Persiste la intolerancia hacia homosexuales, lamentan durante Marcha por el Orgullo Gay - La Jornada Jalisco
Usted está aquí: domingo 22 de junio de 2008 Política Persiste la intolerancia hacia homosexuales, lamentan durante Marcha por el Orgullo Gay

Gritaron consignas contra el conservadurismo del gobierno y la doctrina dogmática de la Iglesia

Persiste la intolerancia hacia homosexuales, lamentan durante Marcha por el Orgullo Gay

Disfraces y peinados extravagantes desfilaron ayer por las principales calles de la ciudad
Disfraces y peinados extravagantes desfilaron ayer por las principales calles de la ciudad Foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO
La comunidad Lésbico-Gay, Bisexual, Transgénero e Intersexual se destapó ayer en Guadalajara
La comunidad Lésbico-Gay, Bisexual, Transgénero e Intersexual se destapó ayer en Guadalajara Foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO

“¡Gracias a Dios, soy gay!”, exclamó ayer abiertamente Jaime Medina, un hombre de 50 años al que le gustan los hombres, un poco más chicos, como su novio, quien tiene unos 20 años menos que él.

Jaime expresó ayer su homosexualidad en el marco de la marcha gay que cada año se celebra en Guadalajara. Y de esto, ya hace unos 12 años, que son los que cumple la marcha en 2008.

Para Jaime es un orgullo ser gay. Es serlo las 24 horas del día, no sólo un día del año. Y ser gay cada minuto del día es seguir enfrentándose a la intolerancia de la sociedad, según Jaime.

“La intolerancia persiste, ya no como antes, pero sigue. Por ejemplo, mi familia me acepta, pero a tus espaldas dicen: ¡pinche puto!”, narró.

Hace unos 19 años, cuando decidió “salir del clóset”, era más problema el ser gay: en el trabajo, en la familia, en la escuela, donde sea, comenta Jaime, quien desde hace 10 años tiene un negocio propio: una estética.

Pero ayer fue la marcha de ellos, de ellas, de las personas que integran la comunidad Lésbico-Gay, Bisexual, Transgénero e Intersexual (LGBTI). Y ayer se unió un grupo de “emosexuales”, una nueva forma de amor compuesta por la personalidad emo y la diversidad sexual. Pequeños adolescentes mostraron su característica parafernalia emo en sus cortes de cabello y en sus caricias. Caricias que se desplazaron por las calles de Chapultepec e Hidalgo hacia el centro de la ciudad. Pequeños roces de piel que se transformaron en besos, en abrazos, entre hombres, mujeres y hasta “emosexuales”.

La sexualidad en la comunidad homosexual no dista mucho de la heterosexual, asegura Medina. “Los heterosexuales piensan que somos promiscuos, por más que les demuestres que tienes 10 años con una pareja, que hay fidelidad, eso no les importa, para ellos eres promiscuo”, dice.

Y agrega: “Mira, todos somos una bola de putos de repente; mi pareja y yo sabemos que carne es carne, y si la que tienes en casa la ves a diario, te enfadas. Yo le digo a él que si ve a alguien que le gusta, échatelo, pero tanto él como yo sabemos que después nos vamos a sentir mal”.

Jaime marchó con su pancarta orgullosamente gay por las calles de Guadalajara. Lo hizo en algún momento acompañado de su pareja, otras en solitario. Como fuera, ante él y ante su Dios, él es gay. Como lo fueron cientos que ayer desfilaron con banderas con los colores del arcoiris, con extravagantes peinados, con sofisticadas vestimentas parecidas a las de una película de ciencia ficción, con ornamentos al puro estilo de Marilyn Manson, con botas de cuero, con pantalones de piel, con implantes de seno, con infinidad de creatividad y colorido que llamaba la atención a quienes los observaban.

Lo que veían eran cuerpos atléticos, de hombres que bailaban con pequeños calzoncillos de colores. Bíceps, tríceps, hombros, abdómenes de hombres que parecían perfectos. Muslos, caderas, senos, rostros femeninos de hombres que parecían mujeres perfectas. Barbas, cuerpos no atléticos, vestimenta normal, de hombres normales, a los que les agradan los hombres. Cuerpos no tan delineados, peinados comunes, camisetas y jeans de mujeres normales a las que les agradan las mujeres.

Todos ellos, en carros alegóricos. Algunos, invitando al próximo certamen de Nuestra Belleza Gay 2008 en el bar Caudillos. La terna de travestis se dejó tomar fotos con rumbo a la eliminatoria del certamen de belleza.

Otros bailaban al compás de la música electrónica con pintura plateada en todo el cuerpo, con peinados de colores y disfraces de plástico.

“Misericordia quiero y no sacrificios. No juzgues y no serás juzgado”, rezaba una manta en alusión al evangelio del apóstol Mateo.

Otras mostraban palabras del subcomandante Marcos: “¡Que se avergüencen quienes persiguen al diferente!”.

“¡Ni enfermos ni criminales! ¡Simplemente homosexuales!”, gritaban los manifestantes mientras recorrían las calles ante el sol de las cuatro de la tarde.

Y ante los rayos del sol, el colorido, las caricias, los besos, intimidaban a las patrullas de la policía municipal de Guadalajara. Aquellos funcionarios con traje, pistola, lentes oscuros y cara de pocos amigos, se doblegaban ante los besos de ellas con ellas, de ellos con ellos. Quizá por su mente pasaban pensamientos de ¿qué debemos hacer? ¿Debemos aplicar el reglamento de Policía y Buen Gobierno? O quién sabe qué demonios pensaban.

“¡Pucha con pucha, lesbianas a la lucha!”, manifestaba el sector lésbico de esta marcha.

La manifestación llegó al primer cuadro de la ciudad, entre consignas contra el conservadurismo del gobierno emanado del PAN y ante la dogmática doctrina de la Iglesia católica, que encabeza en Jalisco el cardenal Juan Sandoval Iñiguez.

Y Jaime, de él se sabía que seguía en el movimiento por el cartel que orgullosamente portaba y que de repente se asomaba entre los demás.

“¡En casa se preguntan, mis hijos dónde están, se fueron a la marcha, del orgullo homosexual!”, se escuchaba la consigna entre los asistentes, una voz que quizá sacará de dudas a muchos padres de familia.

 
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