Elogio de la sombra, orden desde el caos: el imaginario cotidiano del artista Jose Dávila

Verónica de Santos.- Los cuadernos de apuntes, los bocetos, las ideas sueltas, la miscelánea tienen su encanto: son ventanas a una mente en pleno

Verónica de Santos.-

Exposición de José Dávila en el MAZ. foto: HéŽctor Jesúœs Hern‡ández

Los cuadernos de apuntes, los bocetos, las ideas sueltas, la miscelánea tienen su encanto: son ventanas a una mente en pleno trabajo, al proceso, al camino recorrido detrás de las piezas finales y el cauce de influencias que lo alimenta. Pero en el expresar ese caos de manera inteligible y significativa es donde radica el verdadero mérito.
El MAZ lo logra con Elogio de la sombra, una colección de piezas sueltas provenientes de ese flujo, surgidas del imaginario cotidiano y acumuladas en la bitácora del artista tapatío Jose Dávila.
Se trata de un conjunto de esculturas, instalaciones y un mosaico de fotografías intervenidas que sirve al mismo tiempo como mapa visual de sus intereses y referencias artísticas: el Empire State, la pipa de Magritte, la famosa y terrible foto de Kim Phuc de una niña vietnamita bañada en napalm, un hombre esquiando, una carrera de Fórmula 1, un obrero cargando un letrero que reza “Ende des Demokratischen” (Fin de la República Democrática [Alemana]), paisajes, edificios… todas en blanco y negro con el objeto principal de la imagen recortado, blanco, vacío: como si alguien lo hubiera tomado (Dávila).
Por el lado de las instalaciones, en un limpio cuadrado pintado sobre uno de los muros, el artista declara sus respetos a tres grandes arquitectos: Mies Van der Rohe, Luis Barragán y Walter Gropius, cuyos retratos en blanco y negro se distribuyen sobre la superficie dorada, cubierta parcialmente por una lámina de vidrio apoyado en el piso y resacado por otro par de cuadrados que son vacíos como los del mosaico.
Como Dávila se presenta a sí mismo como escultor con estudios de arquitectura, las esculturas son lo más numeroso de la muestra, esparcidas por toda la sala ubicada al final de la nave principal del museo y a la cual se llega y de la cual se sale transitando por la exposición simultánea de Daniel Guzmán, Materia oscura.
Éstas abarcan un amplio rango de materiales, técnicas y temas: desde un gran tronco seco al que la pareidolia nombra “Cabeza de elefante” hasta un tríptico de cajas de abarrote forradas de hoja de oro en el interior, pasando por obras más estructurales como los cuadrados que penden uno dentro de otro o el juego de desdoblamientos del plano hacia la tercera dimensión de una tabla negra cortada y los círculos que se le desprenden, y por la aparente ingenuidad de un conejo de barro embelesado por el fulgor de un foco frente a sus narices.
La pieza central, sin embargo es el cuaderno de apuntes de Dávila: un legajo de papel ajado y sucio por el uso constante y prolongado, que se resguarda bajo un capelo como la semilla desmadejada en todo lo demás: “El artista le propone al espectador que considere a cada una de estas obras como las piezas de un rompecabezas incompleto, que puede ser armado de muchas formas”, dice la ficha técnica.
Jose Dávila nació en esta ciudad en 1974. Es autor de una producción artística prolija, ingeniosa y simple que desde 1998 lo ha llevado a participar en las bienales PR02 (San Juan, Puerto Rico, 2002), de Praga (2005), Panorama (Sao Paulo, Brasil, 2009) y la Trienal Poli/Gráfica de San Juan (San Juan, Puerto Rico, 2009).
Ha presentado exposiciones individuales en espacios como el Bloomberg Space (Londres, 2009), el Art Basel Miami Beach (2008), el European Art Projects (Berlín, 2008), la Fundazione Borgovico 33 (Como, Italia, 2007), el Museo del Eco (México DF, 2006) y el Camden Arts Center (Londres 2001).
Elogio de la sombra se exhibe hasta la tercera semana de abril en el Museo de Arte de Zapopan, andador 20 de Noviembre 166, Centro Histórico. El horario es de 10 a 18 horas y la entrada tiene un costo de 13 pesos, excepto los martes, cuando es gratis.

La Jornada