Carlos Luna de León.- El 19 de noviembre de 1969 en la Plaza El Progreso, la del barrio de San Juan de Díos se dio una novillada
Carlos Luna de León.-
El 19 de noviembre de 1969 en la Plaza El Progreso, la del barrio de San Juan de Díos se dio una novillada que resultó trágica porque marcó el fin de un torero al que ya se le veían echuras de figura. El cartel lo encabezó el fino diestro Daniel Vilchis, con Curro Gama como segundo espada y el tercero Eduardo Rivas, triunfador de Aguascalientes, en la lidia de un encierro de San Marcos, que en esa época era propiedad de Modesto Sánchez, de Tepatitlán, con divisa rosa y oro.
El tapatío Curro Gama desde su debut cayó de píe ante la afición local que de inmediato se dio cuenta de la calidad del muchacho, que pese a su inexperiencia enseñó cualidades que casi superaban las de Manuel Capetillo. Por su físico Curro Gama se metió en el ánimo de todos, principalmente de las aficionadas que domingo a domingo hacían acto de presencia en los tendidos, principalmente en barreras de sol a donde acudían con sendos ramos de claveles porque desde un principio lo declararon su torero.
El Curro con su presencia hacía derroche de valor y se arrimaba como los buenos para torear estupendamente tanto de capa como de muleta.
Desgraciadamente cayó en manos de un irresponsable que en su ambición por aprovechar que ya contaba con un filón de oro trató de sacarle el máximo partido, y para que no le fuera a fallar recurrió a las bebidas embriagantes para estimular a su torero.
Y tal como ya lo había hecho con otros a los que supuestamente dirigía, cuando ya se encontraban los toreros en el patio de cuadrillas a punto de partir plaza, dijeron los que estaban con Curro, que le dio un vaso de licor para que se olvidara del miedo.
No recordamos porqué motivo la novillada se retrazó en sus inicios, y cuando le correspondió su primero, el que salió en segundo lugar y una vez que Gama paró a la gente con su toreo de capa, tuvo la ocurrencia de empezar a torear de muleta al novillo frente a la puerta de toriles, que es una querencia natural para cualquier toro, pese a ser manso.
Esto propició que cuando el Curro empezó a pegar muletazos tan largos como los de Capetillo, al momento en que instrumentaba un pase natural el novillo con la ventaja de la querencia le comió terreno, alargó el cuello y le infirió una cornada “seca” en el muslo izquierdo de donde inmediatamente brotó un chorro de sangre; le había interesado la arteria y la vena femoral.
Ese tipo de cornadas que a muchos toreros les costó la vida, envió de inmediato a Curro a la enfermería donde los magníficos médicos pararon la tremenda hemorragia y pudieron intervenirlo quirúrgicamente.
Le salvaron la vida y la pierna, pero la cornada fue tan grave que el torero tapatío quedó inutilizado. Permaneció mucho tiempo encamado y posteriormente comenzaron las complicaciones, y desde ese 1969 la vida ha sido para Curro Gama un verdadero calvario. Ya no pudo volver a caminar; desde entonces le sobrevienen infecciones y permanece largas temporadas en su lecho de enfermo.
El infortunado torero a quien la afición ya lo veía como una futura figura del toreo, está en una pobreza extrema, y narramos lo anterior para que se organice alguna corrida de toros en su beneficio y pueda contar con algo de dinero para subsistir. Los aficionados no olvidan a quienes les proporcionaron satisfacciones, y estamos seguros que se podría motivar a la empresa.
Algo parecido a lo de Curro Gama les ocurrió a otros soñadores de gloria que tuvieron la mala suerte de caer en manos de ese sujeto que por su afán de enriquecimiento creía que con licor podía sacarles el mayor provecho posible. Ya nos referiremos a casos similares en próximos relatos de la Jornada Jalisco.