Paola Reyes.- Parque Ávila Camacho, San Isidro, Santa Cecilia, Parque Morelos, Lázaro Cárdenas-Colón y Ex Penal de Oblatos son algunos de los lugares donde el Área Metropolitana de Guadalajara cuenta con espacios destinados para el deporte skateboarding.
Aproximadamente, poco más de 10 pistas de skate son las que, de manera estirada, cubren con la demanda que día a día crece en los municipios metropolitanos. Y es ahí en una de esas pistas donde el miércoles pasado nos sentamos a charlar algunos peatones poco extremos y chicos amantes del skate. Estos eskatos, que desde el año 2000 se han enfrentado (porque enfrentarse es la palabra cuando los canales de participación no existen) a gobiernos que poco caso hacen a las necesidades de este deporte. Situación: la necesidad de un diálogo y trabajo entre servidores públicos y usuarios reales.
¿Y a mí qué? ¿Por qué habría de importarnos a todos como ciudadanos la situación de las pistas de skate en la AMG? Porque es aquí también donde se refleja una de las debilidades de nuestros gobiernos municipales, la mala utilización de los recursos tanto humanos como financieros. Los veteranos del skateboarding en nuestros municipios aplauden la iniciativa de los gobiernos locales por construir espacios para este deporte. Sin embargo, lamentan que con los presupuestos se lleven a cabo obras que poco cumplen con las especificaciones mínimas para que estas pistas sean lugares óptimos para el deporte.
La calidad de los materiales, la falta de fluidez debido al mal diseño de las pistas, la incongruencia entre la velocidad de las rampas y el resto de los obstáculos colocados en los circuitos son una de las tantas especificaciones técnicas que se ignoran, pero sobre todo —y lo que más lastima el ánimo de los ciudadanos— es que no se consulte y se tome en cuenta el conocimiento mas sustancioso a la hora de proyectar una obra de este tipo: El CONOCIMIENTO DE LOS VERDADEROS USUARIOS.
Ante este argumento me surge una pregunta: ¿Qué opinan los usuarios más jóvenes, aquellos que cada tarde, mañana y noche se reúnen a realizar un deporte pese a las condiciones de las pistas?
“Los usuarios de alguna manera se adaptan, es como cuando el papá te quiere enseñar por el camino más difícil”, me responde uno de los eskatos.
Pese a que en ocasiones este camino es el que fortalece la enseñanza, en este caso el camino difícil no significa sólo lecciones de vida, sino accidentes que con un diseño mas óptimo podrían evitarse.
¿Y si este mismo tema lo trasladamos a la proyección de las banquetas, accesos para discapacitados, parques públicos, estacionamientos de bici y cualquier proyecto que sea destinado para uso público? Tanto eskatos, como peatones, ciclistas y personas en sillas de ruedas nos preguntamos en qué momento y hasta cuando existirán los canales formales y necesarios para hacer de estos procesos unos que por obligación gubernamental y derecho ciudadano sean procesos de trabajo participativos.
Los jóvenes eskatos expresan la necesidad (desde hace años) de construir una pista de skate boarding que ponga el ejemplo a los proyectos que en un futuro vengan. Porque, ¿cómo vamos a aprender si tomamos como referencia espacios mal diseñados que a decir de los usuarios directos son un “copy-paste” de proyectos que tampoco cumplen con las normas? ¿Quién pondrá el ejemplo de una buena pista de skate donde las necesidades, experiencias y conocimientos del usuario sean transformadas por esos arquitectos e ingenieros que habitan las direcciones de obras públicas de nuestros municipios? ¿Tlaquepaque, Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Juanacatlán, El Salto?
Y así transcurre la plática entre la única sombra existente dentro del parque de skate. Al parque no sólo le hace falta un buen diseño en la pista, sino también mobiliario urbano; desde bancas, botes de basura, iluminación, un reglamento serio que dignifique el lugar y un mayor número de ciudadanos que estén comprometidos con un espacio que los dignifique como deportistas
Yo, como usuario indirecto de los parques de skate, veo en ellos un gran potencial y un lugar del que también puedo apropiarme. Al final, ¿quién no ha ido una tarde cálida a sentarse a la orilla de unas albercas de skate a pasar el rato?
¡Ah! ¿No lo ha hecho nunca?
El espectáculo de ver a esas chicas y chicos que bailan y flotan al ras del cemento con un ritmo envidiable está recomendado al 100 por ciento. Y la entrada es libre.