Mauricio Ferrer.- Con su indiferencia y su silencio, las instituciones son igual de violentas que el crimen organizado en el trato a los migrantes,
Mauricio Ferrer.-
Con su indiferencia y su silencio, las instituciones son igual de violentas que el crimen organizado en el trato a los migrantes, aseguró Alejandro Solalinde, el delgado párroco de anteojos, camisa blanca de cuello mao y voz suave y pausada, que ha dedicado parte de su vida a defender los derechos de los migrantes desde el Ixtepec, en Oaxaca.
En Hermanos en el Camino, el albergue que dirige, Solalinde ha visto pasar más de 300 mil migrantes centroamericanos y paisanos, que buscan a como dé lugar, llegar a la capital mundial del dinero: los Estados Unidos.
En entrevista, el sacerdote se muestra tranquilo aun cuando las amenazas le llueven. No duda en culpar al Estado de pecar de omiso en el trato a los migrantes. Ni tampoco parece tenerle miedo a la muerte pues, dice, cuando muera, Hermanos en el Camino seguirá ahí, en el camino, para aquellos que dejan esposas, esposos, hijos, tíos, sobrinos, abuelos, amigos, todo, con tal de estar del otro lado y ganar en dólares.
–Padre Solalinde, ¿qué es lo que está pasando? ¿Qué demonios, como sociedad está ocurriendo para que, por la cabeza de alguien pase ‘ok, voy a dejar a mi familia y voy a viajar miles de kilómetros sabiendo que me juego la vida por unos cuantos dólares’? ¿En qué hemos fallado humanamente?
–Es una pregunta que se tiene que contestar con una respuesta muy compleja. Para mí todo es sistémico y estamos dentro donde hay reglas y leyes, que para mí, Dios ha puesto. Hay leyes materiales, biológicas, de todo tipo de leyes y para uno, en este caso, el mundo que nos dio Dios para todos, es apropiado por unos cuantos y agandayado por ese uno por ciento y deja al 99 afuera, digo que tiene que haber una reacción. Este uno por ciento de la plutocracia, de los que gobiernan el mundo por medio de las finanzas, no se dan cuenta y creen que pueden hacer eso y seguir acumulando impunemente y no se dan cuenta que están ocasionando un efecto. Ese efecto es el migratorio, se da en todo el mundo, hay más de 200 millones de personas en movimiento, de una migración forzada. Lo que está pasando, el éxodo del sur al norte es eso, una migración forzada. Se han roto las leyes mínimas donde se ha puesto por encima al dios dinero, y en aras de ese dios dinero, se ha ofendido ese orden. Por eso los migrantes son la respuesta lógica. Se han roto las reglas mínimas de sobrevivencia y por eso los migrantes tienen que salir de sus lugares de origen porque no encuentran las condiciones mínimas de vida humana, ya no de una vida decorosa, sino mínima humana. Ellos están saliendo con rumbo al lugar donde se origina esa reacción negativa que nos está matando. Van hasta Nueva York, a Wall Street, al corazón de las finanzas, pero algún día, ellos sin darse cuenta, van a refundar Estados Unidos y van a crear condiciones para que Estados Unidos no sea lo que sea hoy, una concentración absurda de ambición inmoral de los bienes.
–En el documental El albergue, que Alejandra Islas hizo sobre Hermanos en el Camino, el lugar donde usted ofrece un techo, un taco, un soporte al migrante de paso, me llamó la atención que lo compara con un jardín donde las flores son esas personas que van hacia Estados Unidos. ¿Por qué la metáfora?
–Hubo una lucha tremenda del gobierno de Ulises Ruiz para quitar el albergue a como diera lugar. El albergue está en un lugar importantísimo que impide el negocio de todas las formas ilícitas posibles con los migrantes, son la materia prima de un negocio enorme millonario, en dólares, en volumen y son también clientes cautivos. Descubrí que el albergue está en un lugar crucial de norte a sur, hay tráfico de armas, de sur a norte, hay tráfico de droga, del Pacífico a Golfo, el cruce de esto y de personas, trata con fines de explotación y el negocio de secuestros masivos, se generan ganancias de más de 25 millones de dólares. Me di cuenta que estaba en un lugar atractivo para la delincuencia organizada, entendiendo ésta como la conformada por politicos, funcionarios, corporaciones policiacas, servidores públicos corruptos. El albergue es como un jardín, sobre ese yacimiento petrolero que significan todas las formas posibles de explotacion del migrante. Las flores que son ellos, no les interesan, pero mucho menos el jardinero, quieren quitarlo a como dé lugar para que puedan explotar ese yacimiento impunemente. Eso no ha sido posible porque una y otra vez que han intentado hacerlo, no han podido. Tengo que reconocer que cada vez que me he jugado la vida pienso si será la última oportunidad de defender a los migrantes, pero cada vez que me han dejado salir con vida, salgo fuerte, con más ganas de luchar todavía.
–Lo veo muy tranquilo para dormir acompañado de un par de policías que le fueron asignados para cuidarlo, para ser amenazado casi a diario. Supongo que al final del día agradece seguir respirando.
–Cada día. Yo estoy tranquilo porque mi vida no está en manos de dos policías que me cuidan. Yo sé que mi vida está al cuidado de Dios, pero no estoy cruzado de brazos, para nada. Fíjese, cada día que me deja vivir, trabajo en fortalecer la estructura del albergue para cuando yo falte. Yo tengo ahora el mejor equipo que jamás había tenido y no lo busqué, ha llegado. Son jóvenes y mujeres que han llegado como voluntarios para apoyar. He aprendido a dejar en cuatro religiosas y dos mujeres laicas, el albergue. Lo que nos dan de donativo, todo lo dejo en ellas. Por eso estroy tranquilo, sé que toman decisiones, a veces difíciles. Si en este momento a mí me llegaran a matar, ese albergue seguirá funcionando, porque he preparado a la gente de tal forma que puedan prescindir de mí. Nadie es indispensable y lo tengo claro, yo voy a hacer lo que le toca a Solalinde, nada más.
–Hace rato cuando dijo “delincuencia organizada”, continuó con palabras como funcionarios, políticos, servidores públicos. En alguna ocasión pidió perdón a Los Zetas, por ser producto mismo de la corrupción. ¿Son las instituciones más peligrosas para el migrante que el mismo crimen organizado?
–Es todo. La violencia es por acción y omisión. Por acción, entiendo al crimen organizado y entiendo a quienes están arriba de ellos, entiendo políticos, corporaciones policiacas, todas personas que actúan con ellos. Del otro lado viene la violencia por omisión y es eminentemente institucional. Las instituciones debieran sentir, reaccionar, dar su vida para defender a esos pobres hermanos, a las mujeres, a los niños. El resto de la Iglesia también e instituciones como el gobierno son los que debieran hacer esto. Si no hubiera sido por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), que ha tenido una actitud de solidaridad y acompañamiento con los migrantes, ¡Híjoles! Quién sabe que hubiera sido. Es muy triste el panorama institucional, instituciones burocráticas, insensibles, que se han hecho también materialistas y pragmáticas. Ellos también colaboran con su indiferencia, con su silencio, al agravamiento de esta tragedia humana que viven los migrantes.
–Algunos de los que llegan al albergue deciden regresarse, otros se quedan, y otro tanto se va. ¿Llegan al otro lado?
–Sí. Y a veces me hablan. Yo puedo decir que los guatemaltecos llegan más y le voy a decir por qué, porque las redes sociales entre ellos son más fuertes, son redes indígenas, son solidarios. Incluso, entre ellos, se cooperan y pagan secuestros, el derecho de piso, no alegan con los zetas, simplemente les piden algo y ya lo llevan, así de fácil. Llegan por eso a Estados Unidos, porque tienen ese apoyo de las redes entre ellos. Cuando muchos de ellos llegan, me hablan por teléfono. Martha y Ovido, una pareja, llegaron y me hablaron. Me dio tanto gusto, yo creo que ellos al igual que yo, estaban llorando. Me dijeron que estaban bien, incluso mandaron una deuda de mil pesos que les había dado su familia. Esos mil pesos, habían tenido que pagarlos a la Policía Federal. Cuando me hablaron me dijeron ‘ya pagamos nuestra deuda’ que eran los mil pesos, equivalentes a los quetzales que les habían dado y les fueron quitados.