Actor y director dieron vida a memorables cintas que sobreviven al paso del tiempo
Tin Tan y Gilberto Martínez Solares, dupla insuperable en el cine cómico nacional
Ni muy, muy... ni tan, tan, simplemente Tin Tan, reciente documental que evoca al histrión
“Tú sabes que las penas se olvidan en el cine...”
(Diálogo de El revoltoso, 1951)
Convertido en un suceso y una celebridad, Tin Tan (nombre artístico sugerido por Paco Miller y que el cómico utilizó con resistencia, pues no le gustaba), saltó de los escenarios a la pantalla cinematográfica en una “tersa transición”, gracias a la invitación que le hizo el productor, actor y director de origen cubano René Cardona, en el año de 1943 cuando participa en una cinta cómica junto a Ramón Armengod, Janice Logan y Enrique Herrera, en un breve papel, desempeñando un simpático número musical en la obra titulada Hotel de verano (antes, ya había tenido su primer experiencia cinematográfica con su participación en el cortometraje, totalmente independiente, por no decir “casero”, titulado El que la traga, la paga dirigido por Paco Miller, en el que figura con el apodo de La Chiva), en donde mascando su curioso spanglish y con su estrafalario porte, pantalón bombacho con el cinturón a la altura del pecho, el largo del saco debajo de las rodillas, el sombrero de ala ancha con una vistosa pluma, una leontina de metro y medio, pelo largo y abultado en un milagroso copete que desafiaba a la gravedad.
Con esta estampa difícilmente el personaje podía pasar inadvertido y el primero en notar su potencial para la comedia fue el realizador Humberto Gómez Landero (aventajado alumno de Juan Bustillo Oro), que inmediatamente entró en contacto con el actor, iniciando una relación laboral que los llevó a colaborar en cinco ejercicios cinematográficos (El hijo desobediente, 1945, Hay muertos que no hacen ruido y Con la música por dentro, 1946, El niño perdido y Músico, poeta y loco, 1947), en donde Tin Tan dio muestra de su enorme talento para los gags y los ingeniosos parlamentos, dando apenas unos chispazos de lo que vendría en el futuro, ya que la académica y rigurosa formación del realizador no le permitieron explayar su verdadero potencial.
Sería el afortunado encuentro que tuvo con el experimentado realizador Gilberto Martínez Solares, en el año de 1948, cuando se inició una de las relaciones más extraordinarias y fértiles de la industria cinematográfica nacional. En octubre de ese año comienza la filmación de la cinta Calabacitas tiernas (¡ay que bonitas piernas!), obra que coloca al cómico en otro nivel de creación. Al lado de Martínez Solares, Tin Tan se despoja del disfraz de pachuco e inicia una interesante búsqueda, sumando guiños, homenajes a obras literarias, cinematográficas y tópicos de actualidad, logrando una serie de inteligentes diálogos, consumando brillantes ironías en sus intervenciones en la pantalla.
El empuje que le da el que se convertiría en su director de cabecera, logra que el actor inicie un permanente “estado de gracia humorístico”, en donde se destacaron las características que lo encumbraron en el gusto popular, éstas fueron: su ingeniosa creatividad idiomática, un reconocible y característico repertorio de gestos y una ágil expresión corporal, una extraordinaria capacidad de improvisación, talento para el baile y el canto, una inigualable capacidad para crear atmósferas sensuales (son antológicas sus secuencias de besuqueos con las actrices más bellas del momento), sin caer en el acoso o la vulgaridad, el gusto por las situaciones ilógicas y la creación del caos, además del nulo aprecio por la solemnidad. Estas serían sus marcas de fábrica en la serie de inolvidables cintas que creó junto a Martínez Solares, de las cuales se destacan: Soy charro de levita, No me defiendas compadre, El rey del barrio, de 1949; La marca del zorrillo, Simbad el mareado, ¡Ay amor, cómo me has puesto!, de 1950; El revoltoso, El Ceniciento, Chucho, el remendado, de 1951, entre otras, de las más destacadas de una colaboración que perduró 23 años.
Obviamente, el actor colaboró con otros realizadores como: Ismael Rodríguez, Rogelio A. González, Rafael Baledón, Miguel Morayta, Juan Bustillo Oro, Fernando Cortés, Benito Alazraki, Jorge Fons y José Estrada, pero con ninguno alcanzó el nivel que logró en sus colaboraciones con Solares. El actor concretó un poco más de un centenar de películas, entre las cuales se encuentran un par de doblajes que realizó para la casa Disney, en las obras: El libro de la selva (The Jungle Book, Wolfgang Reitherman, 1967), interpretando el personaje del oso Balú (Baloo) y Los Aristogatos (The AristoCats, Wolfgang Reitherman, 1970), creando la voz del gozoso felino Thomas O’Malley, en ambas dobló la voz del actor Phil Harris.
“En la música hay bemoles, hay calderones, hay corcheas y semi o casi corcheas. Hay fusas, difusas, semifusas y confusas. Y ¿usted que opina de eso?...
(Diálogo de Músico, poeta y loco, 1947)
El talento musical de Tin Tan es innegable, con una voz atemperada y melosa, el actor tuvo la libertad de interpretar uno o varios números musicales en la mayoría de sus intervenciones cinematográficas, sensibles baladas o frenéticas canciones cargadas de chispeante humor e ingenio (inolvidable su versión de la canción Contigo, original del compositor Claudio Estrada, que le dedica a su musa Carmelita, interpretada por Silvia Pinal en la cinta de culto El rey del barrio, por ejemplo), logrando la aceptación del público y grabando varios discos (junto a su entrañable carnal Marcelo), a lo largo de su carrera artística. Una de las destacables facultades del actor fue su prodigiosa habilidad para unir géneros musicales y su indiscutible facilidad para el scat (improvisación vocal, que haciendo uso de la onomatopeya tiene una equivalencia como un solo instrumental), estilo que importó del jazz estadunidense y que aderezó con su particular modo para interpretar piezas de swing y boogie boogie, en varias de sus primeras películas y logrando rasgos que años más tarde explotaría el rock and roll nacional.
“Ya pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa...”
(Diálogo de El Ceniciento, 1951)
Es obligado mencionar que al inicio de su carrera el actor encontró la férrea oposición de grupos de intelectuales e integrantes del oficialismo gubernamental, para desarrollar a su festivo personaje del pachuco, como ya se mencionó, fue acusado de “degenerar” y “corromper” el idioma con pochismos. Incluso el ilustre Salvador Novo señaló en un artículo esta situación. También se dice que varios intelectuales, enviaron una carta al entonces secretario de Educación, Manuel Gual Vidal, en donde solicitaban que fueran prohibidas las películas del actor, argumentando que eran un “atentado a la moral y las buenas costumbres”. Obviamente y por fortuna, esto no ocurrió.
El tiempo le ha dado la razón al actor, convirtiéndose en una figura de gran interés para las nuevas generaciones, en la actualidad los jóvenes seguidores del actor pueden conocer gran parte de su filmografía, gracias a que varias compañías han rescatado, digitalizado, remasterizado y editado en formato de DVD una gran lista de sus títulos. Recientemente un joven admirador, se encargó de darle forma a un extraordinario documental que fue titulado como Ni muy, muy... ni tan, tan, simplemente Tin Tan (2005), dicho trabajo fue realizado por Manuel Márquez Briceño y en él se vierte toda la admiración y el cariño que varios sectores tienen por el desaparecido actor.
Además, en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, se le rindió un sentido y justo homenaje, cuando le fue otorgada la presea Mayahuel de Plata póstumo, que fue entregada de las manos de la “cómplice” del actor en varias películas, la bailarina y actriz Yolanda Montes Tongolele, a sus hijos Carlos y Rosalía Valdés. Lo que demuestra que la presencia del legendario personaje tiene y seguirá teniendo vigencia en la cultura popular de nuestro país.
“Adiós aves canoras, adiós lago de Chapultepec, adiós ahuehuetes repletos de heno, adiós... ¡Adiós muchachas!, aquí está su pachucote. Adiós todo mundo ¡Nooo!...”
(Diálogo de Calabacitas tiernas, 1948)
Finalmente, es obligado mencionar, que Germán Valdés Tin Tan falleció la mañana del 29 de junio de 1973, en la capital del país a consecuencia de cirrosis hepática a los 57 años. A 35 años de su ausencia física el mito del actor cada día adquiere más fuerza por obra y gracia de sus prodigiosas interpretaciones que al paso de los años, no han perdido el brillo, ni la espontaneidad (lo que no ha pasado con otros contemporáneos de Tin Tan) y en donde se pone de manifiesto, la “modernidad” que alcanzó un personaje que se limitó al simple uso de su sentido común y el gusto por la vida.
Lo anterior se resume en una declaración que hiciera el actor en el año de 1968, en una entrevista realizada por Antonio Salgado, reportero de la publicación Entrevistas Personales, en donde le pregunta al actor el secreto del éxito, a lo que este responde, lo que sirve de colofón a este tributo en su recuerdo y que dice: “En saber adaptarse al tiempo y las circunstancias, consiste el buen vivir y el buen morir.”