Jorge Gómez Naredo.- Hoy habrá debate. Hoy estarán los cuatro candidatos a la Presidencia de la República diciendo qué piensan y qué no piensan. La
Jorge Gómez Naredo.- Hoy habrá debate. Hoy estarán los cuatro candidatos a la Presidencia de la República diciendo qué piensan y qué no piensan. La modalidad del debate, si bien en un primer momento parecería interesante y hasta atractiva (habrá una urna de donde los candidatos sacarán unas preguntas, las cuales debatirán), contiene una tendencia a la no profundización de los temas a abordar, ¿Por qué? Simple: porque las respuestas a preguntas (que según varias versiones son conocidas por los candidatos) se “discutirán” solamente en ocho minutos y medio. No más. ¿En ese tiempo se puede mínimamente reflexionar sobre los problemas del país? Evidentemente no.
Para todos es de sobra conocido que Enrique Peña Nieto es un “polemista” muy limitado, con ideas muy escuetas. En su campaña, el ex gobernador mexiquense se ha dedicado solamente a repetir una y otra vez que va a cumplir, que él sí firma sus compromisos ante notario, que México es bueno, que México es hermoso, que México es un país verdaderamente bello, y que él será muy buen presidente. Todo siempre bien planeado: que no se salga de lo escrito y de lo previamente acordado con sus asesores de imagen.
A Peña Nieto lo han cuidado: que evite declaraciones absurdas, que no hable de más, que no evidencie sus carencias de reflexión y de conocimiento acerca de los problemas del país. Desde su inefable participación en la Feria Internacional del Libro, cuando no supo siquiera dar el título de tres libros que hubieran marcado su vida, sus asesores han hecho lo posible para que no sea exhibido como un tipo frívolo, incapaz de llevar las riendas de la nación. Nada de debates, nada de entrevistas incómodas, nada de acercamiento con la población mexicana que pueda reclamarle algo. Lo han mantenido en una burbuja. Siempre en mítines con cientos de acarreados. Su equipo de campaña ha suspendido reuniones o actos proselitistas donde existían posibilidades de no salir bien librado.
Hoy habrá debate. Y sin duda, éste marcará las campañas electorales en curso. Es claro que Josefina Vázquez Mota se ha caído, que su campaña no levanta, que comete errores imperdonables un día sí y el otro también. Además, la herencia del panismo de los últimos años no le beneficia: ¿cómo justificar el estancamiento económico durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón? ¿Cómo abogar por la continuidad de una guerra que ha dejado por lo menos 50 mil muertes? Imposible. A pesar de que las encuestas no quieren ceder e intentan colocarla siempre en un segundo lugar, la verdad es que la panista no levanta, y cada día que pasa sus posibilidades de obtener la Presidencia de la República se esfuman con gran rapidez.
En contraposición a la situación de Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, día a día, se fortalece. Basta mirar cómo fue recibido, el jueves pasado, en el Tecnológico de Monterrey, una universidad privada para pura gente de altos recursos económicos: en un auditorio completamente lleno de estudiantes y profesores de dicha casa de estudio, fue vitoreado de una manera impensable hace algunos meses. Al finalizar su discurso, la gente ahí presente (y muchos que no pudieron ingresar al recinto porque estaba completamente abarrotado), le comenzaron a gritar: “pre-si-dente, pre-si-dente”.
Hoy habrá debate, y también partido de fútbol a la misma hora. La intención es que gran parte de los mexicanos no vea la discusión que entablarán los candidatos a la Presidencia de la República. Y es que tienen miedo quienes han apoyado a Enrique Peña Nieto (como podrían ser las televisoras), que sea exhibida su ignorancia e incapacidad de una manera muy evidente. Saben que no tiene posibilidades ni siquiera de competir, en un debate, con López Obrador. Por eso la insistencia en bajarle rating al debate usando estrategias como poner, a la misma hora, un partido de cuartos de final de la liga local de balompié.
Sí, el debate que hoy se celebrará entre los aspirantes a la Presidencia de la República, no aboga, valga la redundancia, por el debate, por la reflexión, por el planteamiento profundo de soluciones a los problemas más graves del país. Pero, aún así, quedará claro que Enrique Peña Nieto es un candidato que, más que ideas y propuestas y plataformas políticas, tiene solamente estrategias publicitarias. Sí, quedará bien pero bien claro que no es una opción para gobernar el país, sino un producto para venderse. Ojalá que con este debate se vaya aclarando esa realidad que las televisoras y buena parte de los medios de comunicación ha intentado, por todas las vías posibles, ocultar. El debate de hoy, ¿será la debacle del Tricolor?
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