Utilizaron Heliodoro Hernández y Francisco Silva las luchas obreras en su propio beneficio - La Jornada Jalisco
Usted está aquí: sábado 9 de agosto de 2008 Política Utilizaron Heliodoro Hernández y Francisco Silva las luchas obreras en su propio beneficio

Fueron dóciles al gobierno en turno a cambio de ventajas políticas y económicas: investigadores

Utilizaron Heliodoro Hernández y Francisco Silva las luchas obreras en su propio beneficio

Emilio pretende promover el traslado de sus restos a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres

JUAN CARLOS G. PARTIDA

Los líderes sindicales propuestos por el gobernador Emilio González Márquez para que sus restos ocupen un nicho en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres forman parte de la peor tradición de usufructo de las luchas obreras en la entidad. Heliodoro Hernández Loza y Francisco Silva Romero, ambos de cuna muy humilde, terminaron su vida como reyes de sus respectivos feudos, la CTM y la CROC, millonarios a costa de su enorme membresía obligatoria y de la mano de enormes canonjías obtenidas desde el poder político en virtud a una sumisión a las decisiones del partido gobernante.

“No todos (los que debieran) están en la Rotonda, no sé si algún día todos ellos vayan a estar, pero ya está ahí don Efraín (González Luna), y sin duda estará contento de recibir, pronto, a don Heliodoro y a don Francisco, para con su ejemplo seguir construyendo Jalisco”, dijo el gobernador el martes pasado, en el primer gesto de su llamado a la reconciliación y para complacer al actual líder cetemista de Jalisco, un sonriente Rafael Yerena Zambrano.

En su artículo Sindicalismo en Jalisco: nuevo proceso de fin de siglo, publicado hace nueve años en la revista Espiral, editada por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, los investigadores Ignacio Medina Núñez y Manuel Flores Robles hicieron un recuento hasta entonces de lo que difícilmente se podría llamar la lucha obrera organizada. El sector, que se conformó originalmente a principios de 1927 con la creación de la Confederación Obrera de Jalisco, rápidamente adquirió los tintes corporativistas que en sus dos mayores centrales continúa hasta ahora.

Eso ha permitido el tránsito de docilidad gremial al gobierno en turno a cambio de sustanciosas ventajas políticas y económicas para sus dirigentes, en particular a Hernández Loza y Silva Romero, que se enriquecieron tan ostentosamente como hoy sucede por ejemplo con Alfredo El Güero Barba, líder croquista en Tlaquepaque, o José García Ortiz, titular perpetuo de la CROM Jalisco.

Hernández Loza, en particular, se dedicó a hacer una amplia limpia en los sindicatos de trabajadores con ideología de izquierda, hasta lograr que quedara un grupo afín a los intereses del partido gobernante. El 30 de julio de 1936, señalan los especialistas, se fundó la Federación de Trabajadores de Jalisco en una asamblea a la que acudieron los dos grupos que disputaban el control gremial y los favores económicos de la clase gobernante.

Hernández Loza, sumado a Fidel Velázquez, que a nivel nacional llevaba el mismo proyecto, con la FTJ Leal, y Francisco Silva Romero en contra, con la FTJ Auténtica, que por no tener el reconocimiento de Velázquez fue desconocida, aunque luego se unió a otros sindicatos y formó la Confederación Unica de Trabajadores, en 1947, y cinco años después se convertiría en la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC), filial de la CROC.

Los intereses de los dos actores sindicales representaban también los de los políticos de la época, que en esos momentos de división apoyaban a uno o a otro, Hernández Loza por el gobernador González Gallo, y el croquista Silva Romero por el ex gobernador Marcelino García Barragán, personajes que operaban a través de las densas redes sindicales ya tejidas para entonces y que a sus dos líderes permitía darse, ahora sí y hasta su muerte, una vida de respetados políticos que iban de un puesto a otro, hasta empresarios que controlaban el servicio de transporte con numerosas concesiones.

A la llegada del gobernador Gil Preciado, el divisionismo terminó y, según Medina Núñez y Flores Robles, “la combatividad de los obreros jaliscienses era apenas un recuerdo de la carrera de los dos líderes sindicales, ahora grandes y respetados empresarios económicos y políticos”.

En efecto, Hernández Loza fue subjefe del Departamento de Tránsito desde sus albores sindicalistas, en 1928; en 1935 se desempeñó como presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje, en 1948 fue presidente municipal de Guadalajara y luego fue diputado local y federal, además de senador. Su enorme control sobre el transporte público hizo que se acuñara el calificativo de pulpo camionero, un control que le permitió amasar una fortuna y vivir hasta su muerte, en 1991, muy alejado de su pasado de niño campesino en Tepatitlán y La Barca.

Silva Romero también logró brincar de su infancia de privaciones a una vida de lujos y poder público hasta que murió, en 1981. Fue diputado federal en la XLVI Legislatura (1964-1967) y diputado local en las Legislaturas XXXIV (1939-1941), XXXVII (1945-1947), XLI (1956-1959), XLV (1968-1971) y XLVII (1974-1977); también fue regidor de Guadalajara (1941-1942).

De acuerdo con el compromiso del 5 de agosto pasado adquirido por González Márquez, el Ejecutivo estatal impulsará una iniciativa para promover en el Congreso del Estado la llegada de ambos personajes a la Rotonda. No es la primera vez que se lo piden los líderes de la CTM y la CROC, no es la primera vez que se compromete a hacerlo, pero ahora todo será bajo el marco conciliatorio propuesto por el gobernante, aún a costa de que el monumento jalisciense a sus hijos esclarecidos pueda ser severamente cuestionado en su calidad moral por sus posibles nuevos huéspedes.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.