Verónica de Santos.- John Madden logró una película que le gusta a todos: El exótico hotel Marigold tiene la dosis exacta de humor, romance, aventura, exotismo, drama
Verónica de Santos.- John Madden logró una película que le gusta a todos: El exótico hotel Marigold tiene la dosis exacta de humor, romance, aventura, exotismo, drama y cruda realidad para hacer una buena tarde de entretenimiento puro.
Siete británicos jubilados deciden mudarse al Exótico Hotel Marigold en India para pasar sus años dorados: todos atraídos por las fotografías de un lujoso palacio y la promesa de una estancia de primer nivel por un módico precio que, dadas sus circunstancias, es la mejor opción para sus bolsillos.
La premisa de por sí suena atractiva para los públicos maduros y los no tanto pero que llegan al cine a otear las marquesinas en busca de una historia ligera para pasar el rato. Sin emabrgo, cualquier cinéfilo sin importar su edad ya tendría suficientes razones para esperar a que apareciera al fin en México con tan solo ver el trailer: la señora racista que va por una cirugía más barata ¿no es la profesora McGonagall de Harry Potter?, y el de la esposa quejumbrosa y amargada sale también ahí ¿no?, y en Piratas del Caribe y en Love Actually. Y la recién viuda que no heredó más que deudas es… ¡la jefa del nuevo James Bond! Y al juez lo he visto en mil películas, y el y el dueño del hotel es el de Slumdog Millionaire y…
El elenco es extraordinario: Judi Dench, Tom Wilkinson, Bill Nighy, Maggie Smith, Ronald Pickup, Penelope Wilton y hasta Dev Patel en otro papel de pan de dios inocente y soñador que termina por sacar la casta para defender a su amor… un cariz que dudo sea parte de la novela de Deborah Moggach (These foolish things), aunque sí parece que su función es la de un bufón no precisamente shakespeareano, pero que habla un inglés afectado y exagerado como de drama del siglo XVI, aunque ni así resulta más chistoso que los gestos.
Alguien con un poco más de información o buena memoria además habría estado al acecho desde hace meses nada más por seguirle la pista a Madden, director de pequeños clásicos como Shakespeare enamorado y La mandolina del capitán Corelli, y cuyo filme anterior, La deuda, no recibió tanta atención como merecía su calidad, quizás en buena medida al escabroso tema de la guerra que fundó el estado de Israel y que de algún modo sigue viva y fresca como una herida.
En El exótico Hotel Marigold, sin embargo, Madden se reblandece: todo cae en la más pulcra corrección política: la racista se redime, la India conservadora y tradicional se funde con la nueva y moderna, los falsos burgueses se adaptan y hasta encuentran trabajo… como “asesor cultural” en un call center.
Si hay un pero que ponerle es que a pesar de los mejores esfuerzos de la autora del libro y, presumiblemente, del guionista, la visión del imperio sigue siendo la regla del discurso: la “India moderna” siguen siendo sirvientes a sus ojos, sólo que ahora en un cubículo y vía telefónica que al parecer sólo llaman a Inglaterra y no a Estados Unidos, como otras producciones Hollywoodenses plantean: cada quién con lo suyo.