A 20 años de la caída del muro de Berlín - La Jornada Jalisco
Usted está aquí: viernes 13 de noviembre de 2009 Opinión A 20 años de la caída del muro de Berlín

A 20 años de la caída del muro de Berlín

JUAN ALCALÁ

Hace 20 años Europa cambió y dio una lección al mundo. La caída del muro de Berlín fue un parteaguas de la historia moderna por su simbolismo y significado político posterior. Este evento fue parte del inicio de un cambio de fondo en la geopolítica mundial al replantearse la bipolaridad sistémica de la posguerra.

Berlín significó por muchos años la lucha entre esa bipolaridad entre un régimen democrático, capitalista, y otro de carácter comunista. A partir de los acuerdos de Yalta, firmados por Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, Alemania quedó dividida en una República Federal y otra Democrática. Además, territorialmente cada uno de los países en cuestión se quedó con una parte bajo su control, siendo Berlín el caso más notorio al quedar fragmentada territorialmente en cuatro porciones.

La Guerra Fría comprimió las relaciones entre los países que se quedaron con una parte del territorio alemán. El embargo de productos de occidente hacia el bloque comunista, fue una de muchas causas para que las relaciones se tensaran y que la carrera armamentista se incrementara con la finalidad intrínseca de cada uno de los bloques por demostrar su poderío.

El reforzamiento de las fronteras como una idea esencial de defensa de los intereses del bloque comunista, dio origen en 1961 a la construcción del llamado “muro” que no era otra cosa que una barrera para evitar la deserción de ciudadanos de Alemania democrática a la Federal y controlar el flujo de productos hacia el este.

La caída de este símbolo del totalitarismo, finalmente fue el inicio de una revolución silenciosa que desnudó la debilidad del bloque comunista a partir de su atraso en muchas áreas, especialmente tecnológicas, en relación al bloque occidental que contaban con sistemas democráticos con mayores libertades y mercados de consumo más amplios.

Ante este escenario, la Unión Soviética quedó rebasada y su entonces presidente Mikhail Gorbachov comenzó a proponer reformas que apostaron por la reducción armamentista, la terminación de conflictos bélicos como el de Afganistán, la apertura política, la transparencia hacia los medios de comunicación y la rendición de cuentas, lo que permitió mejorar las relaciones con Estados Unidos y sus aliados del lado capitalista, así como su integración al mundo como lo conocemos ahora.

La experiencia soviética desde su desintegración en 1991, si bien ha tenido defectos por las diferencias sociales que ha generado, también dio oxígeno para que los países conformados en el bloque comunista pudieran cambiar, incluyendo a China, que si bien sigue teniendo una estructura comunista, ha asimilado perfectamente las capacidades del liberalismo económico.

A 20 años de este suceso, el camino de reconocimiento de un entorno global se encuentra más acabado, mas regionalizado, pero no ha finalizado. Existen todavía conflictos estructurales en todas las regiones del mundo que no han sido resueltos y que permiten que continúe un severo desequilibrio entre los países, incluida la Unión Europea.

La membresía de esta, 27 países de características completamente distintas entre unos y otros, todavía no logra homologar sus niveles financieros. Aunque con moneda común, las diferencias entre economías son distintas. De Albania a Francia o de Croacia a Suecia existen diferencias muy fuertes basadas en cuanto a desarrollo se refiere.

Incluso, cabe destacar el caso de Gran Bretaña que, siendo la economía más poderosa de la región, políticamente se encuentra activa dentro del gobierno de la Unión promoviendo al ex primer ministro Tony Blair para la próxima presidencia, todavía no adopta al euro como su moneda, ya que la libra esterlina tiene un valor más alto en el mercado de divisas.

Si bien la democracia no es la solución de todos los males, este sistema funda las bases para que las libertades de los ciudadanos sean toleradas y respetadas por los regímenes de gobierno. El caso alemán es muy claro en eso. Especialmente dramático cuando quedaron abiertas las diferencias sociales que existían de una calle a otra divididas solamente por un muro.

El muro de Berlín es significativo para la Europa contemporánea. Sin embargo, no es el único de esta naturaleza. La frontera común con Estados Unidos está cubierta en gran parte de su perímetro lineal por un muro que divide para muchos el desarrollo del norte con las desigualdades del sur.

Los problemas actuales en la geopolítica mundial parten de conflictos religiosos, étnicos y de medio ambiente. La pobreza global y el subdesarrollo son temas que tienden a empañar el futuro de las regiones por el desequilibrio que fomenta y la migración que causa hacia países más ricos en la búsqueda de mayores oportunidades.

El mundo vive de símbolos y este es el último del siglo pasado que todavía se encuentra vigente. La unificación alemana y la caída de la Unión Soviética fueron un parangón en la historia moderna. La importancia del aniversario tal vez sea lejana para nuestro país. Nuestras necesidades y condiciones son distintas. Pero también hay ejemplos a seguir.

Al final del día, lo importante de un mundo equilibrado son las libertades. Reunirse, protestar, vigilar, comunicar, trasladarse, desarrollar una profesión, decidir, entre otras, son las garantías que los gobiernos deben ofrecernos. Los símbolos de esta naturaleza son importantes por ello. Crean una importante esperanza sobre un futuro mejor.

cicero.senator@gmail.com

 
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