La académica asistió a la presentación de la nueva edición de La Feria, en Zapotlán El Grande
Destaca Sara Poot la capacidad de actuar de Arreola; nos hechizaba con la palabra, señala
“En esta casa maravillosa, falta algo. Y yo posiblemente pueda contribuir. Hace unos años, un amigo me regaló La Feria, se la compró a Juan José Arreola. Fue el primer manuscrito de La Feria, es una libreta y tiene su letra. Es el libro inicial y en unos días esta casa la recibirá”.
Lo anterior lo manifestó la académica y escritora Sara Poot Herrera durante la presentación de la nueva edición de la novela de Arreola, que se realizó en la casa que habitó en Zapotlán El Grande, hoy convertida en un espacio para el quehacer cultural del municipio.
Amiga incondicional que lo acompañó durante muchos, Poot Herrera expresó su enorme admiración hacia el maestro en un acto que los familiares calificaron de “repatriación”. “Para nosotros será importante armar el archivo para rescatarlo de la dispersión que lo caracterizó durante 60 años, en los que muchas veces las circunstancias de vida del escritor también propiciaron la dispersión”, expresó Orso Arreola.
Emocionada por visitar la casa, Poot Herrera exhortó a los estudiosos a abundar sobre Arreola, actor de teatro.
“Tenía una gran capacidad teatral maravillosa en su cotidianidad. Era un actor de la palabra y el movimiento. Era un gran conocedor, y todo se lo apropiaba y lo convertía en su propio arte. Se convierte en un actor porque nos hechizaba con la palabra, cuando hablaba, cuando declamaba y cuando actuaba.
“Yo no lo vi muchas veces, pero sí las suficientes. Lo vi actuar con Jorge Luis Borges. Un día me llama Arreola y me invita a desayunar. Voy a su casa y de ahí nos íbamos a desayunar a la casa de Alfonso Reyes, en la capilla Alfonsina. Pero estando en la casa de Arreola le comunican que ese año no le iban a dar un premio que le habían prometido, que era el Premio Nacional de Lengua y Literatura, porque había que dárselo a Fernando Benítez, que estaba muy enfermo, quien murió muchos años después”, contó la autora del libro Un giro en espiral.
Después de enterarse que no recibiría el galardón, el autor de El Guardagujas se negó a ver a Borges porque estaba deprimido. Sin embargo, el escritor argentino le llamó y le dijo que él iba a su casa. “Arreola quedó feliz y nos pidió que limpiáramos la casa. Luego se sentó de inmediato y me dice: ‘para qué, si está ciego’”.
Poot Herrera resaltó la enorme capacidad de actuación del escritor, que siempre la combinaba con su gracia. “Nunca decía nada que tú pudieras esperar. Venía con una respuesta inesperada. Arreola escribía con la boca y esa capacidad de actor y teatrero se traducía en una persona nacida en su propio escenario, el escenario de la vida”.
Dijo que a Yáñez y Arreola los unía el humor. “Yáñez lo provocaba. Un día, Arreola estaba entre la gente, disfrazado viendo un discurso de Yáñez. Cuando terminó le pidió que subiera al escenario y lo presentó como embajador, pero Arreola no habló porque no sabía el idioma del país al que supuestamente representaba. Actuó como embajador, y lo hizo como un maestro.
“Yo creo que habría que trabajar un poco más sobre su teatro, y de qué manera su palabra se dispersa en la de sus personajes y crea situaciones absurdas, de ciencia ficción, de ciencia, el arte. Creo que toda su obra la podríamos leer desde el teatro”.