El Correo Ilustrado

No reelección en la CEDHJ Diputada Claudia Esther Rodríguez González, presidenta de la comisión de Derechos Humanos en el Congreso estatal: Quien suscribe la

No reelección en la CEDHJ

Diputada Claudia Esther Rodríguez González, presidenta de la comisión de Derechos Humanos en el Congreso estatal:

Quien suscribe la presente solicita se realice nueva convocatoria conforme al artículo 102 constitucional, a fin de que se realicen foros y consultas públicas amplias sobre el perfil de quien debe asumir la presidencia de la CEDHJ.

El tiempo que destinaron en la anterior convocatoria de dos días es insuficiente para cumplir con la exigencia consitucional de consultar con la ciudadanía y la sociedad civil organizada las propuestas y perfiles de quien deberá asumir la conducción de una institución tan importante como la CEDHJ.

Solicitamos que se evalúe el desempeño del actual presidente de la CEDHJ, se realice un diagnóstico sobre la situación de los DH en el estado y se convoque a foros y consultas públicas para elegir a quien debe asumir con vocación y trayectoria la defensa de los derechos humanos en Jalisco. Por un diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en el estado de Jalisco, por una consulta amplia y ciudadana sobre el perfil del nuevo ombudsman en el estado. Por la no reelección de un presidente violentador de los derechos humanos.

El Congreso local emitió el pasado 17 de enero una convocatoria a modo para la reelección de Felipe de Jesús Álvarez Cibrián al frente de la CEDHJ, pues concedieron sólo dos días para el registro de aspirantes sin evaluar previamente al actual presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y contravinieron las recientes reformas constitucionales en materia de derechos humanos. Éstas preveen para estos casos una consulta amplia y ciudadana con organizaciones civiles, instituciones académicas y con la sociedad en general.

Exigimos que se abra el debate y discusión sobre la situación de los derechos humanos en la entidad, se consulte y se realicen foros públicos y abiertos para la presentación de propuestas de perfiles de candidatos a presidir la CEDHJ. Exigimos que se evalúe el actuar y desempeño de quien hasta ahora ha permanecido al frente de la CEDHJ, quien se ha caracterizado por su autoritarismo, homo y lesbofobia, cómplice de quien violenta los derechos humanos en el estado y quien propicia retrocesos en los derechos de las mujeres.

Álvarez Cibrián, el mismo que cerró las puertas a ciudadanas y ciudadanos que exigían su pronunciamiento frente a reformas legales que obstaculizan derechos de las mujeres. Es el mismo que cerró las puertas a grupos de la diversidad sexual; el mismo que celebra la declaración de los derechos humanos (el pasado 10 de diciembre de 2011) en el hotel Hilton, con el acompañamiento de las élites política y económica y con las puertas cerradas a la ciudadanía.

Pronunciémonos por la no reelección de Álvarez Cibrián al frente de la CEDHJ; Exijamos una CEDHJ autónoma y un ombudsman comprometido con la defensa de los derechos humanos de todas y todos.

María Guadalupe Ramos Ponce

Reduccionismo del cardenal

Con relación al escrito del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, ahora administrador apostólico de la Arquidiócesis de Guadalajara, publicado en Semanario el 12 del presente, hago algunas precisiones con objeto de ayudar a la reflexión.

Me concentraré en dos temas que presenta el cardenal: el movimiento de la Ilustración y el ateísmo.

Con respecto a la Ilustración deseo hacer notar que en el escrito mencionado se trata a este movimiento en forma reduccionista y achacándole sólo consecuencias negativas. El cardenal dice: “El movimiento de la Ilustración –que floreció en Europa en los siglos XVII y XVIII– fue un alzamiento de liberación intelectual del hombre con actos de rebeldía, de soberbia y la creencia de que el hombre puede alcanzarlo todo y solucionar sus problemas mediante la ciencia y la técnica”. En esta afirmación, sin duda, se tocan algunas de las limitaciones de la Ilustración. Sin embargo, es preciso reconocer que este movimiento tuvo muchos aspectos positivos que tocan a un humanismo que busca la autonomía del ser humano y que no forzosamente conduce al ateísmo. Dicho movimiento, es justo reconocerlo, ha tenido implicaciones en la filosofía, en la religión, en el derecho, en la política, en la ciencia y en las artes, mismas que han influido en la historia de occidente e incluso en otros continentes o países. Podemos decir también que sus consecuencias siguen vigentes en la mentalidad y culturas actuales. En el caso de México se tiene que reconocer la influencia directa o indirecta –sin magnificar este dato– que tuvo la Ilustración en los próceres de la Independencia como Hidalgo, Morelos, Rayón… ellos buscaron la libertad y la autonomía de su pueblo con una mentalidad ilustrada sin renunciar a la fe religiosa que profesaron hasta el final de sus días.

En el mismo sentido reduccionista del escrito del cardenal se encuentra la mención que hace del culto a la “diosa Razón” que se rindió en París, Francia, a una mujer cuya identidad, por otra parte, se desconoce, como un símbolo de los ideales que deseaban impulsar los representantes de este movimiento. Es un hecho sin duda reprobable, sobre todo por el contexto en que se hizo, que no puede colocarse como el prototipo de la Ilustración que se pretendía implantar.

En sí, el movimiento de la Ilustración, un tema por demás complejo, trató de responder a la invitación de Kant a que el hombre “saliera de su autoculpable minoría de edad”, idea que condensó este notable filósofo –que tampoco dejó de ser creyente- en aquella célebre frase: “Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”, (Sapere aude).

Por otra parte, dentro de las limitaciones y tergiversaciones de la Ilustración, el cardenal no menciona el eurocentrismo de ese movimiento ni la justificación que algunos de sus representantes hicieron del racismo y, concretamente, de la trata de esclavos. Pero, en sí, reitero, no se puede en unas cuantas líneas pintar sólo de negro a un movimiento que tuvo y sigue teniendo valores, sin duda incuestionables, como los señalados.

Con respecto al tema del ateísmo, me permito señalar que en el escrito del cardenal existe una presentación negativa de este fenómeno que hoy es sin duda más frecuente que en otras épocas. El cardenal presenta como culpables a los ateos que no llegan a descubrir la existencia de Dios en sus vidas y en la historia. El ateísmo lo trata, por otra parte, como el resultado de la “ignorancia o soberbia” señalando que los ateos no se “esfuerzan” por descubrir la existencia de Dios. En esta afirmación del ateísmo se basa el cardenal para presentar la existencia de Dios como si se tratase de una demostración científica al estilo de lo que se puede comprobar matemáticamente y en las ciencias en general.

Las famosas “pruebas” de la existencia de Dios no van por fortuna en esa línea. Los ateos no son, en general, personas ignorantes o gente de mala voluntad. Hoy, sin duda, nos encontramos en un universo enigmático del cual somos más conscientes. Cito a un filósofo y teólogo actual: “Dios ha creado el mundo con una borrosidad que permite una hipótesis puramente mundana que pueda dar sentido a la vida de quienes se colocan libremente al margen de Dios; pero es una borrosidad que permite también la hipótesis teísta que funda la religión universal. Pero esta borrosidad metafísica instala a todo hombre (teístas, ateos y agnósticos) ante un esencial problematismo natural que acompaña siempre sus vidas”. (Javier Montserrat) Creo que esta postura es más respetuosa ante quienes hacen la opción de negar la existencia de Dios”.

Finalmente, conviene tener presente que la postura más actual –y diríamos evangélica– ante el ateísmo es reconocer humildemente la responsabilidad que tenemos los creyentes al presentar con nuestras palabras y, sobre todo con nuestros hechos, imágenes falsas de Dios como se atrevió a reconocer el Concilio Vaticano II: “… en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa o con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (Constitución de la Iglesia en el mundo actual, número 19.)

Creo que el Concilio, cuyo 50 aniversario celebraremos este año, sigue haciendo un llamado a quienes nos llamamos creyentes a presentar imágenes más auténticas de Dios. Falta, a mi modo de ver, esta necesaria autocrítica en el escrito mencionado.

José Luis Razo Ochoa

La reforma al 24 busca una educación excluyente y discriminatoria

Manifiesto la profunda preocupación que me causa como ciudadana, docente y madre de familia enterarme que la Cámara de Diputados aprobó el 15 de diciembre de 2011 la reforma al artículo 24 constitucional en el que se menciona que “toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo…”.

Aunque textualmente no menciona que se otorga libertad para dar clases de religión o ritos religiosos en las escuela, sí lo hace de manera encubierta, ya que está concediendo el derecho a una persona de solicitar que se celebre dentro de una escuela una ceremonia o un acto religioso y éste pueda llevarse a cabo, violando de esta manera el artículo tercero constitucional, que menciona que la educación debe ser laica y deberá luchar en contra de fanatismos.

La misma historia nos señala la influencia negativa de la Iglesia católica en la educación, a la qie utilizaba como instrumento de dominación y control. En la época de la colonia Española la educación se impartía en los atrios de los templos y en los conventos, situación que cambió cuando se dictaron las Leyes de Reforma, entonces  el estado pasó a ser el que la controla y regula. Sin embargo, aunque se prohibía la enseñanza religiosa, en muchas escuelas privadas se continuaba dando clases de religión, situación que permanece en la actualidad, donde también se obliga a los alumnos a practicar ritos católicos.

Esta intención del clero católico de tener el control de la educación se manifiesta en la palabras del cardenal Norberto Rivera Carrera durante su homilía dominical en la Catedral Metropolitana, publicadas el día 9 de enero del presente año en el diario Milenio, donde manifiesta que la libertad religiosa no se puede reducir a un templo y se debe practicar en público. Además alentó a los senadores a aprobar las reformas al artículo 24 sobre “libertad religiosa”. Esto, claro está, sin tomar en cuenta la opinión de millones de ciudadanos preocupados por que se viole el Estado laico, mismos que hemos alzado la voz para manifestar nuestra inconformidad sobre esta reforma.

Uno de los documentos de más relevancia en la actualidad y que se aplica a la educación a nivel mundial es el informe La Educación encierra un Tesoro, presentado a la UNESCO por la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, presidida por Jacques Delors e integrado por 15 personas, entre los que se encuentran especialistas en educación, en política pública, ex ministros de educación, de estado, de economía, sociólogos, legisladores, historiadores, diplomáticos, investigadores en ciencias políticas, sociales y geográficas, entre otros. Según Ricardo Diez Hochleitner implica “un alarde de omnicomprensividad, amplio análisis, apretada síntesis, visión a largo plazo e inspiración humanística, junto con el más exquisito respeto a la gran diversidad de circunstancias y culturas”.

En este informe se llega a la conclusión de que la educación “constituye un instrumento indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de paz, libertad y justicia social”, también convencidos de la función esencial de la educación como una vía “para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las incomprensiones, las guerras…”

Considera que las políticas educativas deben ser para enriquecer los conocimientos, pero sobre todo para fomentar las relaciones entre los individuos, grupos y entre naciones. Con el anhelo de vivir en un mundo mejor donde se respeten los derechos humanos, se practique el entendimiento mutuo y se haga del desarrollo del conocimiento un instrumento de promoción del género humano y no de discriminación; en donde la cohesión social sea una de las finalidades de la educación.

Menciona también que “ninguna filosofía particular ni ninguna tradición cultural pueden acaparar esta forma de enfocar la vida en sociedad, que es una de las aspiraciones universales que definen la orientación de la educación en este fin de siglo”.

Una de las principales cuestiones con que debe enfrentarse el mundo hoy en día es el lastre creciente de las exclusiones y corresponde a la educación hacerle frente a través de una enseñanza eficaz que conduzca a la comprensión de una alteridad social.

Excluir significa apartar o quitar a alguien o algo de un lugar o de un grupo, y esta exclusión se da por motivos socioeconómicos, culturales o religiosos.

Por tanto la educación no debe ser excluyente sino incluyente, que incorpore a todos los integrantes de la sociedad en ese trabajo solidario para construir un México democrático, con paz y cohesión social, rumbo a un crecimiento armonioso que brinde los instrumentos para procurar a sus habitantes un mejor nivel de vida y un ambiente de equidad y justicia social para todos.

Considero que los pensamientos de solidaridad, cohesión social, inclusión, no discriminación, paz, justicia social, entendimiento mutuo y democracia no pueden darse en una escuela donde la religión quiera dominar el pensamiento y cultura de los estudiantes que además no tienen las mismas doctrinas religiosas, provocando de esta manera discriminación, conflicto y exclusión hacia las minorías religiosas.

Exijo como mexicana y votante de este país que se escuche nuestra voz y se analicen todas las repercusiones negativas y el retroceso que implicaría a la educación mexicana el votar en favor de una reforma que no es aprobada por la mayoría de los mexicanos.

Esther Esparza Montoya

La Jornada
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