Con el grito de “22 de abril no se olvida”, un contingente marchó por la zona de la tragedia

Darío Pereira.- Con una caminata luctuosa, pero no silenciosa, vecinos y sobrevivientes de la zona siniestrada por las explosiones del 22 de abril de 1992


Marcha por el 20 aniversario de las explosiones del 22 de abril. La caminata terminó en un convivio. Foto: HéŽctor Jesúœs Herná‡ndez

Darío Pereira.- Con una caminata luctuosa, pero no silenciosa, vecinos y sobrevivientes de la zona siniestrada por las explosiones del 22 de abril de 1992 retomaron el recorrido de las calles que entonces desaparecieron, bajo las consignas de “alto a la impunidad“ y “22 de abril, no se olvida”, con la intención de que los hechos permanezcan en la memoria colectiva de los habitantes, pues, dicen, “Guadalajara tiende a olvidar”.

Pasadas las 19:30 horas de ayer, una veintena de personas se dio cita en el jardín de San Sebastián de Analco para conmemorar, con una marcha, “una tragedia que pudo ser evitada”.

El reducido contingente avanzó por las calles Guadalupe Victoria, 20 de Noviembre y la emblemática Gante, que en la mañana del 22 de abril de 1992 quedó reducida a un profundo socavón, tras la explosión causada por la filtración de gasolina en el alcantarillado de la ciudad.

A dos décadas, en esa última vialidad los lotes baldíos siguen siendo una constante que se alterna con los intentos de diversos grupos de la sociedad civil para que la fecha no se olvide: “20 años después… ¿y el asesino?” pregunta un mural; “un escenario gantesco en Analco. La furia y el olvido bajo toneladas de escombro”, se lee en una hoja pegada de un poste.

Otras organizaciones como Ciudad Para Todos se sumaron a la conmemoración con la creación de un parque ciudadano y la proyección de documentales relativos a la explosión.

Silvia Gómez Partida, quien con la explosión perdió su vivienda y gracias a ello formó parte del ahora extinto Movimiento Civil de Damnificados, declaró que los sucesos de aquel día fueron sólo el comienzo de una serie de actos de impunidad en su contra: “el 22 de abril no fue la única tragedia, fue el inicio de todo un proceso de dolor y humillación tras humillación”.

Verónica Velázquez, quien formó parte del movimiento tras la pérdida de sus pertenencias y la muerte de algunos familiares, rememoró cómo la administración del entonces gobernador interino Carlos Rivera Aceves, los desalojó con brutalidad de la Plaza de Armas la madrugada del 1 de junio de 1992 tras instalar un plantón indefinido con la exigencia de indemnizaciones justas por su patrimonio: “(los policías) tumbaban las casitas de campaña, nos golpearon (…) vi niños que corrían como buscando a su mamá, yo lo único que pensé fue en traerlos, pero no fue posible porque me pegaron con tubos y me dijeron con malas palabras que me fuera a mi casa”.

“Después dijeron que entre nosotros nos habíamos peleado, eso me dio mucho coraje, que no pueda uno tener voz, que no puedas expresarte ni nada, eso me dolió mucho”, relató.

Gómez Partida señaló que en aquel entonces, a los afectados se les negó el apoyo desde toda clase de instituciones: “Juan Jesús Posadas Ocampo (cardenal en aquel tiempo) nos dio la espalda, nos dio la espalda la Iglesia, nosotros militábamos en un partido político, nos dieron la espalda, incluso muchos familiares”.

Desde entonces, dijo, los gobiernos estatales subsecuentes se han dedicado a minimizar lo ocurrido, en ámbitos desde la educación pública, donde en los libros de texto de nivel básico “se le dedican al 22 de abril cuando mucho seis renglones y marcan que fue un hecho fortuito”, además han intentado cargar a la fecha de una connotación religiosa para evitar la exigencia de que se finquen responsabilidades.

Guadalupe Gómez, otra de las convocantes, comentó ante la baja asistencia que “la gente que desapareció no se olvida (…) de nosotros depende seguir recordándolo cada año y eso nos mantiene con la frente en alto aunque seamos tres”.

Al finalizar el recorrido, en un pasaje ubicado sobre Gante casi al cruce con Francisco Silva Romero, se llevó a cabo un convivio donde se proyectaron documentales y afectados brindaron sus testimonios al tiempo de que se realizaban grafitis con consignas como “adiós al barrio en el Sector Reforma”.

La Jornada