Con el deceso de Miguel Nassar Haro, en el Distrito Federal a la edad de
Con el deceso de Miguel Nassar Haro, en el Distrito Federal a la edad de 87 años, viene a la memoria la leyenda negra que significó la Dirección Federal de Seguridad en los años 70 y que, como policía política, fue significativa durante la guerra sucia, que marcó la controvertida carrera del ahora desaparecido.
Nassar Haro en esos años sentó sus reales en el país, pero principalmente en Guadalajara, cuando se decidió la extinción de los grupos izquierdistas que en la perla tapatía fueron tan duramente combatidos, y que estaban conformados por jóvenes del sexo masculino, pero en los cuales había también mujeres.
Esos grupos empezaron a ser conocidos como Los Vikingos, que estaban conformados por residentes en el barrio de San Andrés, perteneciente al municipio de Guadalajara, y que curiosamente se prolongaba hacia el poniente por los sectores Libertad y Reforma con límites en la calle 66, precisamente en la nevería conocida como Ruta 66.
Allí era el sitio de reunión de Los Vikingos que no era una simple pandilla sino un numeroso contingente de donde surgió ya a nivel nacional la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Los Vikingos comenzaron a ser combatidos por el Servicio Secreto perteneciente a la Policía Municipal de Guadalajara, que llevaba a cabo continuos arrestos hasta que se prendieron en la ciudad de México los focos rojos, y sobre ellos se centró la policía política.
La Dirección Federal de Seguridad tomó muy en serio la aparición de la Liga, y desde entonces su jefe, Miguel Nassar Haro, hizo de Guadalajara su cuartel general. Los Vikingos, de ideología izquierdista pero de tendencia moderada, al darse cuenta que serían perseguidos entraron en pánico y muchos llegaron al grado de emigrar hacia los Estados Unidos.
Como era de esperarse, Nassar Haro, al establecer oficinas en la colonia Moderna de esta ciudad, consiguió de inmediato la colaboración de las secretas en su lucha contra los que ya eran conocidos como guerrilleros.
La DFS Guadalajara estaba conformada por un reducido grupo de agentes, ya que el Servicio Secreto se hizo cargo de la situación, y numerosos grupos se integraron a la lucha antiguerrillera, que fue feroz e intensa.
Nassar desde temprana hora dirigía la lucha desde la Calzada Independencia, y se le veía prácticamente todo el día por los pasillos que conducían tanto a la oficina del jefe como al llamado laboratorio donde se fichaba a toda persona que era detenida, no solamente los subversivos, sino también los que incurrían en delitos del orden común, como robos a personas, domicilios y a bordo de los camiones del servicio urbano.
Con la guerra declarada a los de la 23 de Septiembre, que estaban armados y que cometieron secuestros de personas tanto del sector empresarial como algunos políticos adictos al régimen y hasta del medio de la Primera División del futbol nacional, la ciudad se convirtió en escenario de enfrentamientos y captura de cabecillas.
También se persiguió no sólo a los de San Andrés, que se les tenía como pertenecientes a la Liga 23 de Septiembre, sino a los demás grupos guerrilleros que aparecieron en el Distrito Federal y ciudades del interior, como los del Partido de los Pobres, los de la Unión del Pueblo y otras denominaciones.
Se consignó a muchos detenidos ante las autoridades competentes, pero también se les atribuyeron a los de la DFS asesinatos y desapariciones, principalmente cuando se les “pasaba la mano” en las investigaciones e interrogatorios.
Murieron detenidos en los separos de la Calzada, pero principalmente en el cuartel de la Dirección en la colonia Moderna, como lo admitirían años después los que fueron agentes secretos.
A Nassar se le atribuyó el homicidio de un personaje, Carlos Ramírez Ladewig, que había surgido de las filas estudiantiles de la Universidad de Guadalajara, y que fue victimado a plena luz del día en el cruce de las avenidas Washington y Niños Héroes, de la colonia Moderna, muy cerca del cuartel de la DFS. El desaparecido fue muerto a tiros cuando se dirigía a su domicilio tras concluir sus labores como delegado en Jalisco del IMSS.
Nassar Haro fue intocable cuando el régimen llevó a cabo su guerra sucia tanto en Chihuahua como en Guerrero y otras poblaciones de la república. Un desaparecido compañero periodista se ufanaba de ser paisano tanto de Nassar como de Mauricio Garcés, ya que afirmaba que ellos eran hijos de árabes nacidos en el puerto de Tampico, Tamaulipas.
El ahora desaparecido siempre tuvo en su contra a la senadora Rosario Ibarra de Piedra, quien por muchos años le reclamó la desaparición de su hijo, al que no volvió a ver ni vivo ni muerto.