Blog: Guadalajara vacía

Felipe Reyes.- Los días de asueto son siempre una excelente tentación para salir a pedalear los rincones de la ciudad y reconocerlos deshabitados. Durante

Felipe Reyes.- Los días de asueto son siempre una excelente tentación para salir a pedalear los rincones de la ciudad y reconocerlos deshabitados. Durante los días santos, el ajetreo habitual es sustituido por escenarios despoblados y silencio.

 

Da igual, si pasas por debajo del puente atirantado, que si recorres las plazas de Analco. Si te sientas en alguna banca por los Arcos o si solo caminas, por donde sea, entre un parque y otro. Basta sumar la ausencia de prisa con unos audífonos y música de violonchelo para evocar las imágenes poéticas de sillas vacías de los últimos tres minutos de la película del ‘95 Before Sunrise de Richard Linklater. No hay nadie. La ciudad es solo lugar.

 

Al pasar por afuera de la cantina de los Famosos Equipales, en el barrio del Santuario, recuerdo una conversación que tuve ahí, en el mismo 1995, con tres artistas. El más joven, al menos diez años mayor que yo. De esos fanfarrones que creen que la cultura la hacen ellos y que en el fondo solo buscan sobresalir para vender más. En aquel entonces eran pintores relativamente reconocidos en el medio, y digo entonces, porque dos de ellos fallecieron, uno de VIH, que a mediados de los noventa aún mataba gente, y el otro por suicidio después de años de depresión. El tercero, aunque le perdí la pista hace mucho, sé que se la ha pasado de rehabilitación en rehabilitación.

 

Hablábamos del futuro de la ciudad. Yo trataba de explicarles mi presentación final de la materia de urbanismo: la ciudad virtual. Les planteaba un futuro en el que todos viviríamos dentro de una realidad alternativa informal diseñada para satisfacer todas nuestras necesidades emocionales una vez que hayamos desarrollado la capacidad tecnológica para abandonar lo biológico y ser entes de comunicación e información que potenciarán significativamente la inteligencia humana. La relatividad de valores estaría resuelta al ser previamente diseñada y la ciudad virtual otorgaría todos los satisfactores necesarios para hacer feliz al individuo y al colectivo de individuos, incluidas condiciones de caos, si así se requiriera.

 

Un año antes de que apareciera Google y cuatro antes del estreno de The Matrix en cines, aquello les sonaba extremadamente descabellado. Producto quizá, de la mente sobre-hollywoodizada y pasada de granadina de un morro insolente.  Los tres, defendían la experiencia física como fundamental para las emociones humanas. No habría identidad, por ejemplo, sin color. Y el color entra por los ojos. Para ellos, la experiencia a través de los sentidos no podría tener sustituto, ni entonces, ni nunca. La ciudad se limitaba a la experiencia individual de cada quien y la comunicación entre ciudadanos era secundaria y aleatoria. El caos era fundamental y habría que controlarlo paulatinamente con tolerancia, pero nunca desaparecerlo, permitiendo siempre la posibilidad de sorpresa. Y en gran parte tenían razón, pero no en todo.

 

17 años después, las redes sociales virtuales nos han demostrado la capacidad de incrementar la inteligencia de manera colectiva. Poco a poco, facebook o tuiter, nos han ido conectando con personas con las que compartimos rasgos comunes y al intercambiar información e ideas nos hemos ido haciendo más comunes aún. No iguales, solo comunes. En idioma claro, pero también en emociones, en conocimientos, en aspiraciones. Virtualmente, cedemos en algo, confiamos en alguien, compartimos pensamientos o emociones y paulatinamente nos transformamos. Nos hacemos más tolerantes con el otro e incrementamos, a diferencia de la generación anterior tan limitada por el auto y la televisión, nuestra interacción social.

 

Pero a esa comunidad en la que nos hemos descubierto le falta la experiencia real, la experiencia a través de los sentidos y el encuentro social en el espacio público, tan deteriorado por los últimos 20 años y tan necesario para la construcción del futuro. De esa necesidad han salido los movimientos urbanos que pretenden recuperar la ciudad, entendiendo que, recuperar la ciudad implica recuperar la interacción entre individuos, el fortalecimiento de rasgos comunes y el incremento del nivel de tolerancia entre semejantes. En el fondo, la construcción de ciudad, no es más que un acto de amor al prójimo con un poco de salsa y aguacate.

 

Pero la ciudad no está constituida por materia, aunque la experiencia física la necesite. El espacio físico solo sirve para albergarla y su construcción puede ser un proceso mucho más complicado de lo que parece, quizá más parecido a Facebook que a Chandigarh.

 

Sigo pedaleando esta Guadalajara vacía. En las bancas de los parques, no hay parejas ni besándose ni discutiendo, no hay niños en los columpios, las fuentes están apagadas y las aceras solas. Casi no hay autos, la mayoría de los cafés cerraron y los que abrieron lucen sus sillas vacías. Y si no hay nadie, la ciudad es solo un lugar ajeno. No hay ciudad sin nosotros.

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Abril 4

Comer barrio

Enrique Reyes

El sábado 24 de marzo 90 personas recorrimos durante 8 horas el centro del municipio de Zapopan. La comida fue el pretexto para que casi un centenar de tapatíos y no tapatíos recorrieran las calles de la cabecera municipal de la ex villa maicera. El recorrido y la idea son parte del Tour Gastronómico, una iniciativa ciudadana que tiene como finalidad conocer distintos puntos de la ciudad por medio de la comida.

Esta es la primera vez que el tour va a Zapopan. El proyecto nació hace 2 años y ha recorrido ya zonas emblemáticas de la ciudad como Santa Tere, Colonia Americana; además de un divertido recorrido por las cantinas en el centro histórico de Guadalajara. En estos recorridos no se trata únicamente de comer o beber, la experiencia es envolvente y muestra la ciudad desde los sabores y su historia, todo contado de viva voz de quienes nutren al resto de la ciudad con su sazón: los cocineros, maestros panaderos, tejuineros, pulqueros y muchos más expertos locales.

El tour gastronómico traza su ruta sobre la base de la tradición, historia y relevancia de cada sitio elegido para comer, de modo que el menú de “probetes” nos sirve para evidenciar la línea cronológica de conformación del barrio: vamos desde un puesto callejero hasta restaurantes establecidos.
El tour hace hincapié en el consumo local, aboga por una economía de escala más humana y por el rescate de los oficios que son parte de la cultura culinaria de la comunidad.

 

Son ocho horas donde la gente hace migas con el desconocido, comparte la mesa con el nuevo amigo, brinda por lo que viene y ejercita el asombro. Pero sobre todo, graba en su mente los primeros recuerdos de un nuevo y especial vínculo con esta zona de la ciudad.

 

Los fogones donde se cocina la identidad culinaria de una comunidad son todos los espacios públicos. Lo único que hace el tour es posibilitar que, durante unas horas, unos cuantos tomen la calle para hacer una rica sobremesa.

 

No se pierda el próximo tour. Lo invito a entrar a la pagina www.tourgastronomico.info. Y si aún  no me cree que el amor por la ciudad también entra por la panza, lo espero en el próximo tour a principios de mayo.

@reiies
Tour Gastronómico
Ciudad para todos
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Abril 3

Espacio territorial versus espacio cibernético

Eduardo Díaz-Recasenz

Una vez más escribiendo desde España, siento la necesidad de resaltar hechos que en el actual contexto se ponen especialmente en evidencia en este país. La actual crisis social y económica tiene consecuencias en todo el mundo, pero como mencionaba con insistencia en la columna publicada el pasado 6 de marzo (http://www.lajornadajalisco.com.mx/2012/03/06/blog-hermanas/), acá todo se magnifica y exagera de tal manera que las consecuencias directas se hacen notar mucho más de lo normal. De ahí el fracaso de muchos proyectos infraestructurales de comunicaciones realizados en España en los últimos años, como por ejemplo, las autopistas radiales de peaje construidas en el entorno de Madrid o el exceso de ambición en la puesta en marcha de líneas ferroviarias de alta velocidad (AVE) en algunas provincias. Que esto sirva de ejemplo de lo que no debe hacerse y ojalá podamos aprender de México en estas cuestiones.

Así las cosas, leía recientemente sobre el espectacular crecimiento del número de hogares unipersonales en el mundo a pesar de la crisis, sobre todo en los países de economías avanzadas, aunque ese incremento se daba también de manera directamente proporcional al ritmo de crecimiento de otros países con desarrollos económicos acelerados, como China, India o Brasil. Según afirma el sociólogo Eric Klinenberg de la Universidad de Nueva York, por primera vez en la historia de la humanidad se da una gran cantidad de individuos que se establecen en solitario. Las explicaciones sociológicas vertidas sobre este hecho se apoyan en el incremento general de la esperanza de vida, en la incorporación de la mujer al mercado laboral y en el mayor número de jóvenes y profesionales que buscan esa independencia como parte de su éxito personal.

La importancia que el individuo está tomando a medida que se despliega el sistema capitalista en el que empezamos a vivir plenamente a partir del siglo XVIII, nos demuestra el incremento de la capacidad de subsistencia que cada uno de los individuos puede llegar a alcanzar. En un contexto en el que la tecnología es fundamental, el desarrollo de internet y de las infraestructuras de comunicaciones y transportes (dícese autopistas, ferrocarriles, aeropuertos…), se han convertido en los principales medios que han permitido la agudización del ingenio humano.

Las redes sociales se conforman como uno de los platos fuertes de nuestra realidad actual, por lo que cabría preguntarse: ¿están siendo sustituidos los espacios físicos o públicos por otro tipo de espacios, llamésmole cibernéticos? Si nos enfocamos en las infraestructuras de transportes y de comunicaciones: ¿Podría ser ésa la razón por la que a la hora de planificar las infraestructuras de transportes se ningunea el consumo de territorio o de espacio físico? ¿justifica el espacio cibernético y de las comunicaciones la existencia de los conocidos como «espacios basura» sobre el territorio? Parece lógico que el desarrollo de este tipo de espacios propios de nuestra era pueda estar perjudicando a otro tipo de espacio, el tradicional espacio físico o «real», pero ¿hasta qué punto sería necesario desarrollar el espacio cibernético y de las comunicaciones para no dar lugar a una «burbuja» que como la inmobiliaria haga estallar el sector hasta aniquilarlo? ¿podría morir de éxito el espacio cibernético y de las comunicaciones? ¿debemos esperar a que estalle? ¿deberíamos conciliar su desarrollo con el buen mantenimiento del espacio físico o «real»?

Klinenberg viene a recalcar que la existencia de este fenómeno no implica el aislamiento del individuo, así como tampoco una estigmatización de la persona, sino más bien todo lo contrario, por lo que puede entreverse una lectura muy liberal del asunto que bien podría analizarse desde la antropología social y cultural, sobre todo si nos detenemos a analizar lo que plantea en cuanto a vivir solo: «En contra de lo que podría pensarse, fomenta la vida social. Paradójicamente, nuestra especie, siempre definida en función de su sociabilidad, se ha podido embarcar en la aventura de vivir solo gracias a que las sociedades se han convertido en interdependientes. Por ejemplo, los nuevos sistemas de comunicación nos permiten vivir solos pero estar en contacto con mucha gente cuando y cómo queramos» (Klinenberg, 2012). Además, afirma que los «solos» (o «singles» en inglés) son los mejores «dinamizadores sociales», los que más revitalizan las ciudades y los espacios públicos al ser mucho más dinámicos que los que viven en pareja, por ejemplo. Cabría preguntarse entonces si tendremos que confiar sólo en este tipo de personas para revalorizar los espacios públicos o el espacio físico no cibernético.

Tal vez, como casi todo en la vida, es cuestión de equilibrio, por lo que sería importante mantener ambos sin olvidar ninguno de los dos, posibilitando un cuidadoso desarrollo del espacio cibernético que, en definitiva, necesita del espacio físico para sobrevivir.

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Abril 2

La seguridad es tarea de todos

Adriana Quintero y René González

En la ciudad de Guadalajara y su zona metropolitana el transporte motorizado ha dominado el horizonte citadino. El tráfico y la contaminación son temas cotidianos entre la población, eso sin tomar en cuenta el estrés generado por los embotellamientos en las vías más transitadas.
Muchos de nosotros hemos optado por movernos en bicicleta u otras formas de movilidad sustentable para no lidiar con este problema, pero la promoción del uso de la bicicleta no ha tenido el impacto deseado debido a la percepción de inseguridad al compartir las calles donde no hay infraestructura exclusiva  —segregada—, para nosotros los ciclistas, sumando a esto la falta de educación vial.

 

Los peatones no están fuera del juego, ya que en muchas ocasiones son los más afectados. La interacción en la vía pública es como un baile: mientras más predecibles seamos más seguros iremos. Hay que cerciorarse de que nuestra pareja de baile sepa siempre lo que haremos, por lo que debemos asegurarnos de que tanto los peatones como los automóviles nos vean siempre.

 

Como menciona Bernardo, un ciclista que no ha tenido ningún accidente en los 3 años que lleva moviéndose en bicicleta: “No se trata de que los demás adivinen, pero sí que sepan lo que vas a hacer. No tener movimientos erráticos cuando vas manejando la bici, tener todos tus sentidos en lo que vas haciendo; y estar muy atentos a nuestro alrededor”.

 

Usualmente los ciclistas nos quejamos de que los autos no nos respetan, “nos echan el coche”, o “se estacionan en las banquetas o ciclovías”, pero ¿estamos conscientes de nuestras conductas mientras pedaleamos en las calles?

 

En una entrevista, la señora Janette comentó que ella no tiene necesidad de usar automóvil porque en su colonia tiene todo cerca y, por ende, hace todos sus trayectos a pie. Ella ha tenido accidentes con ciclistas, sobre todo los que van por la banqueta. Una vez, al no hacer ruido, no se percató de que el ciclista iba a pasar por ahí. Tras golpearla, el ciclista no se detuvo a ver qué le pasó. Ella entiende que los ciclistas se suben a la banqueta por miedo a los automóviles. Pero nosotros sabemos que podemos ir mas seguros en un carril en la calle si nos aseguramos de que los autos nos vean.

También podemos cuidar a los peatones cuando ellos cruzan las calles. Muchos se quejan de que ellos no cruzan por las esquinas o por los puentes peatonales, con la posibilidad de ocasionar un accidente. Pero debemos tener en cuenta que la construcción de las ciudades modernas no fueron pensadas para los peatones. Si vemos cruzar a un peatón por lugares inadecuados debemos de reducir la velocidad para permitir que logren llegar a su destino a salvo.

 

Compartir o segregar

 

En nuestra ciudad, hay pocas ciclovías y existe la posibilidad de que haya más en el futuro. ¿Son realmente necesarias las ciclovías?

 

Las opiniones están divididas: por una parte, no existe una legislación adecuada sobre la movilidad ciclista, aunado a la carente educación vial que existe en nuestra ciudad. Las ciclovías segregadas nos dan la oportunidad de movernos seguros lejos de los automóviles y de los peatones además de que son excelentes para los que empiezan a moverse por la ciudad en bicicleta; y por otro lado, si la convivencia en la ciudad es respetuosa, podemos tener el mismo nivel de seguridad. En un mundo utópico, las calles podrían ser compartidas por todos sin importar qué tipo de vehículo utilices.

Nunca debemos olvidar:

1. Preferencias de paso: ante todo, debes tener en cuenta que entre los usuarios de la calle es el peatón el que tiene la mayor importancia.

2. Ser visible: primeramente dentro del espacio compartido. Por ejemplo: no transitar en espacios ciegos para el automovilista. Recordemos que muy difícilmente el carro se nos echará encima si ya nos ha visto. Todo esto es responsabilidad del ciclista, ya que puede hacer señalamientos para dar aviso al carro de lo que va a hacer, por ejemplo: el señalar que va a dar vuelta, señalar que se va a parar, o cualquier movimiento que quiera hacer; y la última forma de que el peatón sea visible son las luces que debe utilizar en las noches, tanto delantera como trasera y los reflejantes.

3. Respetar los espacios del peatón: no subirse a la banqueta ya que ese es espacio exclusivo para el peatón y puede ocasionar también un accidente; no utilizar las rampas que están diseñadas para las personas con discapacidad y respetar los pasos peatonales de las esquinas.

4. Respetar la señalización: el ciclista tiene que respetar todas las señales de tránsito y los semáforos, ya que también esto facilita que el peatón cruce alguna calle cuando está en siga. Tanto el automovilista debe respetar al ciclista, como el ciclista debe respetar al peatón.

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Abril 1

Semáforos y sincronización

Ciudadano Patricio
Basta con pararse un rato frente a un semáforo y observarlo para darse cuenta que es un objeto simpático. Tiene colores llamativos, van cambiando y a la vez indican algo.

Aún más simpáticos son los semáforos de peatones, donde el famoso Ampelmann alemán nos indica si caminar o no. Los semáforos de nueva generación en el centro de Guadalajara incluso prenden y apagan luces y hacen parecer que un monito está caminando, esto junto a un contador que te indica cuándo caminar y cuándo no. Y cuando se va terminando el tiempo, el monito camina aún más rápido.

Todo esto puede parecernos divertido a primera vista, pero la funcionalidad detrás es tan grande que puede cambiar la movilidad de una ciudad.

Imaginemos por un momento que tenemos todos los semáforos de la ciudad a nuestra disposición y podemos cambiarlos a nuestro antojo. Basta con ponerlos todos en rojo para parar el movimiento de todos los vehículos y asegurar que no haya ningún accidente. Pero también habremos parado por completo la circulación, por lo que no es exactamente una solución. Ponerlos todos en verde generará un caos y muchos choques: en la película “Gremlins” podemos echarnos un vistazo al respecto.

Pero dejemos las ideas simplistas y pensemos ahora que deseamos que un vehículo avance por una avenida sin pararse en los semáforos. Lo que se debe hacer no es dejar todos los semáforos en verde, sino simplemente tener el semáforo en verde cuando el vehículo pase por ese semáforo. El resto del tiempo puede estar en rojo.

Si este vehículo hipotético mantiene su velocidad constante, el tiempo que toma en cambiar el semáforo solamente dependerá de la distancia entre semáforo y semáforo. Al acto de calcular los tiempos en que deben estar prendidos y apagados los semáforos le llamamos velocidad de sincronización.

En una avenida sincronizada, el vehículo que vaya a la velocidad de sincronización se encontrará con todos los semáforos en el mismo estado del ciclo. Eso significa que si es verde podrá pasar sin detenerse nunca. Pocas avenidas se ven sincronizadas en la ciudad, pero la más fácil de identificar es González Gallo. Es fácil cruzarla completa entre sesenta y sesenta y cinco kilómetros por hora sin parar.

Para alguien que quiera pasar, lo más que tiene que esperar es justamente un semáforo, para alguien que circula por ahí también. Esos son los beneficios de la sincronización.

En el caso de cruces peatonales, los tiempos para los cruces de ellos tienen prioridad porque debe permitirse que ninguno de ellos se quede a mitad de calle al ser más lentos que un vehículo. Lo ideal es tener semáforos peatonales en cada cruce.

El problema más recurrente de la sincronización es la saturación. Con suficientes vehículos esperando en un alto, es posible que no todos puedan pasar el semáforo e integrarse a la sincronización. A esta calle le llamamos una calle saturada.

Así, la capacidad de una calle se mide con el tiempo que dura el semáforo en verde. Además, para no tener calles saturadas deben incluirse los vehículos de cada cruce que puedan dar vuelta y el tránsito local de las colonias en las avenidas.

Si se quiere agregar espacio para más vehículos en una calle, se debe poner otro semáforo sincronizado donde algunos vehículos puedan esperar a su primer alto de sincronización o hacer que los vehículos que excedan la velocidad recuperen la sincronización. Aparte que sirve para cruce de peatones.

Pero una avenida sincronizada, además, tiene cruces con otras avenidas que tienen que sincronizarse con ella. Nuevamente las velocidades son las que nos definirán los tiempos que deben estar cada uno de los semáforos en verde. Si más avenidas se van integrando a la red sincronizada, más relaciones hay que calcular y aún más complejo se vuelve el problema. Pero no es imposible hacerlo.

Un puente no aumenta la velocidad de sincronización, solamente evita tener que calcular la sincronización entre esas dos calles. Usualmente, lo único que logra es que satura las calles a las que desemboca y da muchos problemas y una mayor complejidad a la red sincronizada.

Este tipo de infraestructuras debe entenderse que no aumentan la capacidad de la ciudad más que en un mínimo porcentaje. Como objeto aislado mueve los problemas a la siguiente intersección y como sistema integral de puentes y vías rápidas hará que cada entrada y salida sea un problema a resolver para la red. En cualquier caso, son innecesarias y le dan vuelta al problema ya que ahí no hay destinos para los vehículos. Los destinos se encuentran en la red sincronizada y las colonias vecinas.

Los vehículos que se integran de fuera de la red sincronizada a ella, deben ser solamente los que la red puede aceptar. En el momento en que se unan más vehículos la red se saturará inevitablemente.

Toda esta teoría es muy alentadora: nos indica que podemos aspirar a una ciudad donde, a lo más, te toca un alto cada que das una vuelta, pero en la realidad, pocas veces vemos avenidas sincronizadas.

Se observan los fenómenos contrarios todo el tiempo, porque también se aplican los principios contrarios.

Las colonias aumentan su cantidad de vehículos sin ajustar los tiempos de los semáforos y se construyen puentes que alteran las velocidades de sincronización.

Existen zonas donde las calles no se utilizan para transporte, sino para descarga y estacionamiento. Zonas de la ciudad que necesitan de una gran accesibilidad se utilizan como zonas de paso alterando las reglas de entrada y salida de vehículos.

Y lo más sorprendente: cada vez hay menos semáforos y peor sincronizados, se permite el libre acceso a la ciudad de vehículos que la saturan y se aumenta el parque vehicular sin discriminación.

A cualquiera que le agrade el orden y maximizar los recursos de la ciudad tiene que ver que tenemos una capacidad de vehículos sobrepasada por mucho.

Se tiene que apostar por transportes más eficientes que tengan más pasajeros, como los vehículos compartidos o el transporte público o que ocupen menos espacio, como las bicicletas o motocicletas.

También hay que optar por la reorganización de la ciudad y la solución de los problemas a nivel ciudad, sin añadir infraestructura que no resuelve problemas como puentes y viaductos.

Restringir la cantidad de autos que entran a la ciudad y parar el crecimiento del parque vehicular son por último, las principales medidas a aplicar a largo plazo para resolver el problema.

La Jornada