Jorge Gómez Naredo.- I Las sacrosantas encuestas, las incuestionables, las no criticables, las que no se pueden tocar ni con el pétalo de una
Jorge Gómez Naredo.-
I
Las sacrosantas encuestas, las incuestionables, las no criticables, las que no se pueden tocar ni con el pétalo de una duda. Las encuestas que lo saben todo y que predicen y dicen la verdad de lo verdadero. Las encuestas del “3.5% de margen de error” que nos rigen, que nos gobiernan, que nos proporcionan voz y voto y agencia y democracia y sabiduría y conocimiento. Sí, las encuestas todopoderosas.
II
Todos los días un señor medio calvo y muy maquillado, a eso de las 10 de la noche con cuatro o cinco minutos, sale en un canal de televisión de señal restringida (que edita, a su vez, un diario de circulación nacional, que a su vez publica varios periódico regionales) y nos muestra “cómo va la intención de voto entre los mexicanos”. Se pone muy sesudo el señor medio calvo y muy maquillado: hace un análisis de la encuesta como quien dicta una conferencia magistral. Los datos proporcionados por el sondeo demuestran como verdaderos, como la pura realidad: si alguien en las redes sociales cibernéticas o en cualquier otro medio plantea una duda sobre los métodos de la encuesta o sobre los datos vertidos por ésta, pronto es descalificado: ¡no es válido dudar de lo que una casa encuestadora dice! Punto.
III
¿Para qué sirven las encuestas electorales? Cualquiera podría decir que ésta es una pregunta fácil de responder: para mostrarnos cuál podría ser la intención del voto de un determinado número de personas. Hasta ahí no hay problema. Sin embargo, las encuestas, en la realidad mexicana, tienen otros usos: otros fines. Las encuestas no son neutras, ni objetivas, ni sus intereses son evidenciar, de una manera más o menos esquemática y analítica, la percepción de un determinado conjunto de personas. No, las encuestas tienen fines muy distantes de los anteriores: ¡las encuestas buscan convencer más que informar!
IV
Quieren inocular en la población una idea bien clara: el PRI ya ganó: arrasará; Enrique Peña Nieto es imbatible y ya está prácticamente asumiendo la Presidencia de la República. Eso quieren las casas encuestadoras. Por eso, todos los días, recuerdan, repiten: “oiga, para qué se movilizan, para qué convencen a las demás personas, para qué piensan que el futuro puede ser distinto: ¡Peña Nieto ya ganó! Nos lo dicen las encuestas científicas que hacemos a diario”. Convencer por la repetición de información “científica”: “el PRI ya triunfó, y hagan lo que hagan los demás partidos políticos y sus candidatos y la gente, ya todo está dicho: Peña Nieto arriba. Los demás, abajo”.
V
La práctica de mostrar sondeos cuestionables como “verdaderos” tiene un fin bien específico: convencer a la gente. Y no solamente se da a nivel nacional. En un diario de circulación local, por ejemplo, se aventaron el chiste de que Fernando Garza Martínez había ¡rebasado! a Enrique Alfaro en la intención del voto para gobernador de Jalisco. La encuesta que proporcionó este “dato” (y que la publicó el mismo periódico que hace encuestas diarias a nivel nacional sobre intención de voto para la elección presidencial) fue un atentado a la inteligencia de la gente.
VI
Que nadie critique a las encuestas, porque los señores encuestadores y los medios de comunicación que las promueven y/o difunden se ponen muy enojados y avientan rabietas a los que osan dudar de los datos y del “margen de error del +/- 3.5”). La avalancha de encuestas a favor de Enrique Peña Nieto es una forma de imposición: dicen mostrar una verdad incuestionable, pero exhiben, más bien, un fin. Quienes difunden los sondeos asumen el papel de apóstoles del dato incontestable. Son estrategias para ganar. No más.
Esto es la encuestadología. Y a los “analistas” de esas encuestas bien se les podría nombrar “los seguidores del dato mentiroso”. Qué triste: los sondeos, de ser un mecanismo para saber, se convirtieron en México en una treta para convencer. Para muchos “periodistas”, no hay mítines ni gente apoyando a candidatos ni millones de mexicanos tratando de cambiar el rumbo del país. No, para estos “periodistas”, la nota, la única nota, es la encuesta: es la verdad única y el retrato de la “realidad”. Ya ni salir a la calle les es bueno: con el sondeo les basta, es el principio y el fin de sus análisis.
Muchos piensan que con las encuestas se puede ganar una elección. Ojalá el pueblo de México demuestre lo contrario.
jorge_naredo@yahoo.com