Traducen al español la novela Tsugumi, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto - La Jornada Jalisco
Usted está aquí: jueves 12 de junio de 2008 Cultura Traducen al español la novela Tsugumi, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto

Traducen al español la novela Tsugumi, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto

RICARDO SOLIS

Tsugumi (Tusquets Editores, 2008), de la escritora japonesa Banana Yoshimoto (Tokio, 1964), llega a los lectores de lengua española sin ser, en estricto sentido, una novedad (se trata de una novela publicada originalmente en 1989, que hasta hoy se traduce al español), pero tal cosa no es motivo suficiente para que cualquiera de sus seguidores pudiera considerarla a diferente ‘altura’ respecto de otros de sus célebres trabajos (como Amrita o la reconocida Kitchen –ambas publicadas también por Tusquets–).

La novela, a decir verdad, tiene como virtud inicial no responder a ciertos paradigmas actuales de la narrativa que, por lo general, intentan seducir sea al mercado o a la crítica especializada. La historia, lineal y peligrosamente cercana a lo que suele denominarse ‘cursi’, refiere la relación de quien narra la historia (María) con quien se impone como personaje central (Tsugumi), en quien confluyen o a partir de quien se derivan las acciones fundamentales del relato.

De hecho, si algo hace atractiva la novela es el tipo de carácter que define a Tsugumi, la joven enfermiza, condenada desde pequeña a vivir en riesgo constante de morir, ocupando un organismo frágil y susceptible, pero cuyo motor emotivo lo constituyen el odio, la ira, la impertinencia y estar siempre al filo de cometer acciones que, quienes la rodean, en su momento no se esperan.

La clave, para lo que resulta la novela vertida al español, es una tensión inmejorable que ni siquiera en los momentos álgidos, que la conducta de Tsugumi desencadena, se ve afectada; la narradora parece siempre estar a un paso de la serenidad cuando de juzgar las acciones de la protagonista (prima suya) se trata.

Justo cuando se cree llegar a un punto donde Tsugumi ha develado sus secretos, surge uno nuevo o se ensanchan los anteriores, hay en esta prosa una lección de contención que no atiende prisas ni detalles escabrosos, no se necesitan, parece saberse bien que el interior del corazón humano es suficientemente perturbador como para ceder un primer plano a lo que ocurre en el exterior.

Y, tal como acontece a la narradora, el lector puede resultar ‘encantado’ con las cualidades de Tsugumi, como si fueran la expresión de alguna lógica más allá del entendimiento pero cercana a la comprensión emotiva, a la filiación con alguien a quien creemos conocer (Yoshimoto reserva, de cuando en cuando, giros prudentes en los que la perspectiva de quien narra se trastoca, yerra, reconsidera y prosigue, modificando solamente la perspectiva sin alterar los eventos de la historia; cosa que sorprende si se toma en cuenta la juventud de la autora en el momento de escribirla).

Finalmente, Tsugumi puede no cautivar a todo tipo de lector y, qué duda cabe, exige cierta paciencia y una mirada menos prejuiciosa de lo habitual (en términos literarios), pero eso no deja de acercarla al lector común, hecho que resulta una ventaja desde el punto de vista editorial. Y, como detalle último, si al concluir la lectura se topa con el postfacio de la autora, por favor, omítalo o réstele importancia (hace más daño que bien a una novela que fácilmente puede prescindir de él).

 
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