Jorge Gómez Naredo.- El debate que no fue debate Lo de ayer no fue un debate. Según el diccionario de la Real Academia Española,
Jorge Gómez Naredo.-
El debate que no fue debate
Lo de ayer no fue un debate. Según el diccionario de la Real Academia Española, un debate es una “controversia” (palabra que significa: “discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas”), o una “contienda, lucha, combate”. Lo de ayer entre los candidatos a la gubernatura de Jalisco, pues, por ningún motivo puede ser considerado un debate. Fue, digamos, una ampliación de los espots que se están transmitiendo día y noche. Poca contrastación de ideas, poca reflexión, poco de todo y mucho de nada.
Una dinámica acartonada que no dio espacio para la contrastación de ideas: mensaje de bienvenida, cuatro intervenciones sobre puntos específicos (cultura, educación, desarrollo económico y empleo e impartición de justicia) y un mensaje de despedida. No más. Eso no fue un verdadero debate. La mayoría de las alocuciones estuvieron llenas de lugares comunes. Nada de propuestas claras y bien explicadas, nada de plataformas políticas e ideológicas, nada de nada.
La lectora: María de los Ángeles Martínez
Leyó todas sus intervenciones. Llamaba la atención, más que por lo que decía, por el saco bien ajustado que estaba próximo a reventar. Puros lugares comunes: puras propuestas que se sacan de un día para el otro.
El de la homilía: Fernando Garza
Fernando Garza Martínez, más que candidato a la gubernatura por un partido que se dice de izquierdas, parecía un cura en plena homilía. A cada rato presumía, muy jactancioso, su administración en Guadalajara cuando era todavía panista. No fue muy agresivo, aunque sí tuvo algunos golpeteos en contra de Aristóteles Sandoval. Dijo que el padre de éste trabaja en el Poder Judicial sin tener méritos para laborar ahí.
Garza presumió grandes y conspicuos logros en su administración como alcalde tapatío, por ejemplo: “publicamos un libro de poemas con jóvenes poetas de Guadalajara”.
El del corazón ardiente: Fernando Guzmán
Para nadie es un misterio que Fernando Guzmán Pérez Peláez es un candidato sin carisma. Eso fue evidente nada más verlo y escucharlo hablar ayer en el “debate”. Sus intervenciones se enfocaron en atacar a Aristóteles Sandoval.
Habló con frases que conmovían intensamente, por ejemplo: “La cultura tiene que ver con el alma”, “la cultura que tiene Jalisco es parte del alma nacional”. Cada intervención terminaba con su brazo extendido, su mano empuñada (sobresaliendo solamente el dedo gordo), y una sonrisa que le costaba mantener y que se miraba enteramente hipócrita. Presumió que él había hecho esto y aquello, que durante los gobiernos del PAN, Jalisco y México habían mejorado y casi casi estábamos en un edén. A tanto llegó esta auto-zalamería, que terminó con la frase: “Tengo las manos limpias, la cabeza fría y el corazón ardiente”.
El más equilibrado: Enrique Alfaro
Enrique Alfaro logró cierto equilibrio en el “debate”: explicó ciertas problemáticas a cambiar en Jalisco, y esbozó tímidamente algunas propuestas. Tuvo controversias con Aristóteles Sandoval (especialmente en cuestiones relacionadas con la Universidad de Guadalajara), pero en contraposición a Guzmán, no basó sus intervenciones en ataques obvios y trillados contra el priísta.
En algo que ganó de manera absoluta Alfaro fue en no ser fingido en sus intervenciones. Lució más natural.
El teatral: Jorge Aristóteles Sandoval
El candidato del PRI a la gubernatura de Jalisco parecía en una obra de teatro, actuando alguna pieza de Shakespeare. Sufrió embates de sus opositores, y los trató de contener con el discurso de ser “víctima de una guerra sucia” inmisericorde, lo cual le permitió evadir las preguntas y acusaciones de sus adversarios. Realizó algunas propuestas de antología (que si no estuviera en disputa la gubernatura de Jalisco, moverían a algazaras incontenibles), como por ejemplo, establecer clases de “valores y principios universales”. Prometió de todo: becas, computadoras, ayudas para que los estudiantes se fueran al extranjero, apoyos aquí y apoyos allá, empleo, transporte público económico y un largo etcétera.
Aristóteles se equivocó varias veces en su dicción: “nuestros jóvenes no continuan (sic) los estudios”, “Alguien que no respeta las leglas (sic)”, “Para que seas un expertís (sic)”, etcétera.
Terminó con una invitación a los electores para que ahondaran en sus planteamientos: “Te invito a que me escribas a ‘Aristóteles punto eme equis…’”.
Sí, debate sin debate
Lo de ayer no fue debate. Fue, más que nada, una vitrina para ampliar los espots de televisión y de radio. No más. El formato de “debate” inhibió la reflexión, el contraste de ideas, la controversia y la explicación de propuestas y plataformas políticas. ¿Cuándo habrá un verdadero debate entre los candidatos a la gubernatura de Jalisco? ¿Cuándo y quiénes se atreverán a hacerlo? Los jaliscienses se quedaron sin mirar a los candidatos debatir.
Posdata
En el “debate” de ayer, Jorge Aristóteles Sandoval dijo, con tono histriónico, que buscaba “un cambio verdadero”. ¿Le pagará regalías a Andrés Manuel López Obrador, quien utiliza dicha frase como eje de su campaña? ¿O será que el copetudo de Jalisco no votará por Peña Nieto sino por El Peje?
jorge_naredo@yahoo.com