Karla Castañeda y Luis Téllez, dos destacados practicantes del oficio en la entidad
Dibujo, trabajo e imaginación, bases para la animación cuadro por cuadro
El equipo de trabajo elabora un cineminuto sobre la primera proyección de cine en Guadalajara
Karla Castañeda y Luis Téllez llegan todos los días a su estudio con un muñeco en la mano. Un día es un monstruo, otro una viejita, quizás mañana sea un policía. Por estos días están realizando un cineminuto de animación sobre la primera proyección de cine en Guadalajara, una historia fascinante que incluye persecución policiaca por distintas calles de la ciudad.
El lugar de trabajo está poblado de moldes de muñecos, alambres, telas, papeles, tubos de PVC pegamentos, lápices, bocetos, una máquina de fotos, computadoras, cartones. Todos estos objetos ayudan a los dos animadores a dar vida a sus muñecos, que cada día se convierten en protagonistas de sus realizaciones, mismas que los han llevado a festivales de cine, como el de Guadalajara, Morelia, Middle East International Film Festival de Abu Dhabi, en Emiratos Arabes, y próximamente a Cannes.
En México, desde hace un tiempo hay una demanda importante de comerciales con animación. Actualmente existen varias casas o productoras de animación que en su mayoría se encuentran en el Distrito Federal. En Guadalajara existe una importante escuela o movimiento de animación, cuyos trabajos han sido ampliamente reconocidos a escala nacional e internacional. Téllez y Castañeda son dos de los nombres más reconocidos del movimiento, que se suman a René Castillo, Rigoberto Mora, Juan José Medina y Sofía Carrillo.
Nada existe, todo hay que construirlo
Gracias a los avances en los programas de computación, cualquiera puede pensar que la computadora es la única herramienta de trabajo de los animadores. Sin embargo, es no es así.
Para producir una cinta de 30 segundos o para un comercial de televisión o de un largometraje, el proceso de animación debe seguir ciertos pasos de una estructura muy específica. Los artistas de animación son también artesanos, conocedores de física, escultura, fotografía; y a la vez son narradores, cuenta cuentos y magos que transportan a nuevos y aún no soñados mundos transformando la base de sus objetos de dibujo y modelos en algo viviente.
El dibujo sigue siendo la cualidad más importante de un artista de animación, talento que se desarrolla con la práctica, no se aprende en la universidad.
Téllez cuenta que se hizo animador a través del cómic, su primera pasión. “De pronto el cine también me atraía. Desde niño hacía esculturas, dibujos. Fue natural que al final de la carrera empezara a experimentar con una handycam y con personajes. En 1992 y 1993 no había tecnología, entonces empecé a experimentar con record-pausa. Poco a poco se fueron perfeccionando.
“Yo soy un consumidor de cómic y de imágenes. Todo el tiempo estoy viendo cosas. Carla en cambio tiene una mirada muy virgen. En mi caso reconozco mis influencias, pero las carpetas de Carla no se parecen a otras cosas”.
Castañeda asegura que quiso ser animadora para contar historias. “Me gusta la literatura, más bien leo cuentos, y de ahí me inspiro. Hay un personaje que se llama Melquíades y está inspirado en el de Cien años de soledad. Es un personaje que quiere volar y está atado a sus bienes materiales.
El trabajo de un animador empieza con la planeación de una película, armar el guión y desarrollar el storyboard para después expresar la historia a través del movimiento y sincronizar el sonido y la imagen dándole forma y ritmo a las secuencias.
A diferencia del cine de ficción, en el cual participan los actores, en la animación nada existe, y todos los personajes y locaciones hay que construirlas. Es en este momento en el que los animadores echan a volar su imaginación y se valen de cualquier material para crear un tren, una calle, una ventana.
“Nuestro trabajo tiene que ver con la escultura, con lo artesanal, hasta la misma fotografía. Tenemos que sacar los formatos adecuados para que se puedan mover. Hay una parte intelectual porque hay que decir algo. Hacemos muñecos que los diseñamos, hacemos las esculturas en bruto y luego se mandan a hacer los moldes a un taller a México. Algunos de los muñecos son de látex y los gestos tienen alambre de aleación de aluminio con estanio y eso los hace maleables”, explica Téllez.
“La prueba de fuego para un personaje es que pueda levantar las piernas, si no lo puede hacer, entonces no sirve. También las muñecas deben poder moverse y los dedos deben tener un alambre más delgado”.
El animador asegura que para hacer una película los muñecos deben pasar por un casting, igual que en el cine. “Hacemos varios bocetos hasta que encontramos las características adecuadas para los personajes. Los monos tienen muchas veces un proceso de hasta 20 monos, hasta encontrar los adecuados”.
A lo anterior, Castañeda agrega: “Uno siente cuando el mono da de malo o de bueno. Nunca me fijo en las proporciones del cuerpo. La gente me dice que mis monos tienen los brazos bien largos, pero yo no me fijo en eso. Los veo como caricaturas y no me importan las medidas”.
Cada animador desarrolla su propio estilo. “A mí no me gusta contar chistes, me gustan las historias fantásticas y también sé que pongo mucho de mi experiencia. A Jacinta siento que le falta un poco de fantasía, pero tiene mucho de mi experiencia personal. En La Noria (película que en etapa de preproducción) también involucraré mucho de lo que sé sobre las chavas que viven en mi pueblo (Teúl de González Ortega) y que han sido abandonadas por sus maridos que se van a trabajar del otro lado y que regresan cada vez que se muere alguien de su familia”.
Por su parte, Téllez afirma que sus personajes e historias surgen a través de preguntas. “Entro mucho en el qué pasaría si y a partir de eso combino imágenes. Tengo asociaciones de personajes que imagino con cosas que pienso a futuro. Por ejemplo, para el largometraje de animación Inzomia, que estoy preparando, me pregunto qué pasaría si inventan una pastilla que recupera energía a tal grado que puedes prescindir de dormir, como el Prozac. Todo esto llevo a una ficción de un futuro donde inventan la pastilla y las consecuencias que trae”.
Los artistas coinciden en afirmar que en Guadalajara es una buena plataforma para desarrollar su arte. Reconocen que si bien las principales cuentas comerciales que requieren animación están en el DF, la tecnología les permite trabajar a distancia y así las casas de animación les encargan los trabajos.
En la actualidad están trabajando en la realización de los espots para cine y televisión de la próxima edición del Festival Internacional de Guadalajara. Téllez prepara el largometraje Inzomia y Castañeda La Noria.
En mayo llevarán Jacinta, cortometraje dirigido por Castañeda y producido por Téllez, al Festival de Cine en Cannes. Ambos participarán en el proyecto Batallón 52, el cual consiste en realizar 52 cortometrajes de animación con temas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución para proyectarlos en las salas de cine en el 2010.