Jorge Gómez Naredo.- ¿De ganadores y perdedores? “¿Quién ganó?” y “¿Quién perdió?” “¿Quién es el indiscutible triunfador?” y “¿Quién se vistió de fracaso?” Cientos
Jorge Gómez Naredo.-
¿De ganadores y perdedores?
“¿Quién ganó?” y “¿Quién perdió?” “¿Quién es el indiscutible triunfador?” y “¿Quién se vistió de fracaso?” Cientos de preguntas como éstas se han repetido hasta el hartazgo después del debate entre candidatos a la presidencia del país. Quizá estas interrogantes están mal planteadas. No es cuestión de la existencia de triunfadores o perdedores, incluso no es cuestión de quién planteó en el debate más “propuestas” o quién se vio más seguro o quién vistió mejor y de colores más “apropiados”. No. Es cuestión, más bien, de fondo. ¿Qué representan los candidatos? ¿Qué proyectos buscan asumir? ¿Cuáles son sus planteamientos ideológicos?
Un ejemplo
Varios “analistas” políticos andan empecinados en poner como triunfador indiscutible del debate a Gabriel Quadri. Que dizque porque se vio bien feroz cuando habló, que porque estaba seguro de sí mismo y de lo que decía, que porque hizo más propuestas, que porque él sí planteó muchas ideas, que porque fue muy convincente, que porque abogó por lo “ciudadano” en detrimento de “los políticos”, etcétera.
¿Quadri, pues, fue el triunfador del debate? Por supuesto que no. Si se analizan las intervenciones del abanderado de Nueva Alianza, se conocerá que sus “dichos” representan el modelo que hoy tiene al país al borde de la inviabilidad: libre mercado como deidad irrenunciable, venta de empresas estatales y aplicación de modelos económicos, educativos y científicos que han demostrado fracasos catastróficos en otras latitudes. Es decir, el supuesto ganador del debate (para muchos “analistas”) propone más de lo mismo.
El candidato de Nueva Alianza es candidato porque una señora que se hizo nombrar hace algunos años presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, así lo quiso. La representa a ella y a sus intereses. Sus “propuestas”, sus manoteos, sus “datos” y su retórica, pues, no son fiables.
“¿Quién ganó el debate?” no debe ser la pregunta rectora en la discusión, sino quién representa a quién, a quiénes o a qué intereses.
El único
Ni Enrique Peña Nieto ni Josefina Vázquez Mota ni Gabriel Quadri dijeron en el debate una palabra sobre las televisoras y sus dueños. Nada. Absolutamente nada. Vázquez Mota habló de abrir varias cadenas de televisión, pero, en el muy improbable caso de ganar la elección del 1 de julio, ¿lo hará? Es improbable: su compañero de partido, Felipe Calderón, dijo que sería el presidente del empleo y hoy en el país el desempleo es la constante.
Solamente López Obrador criticó a quienes mantienen en México un duopolio televisivo. Hizo referencia a ellos y les reclamó no haber pasado el debate en cadena nacional. Los abanderados del PRI, PAN y Panal sin duda le tienen miedo al dedo flamígero y la palabra acerba de los presentadores de noticias y “analistas” políticos que obedecen mansamente a los que les dan trabajo: los señores dueños de las televisoras.
Posdata
Quizá sí hubo un verdadero e indiscutible perdedor del debate presidencial: Ricardo Salinas Pliego. El rating del debate fue mayor al del partido Morelia versus Tigres, y además el equipo del cual el señor Salinas Pliego es dueño, fue humillado por quienes representan (en el nombre nada más) a la Universidad Autónoma de Nuevo León.
El dueño de TV Azteca el 30 de abril pasado dijo en su cuenta de Twitter: “Si quieren debate, véanlo por Televisa, si no, vean el fútbol por Azteca. Yo les paso los ratings al día siguiente”. Él no cumple sus promesas; eran las ocho de la noche de ayer y los ratings no los había “pasado”: se andaba comiendo sus palabras.
jorge_naredo@yahoo.com