Petróleo en la Lacandona - La Jornada Jalisco
Usted está aquí: jueves 27 de noviembre de 2008 Opinión Petróleo en la Lacandona

CARLOS GONZÁLEZ GARCÍA

Petróleo en la Lacandona

El reciente anuncio hecho por la secretaria de Energía, Georgina Kessel, en el sentido de que próximamente Pemex iniciará la explotación de petróleo en la Selva Lacandona, representa el último capítulo de una vieja historia cuya parte medular consiste en el despojo de los pueblos mayas asentados en forma milenaria sobre las tierras que abarcan tan codiciada selva, única en el mundo junto con la región amazónica.

1. Tal como lo han documentado diversos investigadores, la exploración y explotación de hidrocarburos en la Lacandona no es cosa nueva, pues, desde hace años Pemex inició la colonización de dichas tierras con la exploración exhaustiva –que se vio interrumpida en 1993, ante el vertiginoso crecimiento del EZLN– y la perforación de diversos pozos en las regiones de Marqués de Comillas, San Fernando y Ocosingo que actualmente se encuentran en silenciosa operación (para el caso resulta valiosa la obra de Andrés Barreda, Atlas geoeconómico y geopolítico del estado de Chiapas–1999).

2. De hecho, desde finales de los 60 la Selva Lacandona se había convertido en un espacio estratégico para los gobiernos de Estados Unidos y México, espacio que, por supuesto, debería ser férreamente controlado para beneficio de los poderosos intereses empresariales, incluidos los de la burocracia mexicana, que dominan el país. Por ello, en marzo de 1972 el presidente en turno, Luis Echeverría Alvarez, a despecho de los 47 poblados indígenas tzeltales, choles, tzotziles y tojolabales que se ubicaban dentro de la Selva, reconoció y tituló en favor de la comunidad lacandona, es decir, en favor de 66 familias pertenecientes al pueblo caribe, la superficie de 614 mil 321 hectáreas. Se trata de la mayor comunidad agraria del país y, a decir de la organización no gubernamental Maderas del Pueblo, de un gran fraude agrario que puso una enorme extensión de tierras en unas cuantas manos, aun cuando originalmente estaban en posesión de más de 4 mil familias indígenas. El avieso propósito de la resolución agraria emitida por Echeverría se puso a la vista de todos inmediatamente, apoderarse de las enormes riquezas de la Lacandona –primeramente de las madereras– mediante la invención de un dueño –las 66 familias caribes– que pudiera ser controlado y domeñado con facilidad. Ciertamente el fraude fue atroz, en tanto que, previos a la resolución agraria echeverrista, existían 17 decretos dotando igual número de ejidos.

3. El levantamiento zapatista de 1994 vino a frenar algunos aspectos centrales del proyecto depredador de la Lacandona. Sin embargo, el gobierno mexicano no ha cejado en su estrategia y a la par que ha consolidado sus bases y cuarteles militares en dicho territorio, ha organizado el desalojo cruento y descarnado de numerosas poblaciones indígenas, zapatistas y no zapatistas, que se localizan en la estratégica reserva de “Montes Azules”, en la zona núcleo de la Selva Lacandona.

4. Detrás de lo dicho por la Kessel se mira, por un lado, la gigantesca empresa colonial destinada a poner en unas cuantas manos las riquezas de la Selva Chiapaneca, aun a costa de las más salvaje destrucción ambiental, y por otro lado, la agudización de la guerra en contra de los zapatistas en un contexto de por sí parecido al de la Palestina acosada, con soldados y cuarteles por todos lados, tácticas militares de baja intensidad, desalojos y ocupación de los territorios indígenas, todo ello en medio de la permanente y masiva violación de los derechos humanos.

Luego entonces, resulta impostergable reactivar e intensificar la solidaridad de todo el pueblo de México con la lucha de las comunidades zapatistas. La tarea es grande y para realizarla no hemos de contar con los “redentores” que hoy se paran a la orilla de la mesa en que la oligarquía neoliberal devora a la Nación entera. Esa es la verdad.

 
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