, en aquella época, el status del artista permitía viajar (so pretexto de sus actividades, “no relacionadas” con lo político) a través de un continente conflictivo y, además, tener contacto con diplomáticos, soberanos y cortesanos; además, las habilidades de Rubens no jugaron papel menor (se manejaba –al hablar y escribir– en seis idiomas diferentes y su cultura clásica, amén de su “encanto” personal, se consignan como notables).
Es por ello que Rubens, el maestro de las sombras es un libro que casi puede resultar “magnético”, no sólo para el profesional de la historia; es una narración magistral que ilustra cómo a un artista se puede deber mucho más que su trabajo plástico. En este sentido, tras la lectura queda simplemente coincidir con la expresión de Lamster en cuanto a que Rubens fue, para su tiempo, “el espía perfecto”.