Jaime Hernández Ortiz.- Las preferencias electorales sufrirán una modificación luego del debate que protagonizaron los aspirantes a la Presidencia de la República. Enrique Peña
Jaime Hernández Ortiz.-
Las preferencias electorales sufrirán una modificación luego del debate que protagonizaron los aspirantes a la Presidencia de la República.
Enrique Peña Nieto empieza un lento descenso. Josefina Vázquez Mota se mantiene con el voto duro panista y evita una fatal caída. Andrés Manuel López Obrador empieza a colarse en un final de tres tercios.
Gabriel Quadri se mantendrá con la escasa votación que tiene –lo cual ya es ganancia–, pero se beneficiará en lo sucesivo del votante indeciso, sobre todo votantes que lo vieron por primera vez.
Más de lo mismo o cambio verdadero
Como vimos, el candidato más vapuleado y afectado fue Peña Nieto y el menos atacado y mejor librado fue Gabriel Quadri.
Es evidente que dos horas no fueron suficientes para contrastar posicionamientos, analizar propuestas y discutir a fondo los grandes problemas nacionales. Pero aun así el debate fue mucho mejor de lo esperado; de manera que el siguiente anticipa ser mucho más interesante y tal vez decisivo.
El debate dejó en claro la existencia de dos proyectos totalmente distintos: el de las derechas, representado por Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri, y el de las izquierdas, representado por Andrés Manuel López Obrador. No se puede ubicar a nadie como de “centro”.
En efecto, el posicionamiento de los candidatos frente al ejercicio del poder del Estado y su papel de las empresas públicas y la conducción de la economía dejaron entrever quién quiere más de lo mismo y quién se pronuncia por una transformación real del país.
López Obrador fue el único que aludió a las causas de la crisis y la violencia que vive el país: el pequeño grupo neoliberal que manda y que en un régimen panista o priísta pretende continuar con los mismos privilegios y seguir beneficiándose de los bienes de la nación.
Desempeño actoral
Sólo el candidato de las izquierdas señaló algunos sucesos y personajes culpables de la actual tragedia nacional: el Fobaproa, Carlos Salinas, Televisa, Arturo Montiel. Nadie más mencionó nombres.
El carácter, la personalidad y el estilo de López Obrador no fue distinto a como es en la vida real. Pero esta vez, pese a su carisma, se vio demasiado serio. Aun así, destacó por su serenidad y comentarios firmes y maduros.
Enrique Peña Nieto en vano intentó convencer que es un personaje con ideas propias y por momentos parecía que grababa “en vivo” uno más de los espots que quieren convertirlo en el histrión de moda. Demostró sin duda avances en su desempeño actoral y por ello fue prudentemente evasivo.
Sin embargo, se vio ansioso por no “tener tiempo” para responder cuestionamientos; tuvo que desmentir abiertamente que iba a privatizar Pemex. Guardó silencio ante la deuda que Moreira dejó a Coahuila y la pobreza y corrupción en el Estado de México.
Menos convencieron sus propuestas de pensión universal y de seguro de desempleo cuando justamente nada hizo de ello cuando fue gobernador.
Los ataques a López Obrador sobre los casos Bejarano y Ponce tuvieron un desenlace demoledor contra el priísta cuando el candidato de las izquierdas dijo que ellos pagaron con cárcel, mientras que él, “inexplicablemente estaba ahí”.
Fleco versus copete
Josefina Vázquez Mota, con un nuevo look y, por decirlo en términos estéticos, con un fleco equiparable a un copetín, se vio equilibrada, segura, con dominio de varios temas y constante en sus ataques contra Peña Nieto.
Al hablar con “la verdad” parecía que reeditaba ese eslogan de campaña de Felipe Calderón que tanto engañó, ese de las “Manos limpias”.
Sus expresiones reiteradas: “ha llegado la hora”, “ha llegado el momento” parecían más frases de autoayuda que expresiones respaldadas con los hechos. Parece que cuando fue secretaria de Estado no había caído en cuenta que tenía poder para decidir.
Gabriel Quadri sorprendió por el manejo de las cifras y de datos. Dejó la impresión de que él sí era un mortal “ciudadano”; y mientras los “políticos tradicionales” peleaban entre sí, él sólo hacía propuestas. Nada más falso.
Quadri se desenvolvió con soltura cuando aludió a temas ambientales pero confirmó lo que ya se sabía: que sería un palero y que no atacaría a Peña Nieto en lo absoluto; además defendió la inversión privada en Pemex y se opuso a que bajara el precio de la gasolina. Tuvo algunas propuestas muy sobadas, como la de crear un mando único policial, privatizar cárceles y otras desafortunadas, como fortalecer al Cisen, de ingrata memoria.
López Obrador contestó bien todos los ataques que recibió de Peña Nieto y de Quadri. Pero remató al priísta con sus compromisos: “¿De veras creen que con el PRI va a haber un cambio?”
El que ganó
Más de la mitad del tiempo del debate López Obrador se dedicó a cuestionar el modelo económico-político de priístas y panistas, pero le hizo falta desglosar más algunas propuestas.
Al final, López Obrador se dedicó a hacer planteamientos más precisos: crecimiento anual del seis por ciento; reducción de sueldos de la burocracia para lograr 600 mil millones de pesos; combate a la corrupción; crear siete millones de empleos en el sexenio; hacer del sector energético palanca del desarrollo y hacer una consulta para revocar su mandato.
López Obrador es el único aspirante con autoridad moral para hablar del valor de la honestidad, no sólo como estilo de vida sino también como forma de gobierno. Fue el ganador del debate.