La Hacienda de San Juan, testigo silente de la historia de México
La Hacienda San Juan de Arroyo de En Medio, ubicada en Tonalá, ha sido un gran testigo de la historia de Jalisco; con una tierra generosa para el cultivo del trigo y el maíz, situada a pocos metros del camino real a la ciudad de México, sus ecos cuentan historias de cuando Hidalgo bregaba en la Batalla de Puente de Calderón y de cuando sus muros resguardaron al general Ignacio Allende la noche del 17 de enero de 1811. Ahora, en el siglo que comienza, permanece casi escondida en la cuna alfarera.
La modernidad amenazó la antigua construcción cuando en el 2000 una empresa fraccionadora compró los terrenos de la ex hacienda y las trojes. Sin embargo, el año pasado el Ayuntamiento de Tonalá recuperó dos hectáreas en donde están las ruinas de las edificaciones, protegidas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La familia García de Quevedo, ex propietaria de la finca, y el gobierno municipal impulsan el rescate y conservación para convertirla en centro cultural y museo. Paralelamente trabajan en el rescate de la historia oral para materializarla en publicaciones, apoyadas por la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Oviedo.
Una hacienda moderna
Hoy para llegar a la ex hacienda hay que atravesar el fraccionamiento Hacienda Real y la primera edificación a la vista son las trojes, cuyos muros lucen apuntalados con vigas de metal. Después de cruzar el antiguo camino real, se puede ingresar a la finca, que a pesar de los 60 años de abandono, todavía sus paredes, ventanas, herrería y habitaciones hablan de un lugar que fue moderno para su época y que alojó a una familia numerosa. En uno de sus recovecos todavía conserva el sistema para generar luz eléctrica y el acueducto.
Antes de la entrada principal, recibe un extenso terreno -antes fue una huerta- que conserva algunos árboles frutales y plantas y en donde las ardillas huyen de la presencia humana.
Aún se puede apreciar la construcción de estilo ecléctico en donde reina el silencio, que sólo es interrumpido por el sonar de los murciélagos. Las enormes habitaciones conservan su piso original y en todas hay evidencias del saqueo.
Centro de producción y distribución de Occidente
Los hermanos Andrés y Alberto García de Quevedo no tuvieron la posibilidad de vivir en la ex hacienda, pero la curiosidad por sus antepasados, que aseguran la heredaron de su padre, los llevó hasta Manuel García de Quevedo y de Mier Ríos Terán y Villegas, un hombre importante para la historia del Occidente de México y cuyos descendientes han sido fundamentales para la ciencia, la tecnología y la ecología de este país.
Andrés contó que es chozno de Manuel, quien llegó a estas tierras enviado por el Reino de España como oidor para la Audiencia de Nueva Galicia. Pertenecía a una familia conectada con asuntos del reino y ésa fue la razón por la que vino.
En el tiempo en que José Bonaparte invadió España, Manuel fue cónsul del tribunal del consulado francés en Nueva Galicia. “Eso lo que indica es que no estaba ni con España ni con Francia, él estaba con México, y se dirigía hacia lo que le convenía a la población local”.
Además de sus funciones públicas, Manuel fue propietario de las haciendas del Cuatro, del Rosario y la del Castillo y de San Juan de Arroyo de En Medio, que abarcaban los actuales municipios de Tonalá, Zapotlanejo, El Salto, Tlajomulco y Guadalajara porque llegaban hasta el Parque Agua Azul. En las haciendas se producía trigo y maíz, por lo que conformaban un importante centro de producción y distribución del Occidente de México y daba empleo a la mayoría de la población que vivía en sus alrededores. La producción se exportaba a Europa, se la transportaba por el camino real hasta Veracruz y llegaba al puerto de Santander, España.
“Las haciendas se manejaban por separado, pero el punto central era la de San Juan, ahí vivía la familia y también en Guadalajara. Hay que hacer la salvedad de que las ruinas que hoy están en Tonalá pertenecen a la hacienda que existió a finales del siglo XIX, la que hizo Manuel estaba ubicada a un kilómetro al sur. Pero las trojes (edificación ubicada en frente de la ex hacienda) sí corresponden a la anterior hacienda”, dijo Andrés.
Allende se refugia en San Juan
Según las investigaciones realizadas por la familia García de Quevedo, Manuel rescató al general Ignacio Allende después de la Batalla de Puente de Calderón y este sucedo lo conocen por tradición oral.
“En la Independencia todos los insurgentes habían sido del ejército realista y simplemente se cambiaron de bando porque estaban en contra de que México estuviera controlado por el reino de España. Al estar Manuel G. de Quevedo como oidor y representante del Reino de España en la zona, lo que está visto es que estaba jugando un doble papel, él estaba del lado de los insurgentes aunque tenía que estar como oidor.
“Cuando se entera que los insurgentes están perdiendo la Batalla de Puente de Calderón, los datos dicen que sale al galope hasta el sitio y rescata al general Ignacio Allende y lo trae a la Hacienda. Lo que sabemos es que en ese momento Hidalgo y Allende ya estaban de choque, después de la Batalla de Calderón Hidalgo pierde el mando de las tropas insurgentes y las toma Allende. Lo que fue hacer Manuel fue salvar al general para que no fuera arrestado, y por lo tanto procesado y ejecutado, aunque después eso pasó en Chihuahua.
“Allende estuvo en la Hacienda la noche del 17 de enero de 1811 porque lo que tenía que hacer era huir. Después las cosas se le complicaron a Manuel, tanto que tuvo que huir del país. Cuando los insurgentes empezaron nuevamente a controlar, Allende fue el que hizo que escoltaran a Manuel hasta el puerto de Veracruz para que se fuera. Regresó un año después. Mientras estuvo en España, con el control de las haciendas quedó su hijo José Valente G. de Quevedo y Portillo, papá de Manuel G. de Quevedo y Zubieta, pero se tuvo que esconder en el poblado de Tlajomulco”.
Andrés también señaló que el cura Hidalgo pasó por la Hacienda para ir a la Batalla de Puente de Calderón porque fue por el camino real, que bordea la ex hacienda.
Manuel García de Quevedo y Zubieta, bisabuelo de Andrés, se encargó de la hacienda San Juan de Arroyo de En Medio entre 1870 y 1924, período en el que por situaciones comerciales vendió las haciendas del Cuatro, del Rosario y del Castillo.
“Se quedó sólo con la de San Juan de Arroyo de En medio porque tenía otros proyectos y necesitaba capitalizar para poder hacerlos. Estuvo metido en la producción de la luz eléctrica en Jalisco. Junto con otros inversionistas construyeron plantas hidroeléctricas, como la Compañía Eléctrica de Chapala”, dijo Andrés.
“Cerca de la hacienda de San Juan de Arroyo de En medio había tres presas, una era la de las Rusias y la hacienda era autosuficiente para abastecerse de energía eléctrica y estamos hablando de finales del siglo XIX. El hermano de Manuel García de Quevedo y Zubieta, fue Miguel Ángel, conocido como el Apóstol del Árbol, que pugnó mucho por la construcción de las hidroeléctricas del país”.
La historia oral también cuenta que en 1916 Venustiano Carranza vino a Guadalajara y pasó por el camino real que bordeaba la Hacienda, cuyo último propietario fue Antonio García de Quevedo.
Crean patronato
El año pasado el gobierno municipal de Tonalá gestionó con la empresa fraccionadora la entrega de los predios como área de donación y actualmente se encuentran ya sujetos a protección federal considerados como Monumentos Nacionales por determinación de ley.
La semana pasada el ayuntamiento estableció formalmente el Patronato Pro Restauración y Conservación de la Antigua Estancia de San Juan de Arroyo de En medio, institución conformada por representantes del sector académico, empresarial, asociaciones civiles y los miembros de la familia García de Quevedo.
La ex hacienda ha sufrido el deterioro natural del paso del tiempo, por lo que hoy en día se conserva aproximadamente el 30 por ciento de su construcción original, asentada en un área de más de diez y ocho mil metros cuadrados. De ahí la importancia de conformar y poner en marcha los trabajos del patronato; que se concentrarán en la restauración y conservación de la casa, las trojes y el acueducto. Estos trabajos forman parte de un conjunto de obras incluidas en el proyecto de Tonalá de Festejos del Bicentenario de la Independencia; entre los que también figuran la rehabilitación de la garita de Puente Grande y el camino real.
“Hemos visto una buena colaboración del ayuntamiento de Tonalá para rescatar el lugar. Son sitios que pueden promover el turismo cultural para el municipio. Vemos con buenos ojos todo el apoyo. Esperamos que todo esto no sea una cuestión de partidos, sino ciudadana. Ahora se dan las facilidades de poder rescatar, el ayuntamiento hizo a bien de enmayar el sitio del viejo casco porque antes podía entrar cualquiera a buscar tesoros. Lo que queremos es que todos los ciudadanos de Tonalá conozcan bien la historia y que el lugar reescriba su propia historia y que esta historia sea pública y patrimonio nacional”, dijo Andrés.
“Se han acercado historiadores de la UdeG y de la Universidad de Oviedo, el interés es de la historia de la ciencia respecto a los tres personajes, Manuel, Miguel Ángel y Salvador que hicieron mucho por la ciencia en México”.
Por su parte Manuel Prieto, encargado de la organización de los festejos del Inicio de la Independencia y la Revolución Mexicana en Tonalá, contó que si bien este año el gobierno municipal no tenía presupuesto para el rescate de la ex hacienda, se consiguieron recursos para apuntalar los muros en las trojes y para la colocación de maya ciclónica alrededor de la ex hacienda. Así mismo se empezó con el rescate del empedrado original del camino real. Se estima que el proyecto de restauración integral alcance un costo de 60 millones de pesos. Todos los trabajos, obras y proyectos del patronato se llevan a cabo bajo la coordinación y supervisión del INAH.
“La dirección de Planeación del ayuntamiento tomó el proyecto e hizo las gestiones ante el INAH. Todavía no tenemos un proyecto ejecutivo, que cuesta un millón y medio. La fraccionadora tenía la posesión de los terrenos y se hicieron las gestiones para que la entregara al ayuntamiento y a su vez se consiguió que la empresa apoyara con una serie de gestiones como la limpieza y el retiro de escombros”, dijo Prieto.
“El plan es restaurar y conservar, pero es a largo plazo. Lo primero que estamos haciendo es proteger con la maya y tenemos vigilancia continua en el lugar. La finca tiene daños considerables porque la gente pensaba que había dinero escondido. La segunda fase será la elaboración de un proyecto, pero primero tenemos que rescatar la historia oral, cómo era, qué funciones tenían, quienes vivían, qué producían, y en eso estamos. Tenemos que identificar las áreas, porque es una condicionante del INAH.
“El apuntalamiento de los muros de las trojes corrió a cargo de la empresa fraccionadora (GIG), fue parte de lo que se acordó con ellos e invirtieron 100 mil pesos para apuntalar. El enmayado de la ex hacienda costó 200 mil pesos y lo hizo el ayuntamiento de Tonalá. También gestionamos con la empresa fraccionadora para que ellos hicieran la recuperación del empedrado original del camino real. Sumando el apuntalamiento, el enmayado y el empedrado se ha hecho una inversión de 600 mil pesos”.
Para finalizar Prieto dijo que el plan a largo plazo es convertir la ex hacienda y las trojes en un centro cultural y un museo en donde se difunda la historia y las tradiciones de Tonalá.